Parto de Aritz, parte I: ¿Qué me está pasando?

Me despierta un fortísimo dolor, se ha pasado el efecto del último analgésico… Son las 6 de la mañana, y solo hace unos minutos desde que conseguí dormirme. Lloro de agotamiento e impotencia, pienso en Aritz que debe de estar también cansado, y me siento culpable. Doy vueltas en la cama para intentar coger una postura más cómoda, pero me cuesta moverme con éstos dolores, y la barriga me pesa. Cuando me giro, mi hijo se recoloca, y al moverse, siento presión hacia abajo y duele…

Sigo dando vueltas, no estoy nada cómoda en la cama. Me levanto y se me revuelve el estómago, necesito ir corriendo al baño. Allí paso un buen rato, los dolores no me dejan moverme. Sangre, mucha sangre, otra compresa… no sé qué pasa pero no me gusta. Tengo muchas ganas, pero me da miedo apretar… me pregunto otra vez si éstos dolores y la presión que siento son contracciones de parto o otra “falsa alarma”. No puede ser, espero que no.

Me levanto entre dolor y dolor y salgo del baño, poco a poco. Camino arriba y abajo, estoy agotada, pero en la cama ya no sé cómo ponerme. En seguida llega otro dolor que no me deja estar de pie, creo que no han pasado ni cinco minutos desde el último. Vuelvo a la cama. Miro el reloj y calculo… mierda, todavía no puedo tomar otro paracetamol. En seguida se me pasará, éstos últimos días cuando salía el sol los dolores se espaciaban y podía dormir un ratito. Viene otro, parece más fuerte, no sé cuánto más aguantaré. Cierro los ojos y pido que no vengan más, necesitamos descansar…

Otro más, cada vez es peor… respiro, respiro… me digo: aguanta un poco más que a las 7 puedes tomar otra pastilla. Siento que viene otro… espero que pase, y busco la maldita pastilla. No puedo incorporarme, es como si tuviese un cuchillo clavado en el coxis. Trago la pastilla como puedo, y con ella mi última esperanza de calmar éste sufrimiento. Empiezo a contar los minutos que faltan hasta que haga efecto.

Le pido a mi hijo que se quede conmigo, le digo que vamos a relajarnos e intentar dormir un poquito, que lo siento mucho por hacerle sufrir… Entre punzadas, me acaricio la barriga y lloro, no sé qué debo hacer ni como acabará esto. Me da miedo, sé que si los dolores no ceden tendremos que volver al hospital. No quiero, ya sé lo que me encontraré, no soportaré otro tacto, ni su condescendencia e incredulidad. Estoy harta de decir que me duele, que sangro, y que me hagan sentir como una niñata llorona.

Ha pasado una hora y la pastilla no ha hecho nada de efecto… Hoy parece que no para, estoy aterrorizada. Son cada vez más fuertes, y empiezo a sollozar, siento a mi bebé empujar, no puede ser, parece que quiere salir… Despierto a mi pareja con mis lamentos, y en seguida veo la preocupación en sus ojos. Me mira con una compasión inmensa y me pregunta qué necesito. Le respondo que no lo sé, pero que se quede a mi lado. Me abraza y se queda conmigo, viendo como me retuerzo de dolor. Adivino por su expresión que ésto va en serio, no es un día más. Tengo mucha angustia acumulada, lloro y él me abraza y espera paciente a que la saque. Me pregunta si Aritz se mueve, le contesto que si, pero parece que menos que normalmente. Las otras veces también pasaba, me dice, es por que siente que estás mal, pero él seguro que está bien. Tiene que estar agotado pobrecillo…

Me dice que tenemos que ir al hospital, y sé que tiene razón, pero le digo que no, que hoy no quiero parir, que el bebé es demasiado pequeño… Pero me doy cuenta de que ésto puede ocurrir, tanto dolor no es normal, así que seguramente estoy ya en trabajo de parto… Me rompo y lloro como una niña que no puede asumir lo que está pasando. Pienso que prefiero parir en casa, pero me da miedo que mi hijo necesite atención médica… no sé lo que quiero, no quiero decidir. No soy capaz de moverme, le pido que llame a una ambulancia. Pero, ¿llegarán a tiempo? No puedo pensar con claridad… Se que él está nervioso sin hacer nada, pero espera a que yo esté preparada. Aguanta mis delirios pacientemente, si por él fuese, seguro que ya hubiésemos salido de casa.

Continúo sangrando muchísimo, he manchado la toalla y está empapando las sábanas, las compresas no dan ni para media hora… pero ya no soy capaz de irme a cambiar. Estoy mareada, me siento débil… ya llevo muchos días sin descansar, y ésta noche he perdido mucha sangre. Necesito energía, le pido que me traiga un yogur ya que no me atrevo con nada sólido. Entre contracción y contracción, él me va dando cucharaditas…

No me siento capaz de nada, pero he entendido que tengo que poder, me intentaré mover entre dolores. Pienso que una ducha caliente me aliviará, éstos días atrás me había funcionado. Además es mi último recurso para saber si ésto se para o continúa, si con la ducha va a peor es que va en serio. Le pido que no me deje sola, tengo miedo de marearme, pero no hace falta que se lo diga, él me vigila. Me prepara ropa limpia, toalla, y enciende el calefactor. Me ayuda a moverme, me desnuda, abre el grifo y se queda muy cerca por si necesito apoyarme en él. El agua caliente me sienta bien, pero los dolores no paran… tengo que cogerme bien para no caerme, y no tengo apenas fuerza para enjabonarme. Él me ayuda a hacerlo, como me cuida, le quiero…

Siento que alguna cosa sale, es pegajoso y denso, no es sangre, es transparente. Instintivamente, cojo un poco y lo huelo, nunca había sentido ése olor, huele a limpio. Me preocupo, creo que puede ser el tapón. De repente me mareo, pienso que me voy a caer y mi cuerpo no reacciona. Él entra en la ducha rápidamente para cogerme y me ayuda a sentarme. Me siento mal por él, veo en su cara que le he asustado. Quiero darle las gracias por haber actuado tan rápido, pero no puedo ni hablar. Ha salido un coágulo enorme, siento como si algo cayese de dentro de mi y mucho dolor en la barriga. Creo que me desmayaré, tengo miedo. Pienso en mi hijo, ¿cómo estará él si yo estoy tan mal?… Aguanta Aritz. Me siento tan culpable de hacerles sufrir a los dos… Estoy mareada, tengo mucho calor y sed…  Me pone un poco de colonia a ver si me sube la tensión. No puedo expresarme, me he quedado con el cuerpo muerto y la cabeza a mil por hora. Quiero salir de ése limbo, que me respondan las piernas y correr al hospital. Me horroriza que a mi hijo le pueda pasar algo. Cuando puedo, le pido que me traiga un poco de zumo, a ver si el azúcar me reactiva. Vuelve con él de prisa, bebo un poquito y en seguida siento que vuelvo en mí misma. Me levanto temblorosa, me aclaro y salgo. Él me viste siguiendo mis órdenes: compresa, braguitas, calcetines, levantame la pierna que no puedo… Me siento inútil, pero muy afortunada de tenerle a mi lado, le quiero tanto…

Lo hemos conseguido, estoy vestida. Cogemos los papeles, zumo, frutos secos y unos plátanos. Antes de salir, pienso que a lo mejor no vuelvo a casa ésta noche, me despido de mis gatos y les digo que no se preocupen si no vuelvo. Bajamos al parking, voy dando pasitos pequeños, con las piernas muy abiertas, no puedo cerrarlas. Me duele mucho la cadera, y la pelvis, nunca me había costado tanto caminar. Sentarme en el coche es muy doloroso, no va a ser un viaje cómodo. Se me hace eterno el trayecto, y muy cortos los momentos entre contracciones. Intento concentrarme en la música para distraerme, pero no sirve de mucho. Cuando viene un dolor, tenso los muslos y levanto el culo, me aguanto sin tocar el asiento porque es insoportable estar sentada. Respiro, me concentro en ello como nos enseñaron en las clases, pero no me sale bien. Le veo nervioso, y le pido que no corra. Me pregunta si prefiero ir por el camino más largo o por el corto que tiene baches, sin duda quiero el largo…

 

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Abrazos mamíferos ❤

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Un comentario en “Parto de Aritz, parte I: ¿Qué me está pasando?

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