Nuestros hijos no nos pertenecen

A escasas dos semanas de cumplir las 37, momento en el que Biel será, oficialmente, un bebé a término, me siento como en un sueño. Incapaz de creerme que esto es real, que quizá nos sonría la vida y nos conceda el deseo que tanto hemos perseguido estos últimos años…
Imagino el momento de su nacimiento, la emoción, la oxitocina a raudales invadiéndome, el calor y la humedad de su delicado cuerpo sobre el mío… Su primer llanto, su olor, sus ojos clavados en los míos, su boca buscando alimento, sus manitas agarrándome un dedo… La mirada de Mamífero a su cachorro, que ternura… cuanto amor sentiré al verle acunar a nuestro bebé. La primera noche juntos, los tres, ya inseparables, amándonos como nunca. Convertirnos en familia a los ojos de los demás, porque Aritz ya nos hizo serlo. Llegar a casa, esta vez con un bebé en brazos al que presentar a nuestros gatos. Hacernos a la idea de que ese ser será para siempre nuestra prioridad y que nuestra vida va a orbitar alrededor de la suya.

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Cuando pienso en esta aventura que está por empezar, sé que el tiempo correrá muy rápido, y deseo disfrutar cada momento. Quiero pasar etapas con él y con Mamífero de la mano, no anclarnos en que siempre será nuestro bebé, nuestro niño. Saborear cada momento sabiendo que no volverá, pero que siempre vendrán cosas nuevas, emocionantes que vivir. Podemos aportarle mucho como padres, pero, seguro que no es comparable a lo que él como hijo nos enseñará.
Seremos por unos años su referente, su mundo, su modelo a seguir y su guía. Responsables de atender a todas sus demandas y cuidados, dejaremos a un lado muchas cosas para centrarnos en esa vida que hemos creado. Darlo todo por él, y recibir la mejor de las recompensas: acompañar su vida.

Ver como poco a poco va aprendiendo y necesitando menos, ganando independencia y seguridad. Aprender a estar en la sombra, pendientes de su reclamo si nos necesita, sin intervenciones innecesarias que entorpezcan o desvirtúen sus propios logros. Sufrir con él y reír con él. Verle alejarse, equivocarse, llorar, caer, y confiar en su capacidad para gestionar sus errores y aprender de ellos. Darle la consideración y la autonomía que requiera, de niño a adolescente, y luego a adulto. Respetar sus decisiones y tener siempre presente que lo que a él le haga feliz, será nuestra felicidad. Le dimos la vida, suya es.
Espero dar lo mejor de mi en todas las etapas, y saber estar a la altura de las circunstancias. Y no culparme si me superan o verter esa impotencia en él. Lo que más deseo es que sea una persona feliz, sana emocionalmente y saludable en lo físico. Para eso, me esforzaré en no ahogarle, no exigir y no condicionar su vida. Respetar su autonomía, su libertad, y apoyar incondicionalmente sus decisiones aunque no comparta su opinión. Animarle a desarrollar sus capacidades, a creer en si mismo, a seguir sus instintos y luchar por sus deseos. Estar presente siempre que me necesite, y no esperar nada a cambio. Ser conscientes de que es el ser al que más amaremos su padre y yo, pero que no nos pertenece. Saber que él a su vez, deberá volcar ese amor en otra persona cuando le llegue el momento de enamorarse, o de invertir su energía en cualquier proyecto de vida y recomenzar este mismo ciclo.
Que viaje tan intenso este de ser padres, que duro y que bonito a la vez dar tanto amor, regalarlo a una personita para que haga con él lo que desee. Estoy deseando vivirlo con sus luces y sus sombras, de principio a final.

Os dejo con una gran frase de Khalil Gibran:

“Tus hijos no son tus hijos. Son los hijos e hijas de la vida deseosa en sí misma”.

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Abrazos mamíferos ❤

 

 

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Mi visión de la crianza

Hoy quiero hablar de crianza, para eso, me baso a nivel teórico en nuestras necesidades biológicas como especie, en los procesos madurativos, pero sobre todo, en mi instinto. Esa vocecilla que desde antes si quiera de plantearnos ser padres, me decía que cuando llegase el momento, cuidaría a mis crías en base a ciertos principios. Y que a partir de esa intuición, he ido encontrando evidencias, respuestas, y métodos que se ajustaban a mi manera de sentir. He ido hilando poco a poco, informándome, y sin duda, todo me lleva al mismo lugar: apego, respeto, atención a la demanda… 

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Mujer Sioux porteando a su bebé

Somos una especie altricial, esto significa que nuestras crías nacen vulnerables, inmaduras, sin aquellas características que en la edad adulta nos permiten sobrevivir por cuenta propia. Esto nos condiciona desde la bipedestación, ya que a raíz de ese cambio, la gestación humana se acortó debido al estrechamiento pélvico. Para que el cráneo del bebé pueda atravesar el canal del parto, nacemos prematuros, dando como resultado, una cría totalmente dependiente.

Esto se traduce en que los humanos necesitamos durante muchos años el cuidado, la vigilancia, el contacto y la protección de nuestros cuidadores. No es por capricho que los bebés lloren para comunicar sus necesidades, que nos necesiten cerca, y que durante años, busquen nuestra cercanía para sentirse seguros. Esta necesidad no sólo asegura la supervivencia básica, sino que es clave para el desarrollo en todos los aspectos.

 

Por el contrario, las especies precociales son aquellas que nacen pudiendo desplazarse, ver, oír y demás funciones básicas prácticamente desde el nacimiento. Por lo que su crianza es muy distinta, ya que son más autónomos y requieren de menos cuidados. Un ejemplo de especies precociales son los caballos que se ponen en pie rápidamente, aunque siguen cerca de su madre un tiempo, u otras todavía más precoces como algunos peces, que no necesitan ningún tipo de cuidado para su supervivencia y desarrollo.

Este hecho se debe al grado de maduración del cerebro en el momento de nacer, lo que condiciona el grado de dependencia de las crías. Precisamente, nuestra especie, entre todos los primates, es la que nace con el encéfalo menos desarrollado. Para que os hagáis a una idea, para que un bebé humano naciese con el grado de desarrollo equivalente al de un chimpancé recién nacido, deberíamos tener gestaciones de entre 18 y 21 meses.

Por eso, el período desde el nacimiento hasta que el bebé adquiere la capacidad de desplazarse autónomamente, se llama exerogestación o gestación extrauterina. Es un intervalo de tiempo en el que cubrir las necesidades del  bebé es primordial para su desarrollo físico, neurológico, afectivo, digestivo, sensorial… Esta etapa madurativa es tan importante como la gestación intrauterina, es de hecho, la continuación de esta en el exterior.

Durante este tiempo, el bebé necesita un acompañamiento y presencia constante, alimentación a demanda, calor corporal, contacto físico y afectivo, sentir el latido del corazón o la respiración de su cuidador/a, movimiento de balanceo para su calma y consuelo (similar al que se da intrauterina), que se respeten sus patrones de sueño y actividad, etc.

Gorila con su bebé (encontraréis otras tiernas imágenes aquí )article-2534679-1A725E8600000578-741_634x466

 

Aunque nacen más maduras, las crías de chimpancé (el animal más estrechamente emparentado con el humano), permanecen al lado de su madre durante años, con un vínculo afectivo estrecho. Crecen con una supervisión y aprendizaje garantizados por ella principalmente, y con el apoyo del resto de hembras del grupo. Acunan a sus bebés cuando duermen como hacemos los humanos, y se arman de paciencia, ya que en ningún momento se separan de sus crías.

Las mamás chimpancé ofrecen lactancia a demanda hasta los 5 o 6 años de edad a sus crías, mientras que inician a sus retoños en el aprendizaje de la alimentación complementaria. También los cargan encima hasta el destete definitivo, que puede continuar algo más allá de los 6 años. Desde ese momento y hasta los 13 años, edad en que se consideran maduros físicamente, sus madres siguen educándoles en la supervivencia, roles sociales, uso de herramientas, comportamiento en comunidad, cultura… Todo un ejemplo de crianza e implicación para que sus crías lleguen a ser adult@s con plenas capacidades.

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Chimpancés abrazándose

La vulnerabilidad de nuestras crías ha determinado el desarrollo biológico de nuestra especie en aspectos muy determinantes. Eso afianzó nuestro carácter gregario, y nos condujo al emparejamiento estable. Las necesidades de los bebés, fueron un factor de cohesión social que llevó a el cuidado aloparental (a cargo de otros miembros del grupo). La implicación de todos sus miembros por el cuidado y protección no sólo de las crías, sino también de los miembros “no productivos”, es decir las gestantes y las cuidadoras.

Esta nueva manera de organizarnos, se debe al desarrollo de la empatia, algo indispensable para nuestra supervivencia como seres altriciales, que determina que seamos capaces de reaccionar ante el sufrimiento y las necesidades ajenas. Todos estos cambios incidieron directamente en la longevidad de las abuelas, ya que ejerciendo el comadreo, eran figuras importantísimas en nuestra estructura social a las que se les brindaba protección.

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Monas de las nieves acicalando a una cría

Eso me hace reflexionar, hasta qué punto las crías de nuestra especie, las más inmaduras y vulnerables, deben “madurar” (o más bien, separarse de sus criadores) excesivamente pronto… La mayoría de padres se ven forzados a dejar a cargo de otros cuidadores a sus bebés de pocos meses, cuando todavía, su cerebro no está preparado para esa separación. Por no hablar del destete temprano en nuestra especie, del deseo o necesidad de los progenitores de que duerman solos y sean autónomos cuanto antes, del desapego físico que impone nuestra sociedad, o de que delegamos muchísimos años de crianza a las guarderías y escuelas.

Muchos pensaréis que para eso somos una especie avanzada, civilizada, y preparada para confiar esos cuidados a organismos institucionalizados, y que eso no tiene ninguna importancia a nivel del desarrollo. Pero a mi manera de ver, es un error gravísimo pensar que se puede sustituir el calor de un cuerpo, o que la figura y presencia constante de un cuidador con un vínculo emocional, no es un factor imprescindible.

Obviamente los bebés siguen creciendo, desarrollándose y aprendiendo, en cuestiones básicas de supervivencia y a nivel cognitivo. Pero creo que si la naturaleza nos ha dotado de medios para criar de determinada manera, y ha hecho que nos adaptemos a nivel biológico para que nuestra implicación emocional nos lleve a protegerlos durante años, es que debe ser el método más adecuado. Es un modelo de crianza ajeno a las modas, común a muchas especies similares a la nuestra, y que da buenos resultados, sin embargo, nosotros nos empeñamos en ir en direcciones opuestas.

Desde pequeña me han gustado los documentales de animales, con ellos, he aprendido y reflexionado mucho acerca de nuestro comportamiento como mamíferos. Desde que se me encendió el reloj biológico, me fijo todavía más en aspectos como la reproducción, la maternidad, la crianza, y las bases biológicas que hacen de la nuestra, como a otras especies altriciales y a su vez sociales, una sociedad estructurada en base a fuertes lazos de cooperación.

Hoy, viendo un documental sobre los monos de las nieves, no dejaba de ver señales, esas cosas de las que te das cuenta cuando te planteas el tipo de crianza que quieres dar a tu bebé, y que te hacen enfocarte en detalles sumamente claves. Por todas partes veía apego seguro, sororidad entre las hembras, instinto maternal, vínculos afectivos, protección,  aprendizaje libre y mediante el juego, calidez, porteo, lactancia a demanda, colecho… Y mucha dedicación y cariño hacia las crías… Las mamás, tías, hermanas, abuelas y comadres en general, dedican su vida a ello, una gran labor. La crianza a tiempo completo es algo que está subestimado en nuestra sociedad, sin ánimo de ofender a quienes no la pueden practicar, claro.

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Hermana mayor porteando a su hermanito

Nosotros hemos decidido traer a un ser a este mundo, y deseamos que su maduración, aprendizaje y sus necesidades a todos niveles sean cubiertos por sus padres. Sin que se vea sometido a cumplir expectativas madurativas si no está preparado, o que no respeten su condición de bebé-niño en proceso de crecimiento. La crianza con apego, el respeto a sus ritmos, atender a sus demandas, la dedicación y el tiempo que merece cuidar de un hij@ en todos los aspectos… Son principios básicos que tanto para mi como para Mamífero son básicos e indiscutibles en la crianza.

 

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Abrazos mamíferos ❤