Eventos de Octubre, mes internacional de la conmemoración y toma de conciencia de las pérdidas gestacionales, perinatales e infantiles

Octubre es el mes de la concienciación por la muerte gestacional, perinatal e infantil, un mes especial en el que podemos aprovechar para visibilizar nuestro dolor, y de paso honrar a nuestr@s hij@s. Por eso, como algun@s habréis visto, he cambiado mi fotografía de perfil en facebook y twitter, por una de cuando estaba embarazada de Aritz. Usando la app. que encontraréis en twibbon.com, la he coloreado de azul y rosa, con el hastag: #goPINKandBLUE. Una bonita campaña en la que podéis participar si os apetece. Así es como han quedado mis fotografías:

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Uma manita, cada año concentra a las familias en Madrid, y hacen diversos actos en conmemoración a nuestros hijos.  Este año, el Día del recuerdo 2015 (en este enlace encontraréis toda la información) es el 3 de Octubre en el parque Juan Carlos I a las 17:00h. Este año, están tramitando poder plantar un árbol, y además como en años anteriores, habrá camisetas y bolsas (puedes registrarte en el link para tener tu pack de bienvenida), corazones y estrellas para dejar como recuerdo, chapas…  y las familias podrán llevar o hacer su banderín personalizado en memoria de su/s hij@/s, entre otras actividades.
En Catalunya, la organización Petits amb llum (aquí encontraréis la información), realizarán la Diada el sábado 17 de Octubre, de 10 a 14h. Habrá juegos inflables para los pequeños, venta de manualidades, bar y la mesa de Información de la Asociación. A las 13:30h. leerán el Manifiesto y se hará la suelta de globos. Disfrutad de la jornada, a la que tampoco podré asistir!
También tienen programados los distintos GAM (grupos de ayuda mutua) de este mes. Los grupos se reúnen en Barcelona:
* 3 de Octubre a las 11AM: GAM nuevos embarazos en el Centro Cívico Can Deu.
* 14 de Octubre a las 7PM: GAM Duelo en el Centro Cívico Guinardó.
* 31 de Octubre a las 11AM: GAM Duelo en el Centro Cívico Can Deu.
Cada mes los van haciendo, y para  participar en ellos debéis enviar un email a la organizadora de cada grupo, podéis consultar los detalles en su facebook.
Se realizarán también encuentros en otras localidades como Lleida, Teruel, o Zaragoza. Para consultar información al respecto, podéis visitar la página de Materinidad Arcoíris. Si no podéis asistir, en esta página hay un email de contacto, por si queréis enviar un mensaje para vuestr@ hij@ o bien hacer una pequeña cartulina para que la suelten en un globo.
Otra iniciativa que me ha parecido preciosa y por eso os lo quiero contar, es el evento de Ola mundial de luz 2015, anunciado en facebook por la revista online Mirar al cielo (sitio muy interesante dónde se habla sobre la infertilidad, pérdidas en el embarazo y muerte perinatal). El 15 de octubre es el día mundial de la concienciación sobre la muerte gestacional y perinatal. Su propuesta es sencilla y muy simbólica, se trata de encender una vela en memoria de nuestros bebés, todos a la vez, desde distintos países, a las 7 de la tarde, y que compartamos ese momento (#octubremesdehablar #rompeelsilencio #habloporqueimporta#oladeluzmundial).
¿Qué os parece, os apetece? Yo que soy muy de poner velitas ya me he unido al evento 🙂
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No se si me he dejado algún evento, si alguien sabe de alguno más, sean en España o fuera ( ya que me leéis desde muchos países ), os agradeceré que me lo hagáis saber y lo añadiré a la entrada. El objetivo de éste post es que estas actividades lleguen al máximo de familias posible, así que me ha parecido buena idea recopilar la información. He ido un poco justa de tiempo, ya que algunos son dentro de pocos días, así que no he podido avisar de que voy a mencionar vuestras páginas o grupos. Espero que os parezca bien la idea, y por supuesto si he cometido algún error o no os parece bien que os incluya, podéis hacérmelo saber y modificaré lo que haga falta.
Os deseo un feliz Octubre enviando mucho amor a nuestros pequeños. ❤
L@s que podáis asistir a algún encuentro (yo no puedo), espero que lo disfrutéis, encontréis apoyo, y soltéis mucho. Y si os apetece, compartid por aquí como ha ido la jornada 😉

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Abrazos mamíferos ❤

Lo que nunca se debe de decir, pero se dice.

Una de las cosas que nos suele suceder en un período de duelo, es que recibimos consejos, comentarios, y frases hechas con ánimo de ayudarnos. El principal problema, y en el que coincidimos la mayoría, es que nos suelen doler más ciertas palabras que el silencio. Para mí, una regla básica en cuánto a qué decir y que no a alguien que está pasando por un mal momento es: no digas algo que en otra situación no dirías.

Se suele decir cuando pierdes a un bebé, o eres infértil: “Sois muy jóvenes, tenéis tiempo.” ¿Diríamos éso a alguien que acaba de perder a su pareja? Realmente, ¿es un consuelo ser “muy joven”? ¿Es acertado, en el caso de haber perdido una pareja, decirle al viud@, que todavía es joven para buscar otro compañer@?… Nos sonaría fuera de lugar, una falta de respeto. La respuesta es no, no y no. Cuando una pareja se decide a tener un bebé, no consideran que son muy jóvenes, sino que es el momento idóneo. Así que, añadido al duelo de no poder concebir o de que tengan que enfrentar a la muerte de su bebé, se añade el duelo de tener que esperar más tiempo, de posponerlo; ver lo que consideraban presente inmediato como un futuro incierto. Además es un argumento absurdo, ya que la juventud biológica o la fertilidad no se mide en años. Por ejemplo, puedes tener 25 años y tener una reserva ovárica como la de una mujer de 40 o 50 años. El tiempo suele pesarnos mucho emocionalmente, los bebés no se conciben ni se gestan de un día para otro, así que hablar de juventud es hurgar en la herida.

A los padres que han perdido un bebé, lo que más nos dicen es: “no te preocupes ya tendrás otro”. Eso tampoco se lo diríamos a una viuda: “bueno, ya tendrás otro marido”. Como si el hecho de “tener otro” pudiese borrar lo que sentimos.  Es de lo más doloroso que te pueden decir, y es la frase más repetida. Lo que pasa es que los que la dicen, con la mejor de las intenciones, no están en nuestro lugar, no saben cuántas veces lo escuchamos. Ya lo sabemos, y sino ya está todo el mundo para recordárnoslo: el ginecólogo, la vecina, la panadera, tu mejor amigo, tus padres…  Si, seguramente, tendremos otro, eso mismo: otro. Y en ese momento solamente queremos recuperar al que se fue. Hablar de otro, sin que los papás lo mencionen, es pisotear el recuerdo de el que se fue.

Otra variante, es minimizar el hecho doloroso comparando. Por ejemplo: “A mi vecina/amiga/etc… le pasó lo mismo que a ti, después de X tiempo consiguió tener un bebé y ahora es muy feliz”. Volviendo a la premisa de antes, ¿le diríamos éso a alguien que acaba de perder a su pareja o cualquier otro ser querido? Yo no lo haría. Que a alguien le haya pasado algo similar a lo que tu vives, no tiene nada que ver con lo que tu en ese momento vives. Es decir, la misma premisa no da, a ciencia cierta, una consecuencia igual, ni siquiera similar. Cada uno siente de una manera, y todos tenemos un montón de variables que nos influencian. Así que querer comparar o vaticinar de esa manera, es una falacia, y de las grandes. Existe, por ejemplo, la posibilidad real de no poder concebir un hijo, cosa que a tu vecina parece ser que no le pasó. Hay tantas posibilidades, y muchas son tan ajenas a nuestra voluntad, que es altamente improbable que el ejemplo de tu vecina se repita en tu amiga.

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Se tiende a minimizar tu dolor dándo ejemplos de casos peores, como: “Mi vecina perdió a su bebé con X (más que tú) semanas de gestación, eso si que es duro…” Normalmente, quién se atreve con comparativas de este tipo, además de no respetar tu dolor en absoluto, suele no haber pasado por eso en primera persona. Nadie mide el amor a su hijo por semanas, ni mucho menos es mensurable lo que se va a sufrir en relación con eso. Tengo amigas, conocidas, y he visto multitud de casos de mujeres que, habiendo tenido un aborto en el primer trimestre, años después siguen sufriendo por ello. De hecho ninguna olvida nunca, pase el tiempo que pase, que gestó a un/a hij@ que no está. Algunas no se atreven a volverlo a intentar, y están en todo su derecho de sentirse así. Otras, habiendo tenido varias pérdidas en el trimestre que sean, o enfrentándose la muerte neonatal, han seguido adelante buscado un nuevo embarazo. Y no quiere decir que sufran menos, o que sean más fuertes. Cada una lo gestiona como puede, y nadie debe juzgar sus actos, opinar, o comparar su dolor con el de otr@s. Todas tienen mi respeto, todas están luchando por sobrevivir a algo terrible, todas son valientes. A cada una le duele lo suyo y a su manera, así que, respetemos los ritmos y las decisiones de cada persona.

Algunas personas hacen comentarios del tipo: “Al menos no…” o ” Hubiese sido peor si…” Realmente ¿diríamos a alguien que ha perdido a un ser querido que al menos no ha vivido lo suficiente para encariñarnos con él? O que “hubiese sido peor más adelante”… Sonaría insensible, ¿verdad? Entonces no debes decirle nunca a nadie algo así, aunque no comprendas su dolor.

Algo que me han dicho también, intentando hacerme sentir que soy muy fuerte, es: “si me pasa a mi me muero”. Y puedo asegurar, que cuando se te va un hij@, te quieres morir, y lo peor es que no, sigues en esa triste realidad. Y sigues adelante por los demás: tu pareja, familia y amigos. Pero piensas una y mil veces que preferirías que hubiese vivido tu hij@ y morir tu, que sin él o ella, nada tiene sentido. Cuando se ven desde fuera, las desgracias siempre nos hacen pensar que nosotros en ésa situación no lo soportaríamos. Y cuando te tocan a tí, te das cuenta de que no se tiene elección, la realidad te obliga a salir adelante, quieras o no, por ti misma o por los que te rodean. Al final podemos con más de lo que nos imaginamos, y lo mejor, es que además, podemos aprender mucho de los golpes de la vida.

Normalmente, estos comentarios se hacen para quitar hierro al asunto, para animar, para dar una perspectiva positiva. Pero, lo cierto, es que lo que necesita alguien que está triste, con motivos de peso, es que validen su dolor, que le permitan sentirlo. Con ese tipo de comentarios, negamos su emoción actual, y les hacemos sentir incomprendidos. Eso es muy contraproducente, ya que cada etapa del duelo debe ser vivida. Es imposible saltarlas sin consecuencias negativas, y el/la doliente es el/la únic@ que debe decidir tanto en la manera como el tiempo que se dedique a cada etapa. Por la misma razón, es absurdo decir que: “se debe pasar página, que tiene que superarlo, con el tiempo que hace deberías estar bien, ya es hora de olvidar, tienes que ser positiv@, con esa actitud no vas bien…” Cada un@ hace ya todo lo posible por seguir adelante, querer acelerarlo no es lo más acertado.

Algo que ayuda mucho, y es difícil de escuchar es: “Comprendo tu dolor, y te voy a acompañar mientras lo sientes”. Que te hagan saber que puedes contar con esa persona, en tu peor momento, sin pretender estar mejor o sonreír si no puedes. Hay muchas personas dispuestas a llevarte a un lugar más agradable, más cómodo para ellas. Te invitan a salir, a distraerte, a hablar de otras cosas… Pero son muy pocas las que admiten y aceptan que estás destrozad@, y aún así se van a estar contigo sin querer cambiar ni negar tu realidad. Cuando acompañas a alguien en su dolor, es suficiente con ofrecer apoyo, presencia, escucha, un abrazo, un espacio para dejar al/la doliente que exprese su dolor. Cualquiera de éstas opciones es infinitamente de más ayuda que una frase hecha ya que validan las emociones que el/la doliente siente.

Sé que somos much@s los que recibimos comentarios que nos hieren, es una queja que leo a menudo en páginas sobre duelo. Y cuando la mayoría o tus principales apoyos te acribillan, puede ser muy difícil elaborar el duelo en paz. Muchas veces callamos la opinión por no ser descortés, porque aprecias el gesto y la voluntad con la que lo dicen, por no entrar en discusiones o simplemente por olvidar el tema, que duele. Cuantas más experiencias conozco, más me alarma lo que nos llegan a decir, empezando por algunos “profesionales” sanitarios. Así que, quizá escriba más entradas sobre este tema más adelante, ya que da para mucho… No es algo en lo que se eduque, así que se extienden la opinologia y el consejo gratuito.  Me gustaría que opinásemos nosotr@s también. Así que, si queréis comentad qué cosas os han dicho o hecho, que os duelan, y por qué. O bien, lo que sí os ha ayudado o qué os hubiese gustado escuchar, y hablamos sobre ello.

 

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Abrazos mamíferos ❤

Puerperio sin Aritz

Los primeros días sin nuestro hijo en mi vientre fueron un doloroso proceso de reubicación. No me sentía cómoda viéndome en el espejo, no me reconocía, mi cuerpo estaba en un impás. No sentía ése cuerpo como mío. La ropa que llevaba durante el último mes me quedaba grande, y la de antes no era tampoco mi talla. Después de dar a luz, se me ensancharon mucho las caderas, un par de tallas de golpe, así que no me iban mis pantalones. Mi nuevo físico me desconcertaba, tenía sentimientos contradictorios al respecto. Por un lado no me gustaba mi barriga recordándome su ausencia, pero también la veía con nostalgia, cómo un único recuerdo suyo. Mi útero palpitaba, encogiéndose, sentía cómo todo se reubicaba y descedía lentamente… Era descorazonador sentir movimientos dentro de mi que me recordaban tanto a mi hijo. La primera ducha sin él, la primera comida, la primera noche… Cada acción y todas las siguientes me recordaban que él no estaba con nosotros.

Cada vez que me quedaba un rato sola, lloraba, me hundía, me enfurecía, me desbordaba la cruda realidad y me consumía la impotencia. Yo dejaba las lágrimas salir, y pasaba horas en la más profunda tristeza, vivéndola, dejándole el espacio que necesitaba. Cuando mi pareja notaba que había estado llorando, me abrazaba, me acompañaba y nos desahogábamos juntos.

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Los desajustes hormonales propios del puerperio, ya te dejan bastante emocional aunque no hayas tenido un parto traumático. Y cuando no tienes a tu bebé para compensar con ésos subidones de oxitocina y endorfinas, la situación y la carga hormonal te superan. Los días de sangrado y los dolores de los entuertos lo hacían más insoportable. Es mucho tiempo, y quieres retomar el ritmo habitual, pero el cuerpo te recuerda tus limitaciones.  Estaba no-embarazada, pero tampoco me ubicaba en ningún punto del ciclo menstrual. Me hacia sentirme todavía más perdida, ajena a mi cuerpo. Estar casi durante cuarenta días expulsando todo aquello que acompañaba a mi hijo dentro de mi, era como despedirme lentamente, día a día, de lo poco que en éste mundo físico quedaba de él. Ahora me doy cuenta de que, simbólicamente es sanador, el cuerpo tiene su ritmo, no pasas de cero a cien en un día. Es un proceso paulatino de reencuentro contigo misma y de adaptación a la nueva realidad.

Un par de días después del parto, tuve un poco de fiebre, y se empezaron a hinchar mis pechos… Mi mente, y mi cuerpo esperaban a mi hijo, todo estaba preparado, y él no estaba. Tuve leche durante un par de semanas, fue doloroso físicamente, y emocionalmente devastador… Pero de ésto ya hablaré en otro post más detalladamente. Además, como os conté en la entrada Resultados de la necropsia de Aritz, tuvimos que hacer las gestiones para autorizarla, lo que supuso tener que volver a ese hospital dos días después del parto, ver a mi ginecólogo, y volver para recoger los resultados un mes más tarde.

La primera semana, cogí un resfriado fortísimo, y también me apareció un eccema muy molesto en la cara. Además tenía mucho dolor pélvico.  Aprovechando que hablé con mi comadrona, le pedí cita para verme, revisarme y hablar un poco. Me hizo un tacto para ver si se iba cerrando el cuello del útero, y me hizo muchísimo daño. Le insistí en que el dolor que tenía me preocupaba, que lo tenía desde antes del parto. Cada vez que orinaba, me sentaba o levantaba, sentía fuertes pinchazos. Así que me hizo una tira de orina y salíó que tenía infección. Me indigné, ya que lo intuía, mi ginecólogo me dió largas los últimos meses del embarazo (habiendo tenido infecciones recurrentes durante el embarazo), llevaba un par de meses quejándome, yendo a urgencias, y no hicieron cultivo hasta que fue demasiado tarde…

Empecé a notar también, que además de sangre, empecé a expulsar unos trozos de tejido de un par de centímetros. Me preocupé, ya que mi ginecólogo traccionó el cordón umbilical, y eso podría haber hecho que quedasen trozos de placenta, con el peligro que éso conlleva. Me agobié mucho, no quería volver a ése hospital, y la posibilidad de tener que pasar por un legrado, después de todo, me ponía de los nervios.

Conseguí que me diesen hora un par de días después para una ecografia, para descartar que hubiesen restos. Mientras tanto, y gracias a la asociación Dona Llum, tuve la suerte de que una comadrona fantástica, me ofreciese su numero personal. Así que pude consultarle a ella, le envié fotografías de lo que iba expulsando, y me aconsejó con mucho cariño y profesionalidad. Me recomendó también tomar probióticos, ya que con los antibióticos (siempre debe hacerse, pero nunca nadie me lo dijo) la flora se desequilibra y por eso después de cada toma, enlazaba con los hongos. Mientras esperaba al día de la ecografia, me dijo que estuviese atenta y acudiese a urgencias si tenía hemorragias fuertes, dolores intensos, mal olor, fiebre… Ella me transmitía seguridad y mucho de soporte emocional, simplemente haciéndome sentir escuchada, y se preocupó de ir sabiendo como evolucionaba. Esa atención tan personalizada y humana no la he encontrado jamás en la seguridad social.

En la ecografía no encontraron restos de placenta, todavía quedaba algo por expulsar, pero se suponía que eran sólo coágulos. Así que volví a casa algo más tranquila, y vigilando los síntomas hasta que acabase la cuarentena.

Pasaron un par de semanas y, aunque noté mucha mejoría después del antibiótico y el probiótico, y conforme fui expulsando los coágulos los dolores aflojaron, no acababa de sentirme bien del todo. Además estaba débil, después de tanto sangrado, seguro que tenía anemia. Así que pedí cita con mi doctora de cabecera. Ella consultó mi historial, y vió que el día del parto me habían hecho citologia y cultivos y di positivo en cándidas e infección de orina. Menos mal que decidí insistirle a mi comadrona y ella me encontró la infección semanas antes, que si fuese por los del hospital todavía la tendría…  Me dijo que los antibióticos que tomé eran los adecuados para la bacteria que tenía, así que la infección debía de estar solventada. Me recetó óvulos para los hongos, pero como no tenía molestias (los probióticos debieron irme muy bien para regular la flora), me dijo que no hacía falta que los usase si no volvían a aparecer.

Fue muy amable, escuchó todos mis síntomas, y me programó analíticas y estudio hormonal para ver como estaba de todo. Me dijo que era normal tener el cuerpo “loco”, y que en mi caso, el estrés que había sufrido podía desencadenar que me bajasen las defensas y enfermase. En los resultados me detectaron algunas hormonas alteradas, debido a que hacía muy poco del embarazo y aún tardarían en volver a la normalidad. Las defensas altas, por las infecciones recientes. Y anemia, así que empecé a tomar hierro durante un par de meses.

Después me revisé en el dentista, que me dijo que tenía periodontitis. Debido a las hormonas del embarazo me había avanzado muy rápido. Eso me deprimió bastante, quería estar sana, y me daba la sensación de que no acabaría nunca. Así que me tuve que hacer un raspado completo, muy desagradable y caro, pero era necesario de cara a un futuro embarazo tener las encías sanas.

Sufrí durante meses, pesadillas por la noche y flashbacks durante el día con imágenes del parto. Los días, las horas, los minutos…. se hacían eternos. Deseaba que pasase el tiempo para estar más lejos de ése presente tan doloroso. El peor momento del día era la noche, irme a dormir sintiéndome vacía… se me hacía muy duro. Me había acostumbrado a dormirme hablándole, acariciándome la barriga, darle las buenas noches y decirle cuánto le queríamos… Recordaba como era coger postura en la cama y sentir como él se recolocaba, adaptándonos el uno al otro. Me sentía muy sola sin él, me costaba horrores dormirme.

Por las mañanas no era mucho mejor, despertarme literalmente de una pesadilla, tensa y agotada, y darme cuenta que mi vida era una pesadilla en sí misma. No sabía si era peor seguir dormida o despertarme. Mi pareja, que siempre se despierta antes que yo, iba viniendo a ver si me podía despertar. Me dejaba toda la tregua que pedía, fue muy comprensivo. Vivir ésa realidad era insoportable, todo me recordaba a mi hijo, al parto… Cuando estaba embarazada de Aritz, por la mañana, me quedaba un rato estirada, pendiente de sus movimientos, ésos momentos eran pura felicidad. Después venía mi pareja con el desayuno, y le explicaba orgullosa, todo lo que había hecho nuestro hijo. Así que el cambio drástico de rutinas hacía que por la noche tuviese insomnio, y por las mañanas estaba tan agotada y deprimida que no podía levantarme.

Con mi pareja pude hablar de todo lo que sentía, lloramos juntos todo lo que necesitábamos, y estuvimos muy unidos. Por suerte, él estaba de baja, así que pudimos permitirnos vivirlo en casa, juntos y sin prisa. Desde el principio, tuvimos muy claro que queríamos sanarlo, y quedarnos con la parte bonita. La felicidad que nos trajo su llegada a nuestra vida, como nos unió, la alegría de los meses de embarazo y de cada pequeño avance, todo lo que hemos aprendido… Por respeto a nuestro hijo, no queremos recordarle con tristeza, él nos trajo luz, así que debemos recordarle con una sonrisa. Para poder llegar a ése punto, tenemos que soltar todo lo negativo, y conseguir estar cada día más en paz con lo que sucedió. Tenemos claro que el dolor y su ausencia son imborrables, pero intentamos vivirlo con naturalidad, sin pretender no estar rotos, pero tampoco anclarnos en la rabia o la depresión.

Necesitábamos, nos faltaba, tener un recuerdo suyo. Nos dolía quedarnos con las manos tan vacías. Le dije a mi pareja que quizá podíamos pedir que nos guardasen sus huellas, o una fotografía, y estuvo de acuerdo conmigo en pedirlo. Nos daba miedo que fuese demasiado tarde, pero queríamos intentarlo. Nos hacía muchísima ilusión podernos hacer un tatuaje en su honor con sus huellas. Y lo pedimos, nos costó y no nos aseguraron nada, (os lo cuento aquí). Todavía tenemos pendiente hacernos el tatuaje, en cuanto podamos.

Tanto él como yo, preferimos pasar esos momentos en la intimidad. No quisimos ver ni a familiares ni amigos. A lo mejor otros buscan apoyo, pero nosotros no lo necesitamos. En casa nos sentíamos cómodos, seguros y libres de empezar el duelo a nuestro ritmo. No es que nos encerrásemos en nuestra tristeza, es que no nos sentíamos preparados para compartirlo. Pero, yo parí el 7 de diciembre, así que, en poco tiempo se nos echaba encima la Navidad. No nos apetecía en absoluto. Ése año tenían que ser unas fiestas especiales, con nuestro hijo, y todos nos habían preparado regalos para él. Así que se hacía muy cuesta arriba, nos hubiese gustado posponerlas, parar el tiempo, saltar ésos días…

Poco más de un mes después del parto, el 10 de enero, empecé a manchar un poquito, y tres días más tarde vino mi primera menstruación. Me alegró mucho poder volver a coger el “ritmo”, identificarme otra vez con mis ciclos. Fue muy suave, yo siempre las he tenido muy abundantes, de una semana larga y mucho dolor. Las siguientes también fueron así, solamente un día fuerte, un par de manchado ligerito y sin dolor. Me sorprendió gratamente que fuese tan fácil y agradable volver a menstruar. A partir de entonces, ya podíamos empezar la cuenta atrás, 3 ciclos para volver a buscar un nuevo embarazo. Me daba vértigo, mucho miedo… pero era la única ilusión que teníamos a la que acogernos. Así que le echamos paciencia, ganas, ilusión, y valentía. Así que empezamos a hacernos a la idea de hacia dónde iba nuestra nueva vida… y nos ha llevado a reencontrar la felicidad con el bebé que estamos esperando.

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Abrazos mamíferos ❤

Foro: superando un aborto.

Quiero compartir con vosotr@s, para los que no lo sepáis, que el foro http://superandounaborto.foroactivo.com/, es un cálido refugio para familias en duelo. Es un sitio dónde además de participar activamente contando nuestras experiencias o consultando cualquier duda, hay muchísima información. Encontrareis subforos que hablan de infertilidad, manejo expectante del aborto, libros y enlaces de gran ayuda, nuevos embarazos, pruebas médicas, duelo… y podéis usar el buscador para ir a los mensajes que contengan la palabra clave que os interesa. Os lo recomiendo muy mucho, porque en nuestra situación es muy valioso tanto disponer de los recursos y la información, como tener un espacio de desahogo y comprensión.Seguro que si entráis, seréis bien acogid@s ya que allí hablamos el mismo idioma emocional, y tanto l@s administradores como l@s miembros del foro son encantadores. Espero que os sea de tanta ayuda como lo ha sido, y sigue siendo para mi. Desde aquí mi agradecimiento a los fundadores de superando un aborto y a todos sus integrantes, gracias por existir.  Nos leemos, por aquí o por allí 😉

 

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Abrazos mamíferos ❤

Desmintiendo tópicos… El embarazo tras una pérdida gestacional.

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Cuando te vuelves a quedar embarazada después de perder un hij@, todo son buenas esperanzas, alegría e ilusión. Y aunque así lo vivas la mayor parte del tiempo, y te sientas afortunada y feliz, un embarazo no pone fin a un duelo. Así que no siempre estás en esa nube. Te das cuenta de que por lo general, sólo por estar esperando un bebé, se suele dar por hecho, que estás mejor, que lo has superado, ya que ahora tienes una nueva alegría y las penas deben quedarse atrás. Y en parte es verdad, seguramente una nueva alegría, ya sea un hijo o cualquier proyecto que te ilusione, te hace los días más llevaderos. Pero que los días pasen más livianos, no implica que el vacío no siga existiendo, y que tengas días en los que la tristeza haga sombra a la felicidad. Un sentimiento no sustituye al otro, ya que un hij@ es insustituible, y lo que le pasa a una familia en ésta situación es que tiene el corazón dividido. Por una parte vives el momento, lo disfrutas y agradeces, pero por la otra, sigues echando de menos al que te falta. Precisamente ahora que estoy embarazada, es cuando más le hecho de menos, es inevitable. No puedo no pensar que éste nuevo ser, tiene un hermanito, que no es mi primer hij@.  Aunque pase el tiempo, el dolor se revive cada vez que lo recuerdas. Aunque aprendas a sobrellevarlo, llores menos, o pienses menos, el amor que sientes siempre será el mismo, así como su vacío. Lo que se ve por fuera, no refleja todo lo que sentimos. Que yo hoy sonría, solamente implica que he transformado mi llanto en algo distinto, o que ahora no necesito manifestarlo de ésa manera. Pero tampoco significa que no le vaya a llorar más. Por eso, pensar que alguien que rehace su vida, olvida, supera, o deja atrás el dolor, es una mala premisa. Ya que lo que estamos haciendo es, precisamente, lidiar con ése vacío lo mejor que podemos,  pero éso no implica que no tengamos presente la ausencia de nuestro hij@.

Además, ocurre que, la mayoría no vuelven a preguntar cómo lo llevas, o nunca más mencionan al hij@ que se fué. Y aunque muchos no lo hacen precisamente para no revolver las heridas, duele más que eviten nombrarlo. Se queda en el olvido ése ser al que tu nunca olvidarás, y que llevas cada día en tu mente como parte inseparable de tí mism@. Y es bonito que te recuerden que creaste un ser único e irrepetible, que ya no está, pero que los que te quieren también le tienen presente. Te quedas sol@ en el proceso de duelo porqué se supone que estás en un momento mejor, y si, quizá estás mejor, pero nunca se acaba ése proceso, pueden haber altibajos y el apoyo siempre viene bien.

Ante la noticia de un nuevo embarazo, lo más probable que te digan es algo como: “Éste embarazo si que irá bien.”, “No tiene por qué volver a pasar.”,  y en general, se anima a la familia como si se tuviese la seguridad de conocer el futuro. Aunque obviamente tengan la intención de ofrecernos seguridad y buenas esperanzas, nos puede incomodar, al menos, a mí me pasa. Y es que, a veces dudas, te hundes, y te preparas para lo peor, nada más que “por si acaso”, no nos lo vayamos a creer del todo.

No hay nadie más realista que una madre que ha sufrido una pérdida, y si son varias como en mi caso, sabes que nunca hay nada seguro. Siempre dudas, y cuando escuchas una afirmación así, piensas: no, nadie lo sabe. Aunque la intención sea buena, es solamente un buen deseo. Y claro que soy positiva, ser realista no me quita la esperanza ni las ganas de pensar que sí, puede ir bien ésta vez. Pero me lo tomo como una posibilidad, no como un hecho, ya que duele demasiado dar por sentado algo tan delicado para mí. Agradezco infinitamente a tod@s los que creéis que va a ir bien y así me lo decís, de verdad que sé que es un bonito gesto. Pero para mí, creerlo o no, no cambia las cosas, yo creí que mi hijo sobreviviría hasta el último momento, y te das cuenta que al final, lo que tiene que ser, es. Así que prefiero ni siquiera plantearme si va a salir adelante este bebé o no, solamente disfruto y vivo el momento. Así que, creo, que en cualquier caso, es siempre mejor escuchar y preguntar cómo lo vives, cual es el enfoque de la persona en particular, antes de hacer frases hechas, por muy buena intención que lleven.

Otro tópico que encuentro a menudo, es el de que un hijo que no está no ocupa un lugar al mismo nivel que los que viven.Este nuevo hij@, aunque lleve más semanas de gestación, aunque viva una larga vida a nuestro lado, no es más hijo que el que perdimos. Normalmente los que no han perdido un hij@, no lo ven así. Pero para muchas familias, el que se fue, siempre tiene un lugar. Al igual que entre hermanos los padres no hacen distinción, una familia en duelo quiere y tiene presentes a todos sus hijos. Cuando unos papás esperan el nacimiento de un hij@, ya le han dado un nombre, han imaginado su vida con él o ella, le han dado un lugar en sus vidas, y tantas cosas más, que ése hueco es imborrable e insustituible. Comparar a un hijo con vida con uno que no puede volver a hacer todo lo que el vivo hará, duele, y es injusto. Por eso no podemos quererle menos por lo que no pudo ser, sino que le queremos sólo porqué existió y nos dejó su huella. Es difícil de entender desde fuera, por no decir imposible, ya que sólo los padres saben la implicación que tenían con su bebé y lo presente que lo tienen. Evidentemente hay personas que deciden gestionarlo de distinta manera, y para algunas, es más práctico intentar olvidar, o minimizar la pérdida y eso también es respetable.

Algo que suele pasar, es que acostumbran a no considerarte madre simplemente por no tener un hijo vivo. La mayoría no te ven así, y siguen esperando que el embarazo acabe en final feliz para hacerte merecer ése título.  Suelen dar la enhorabuena cuando pares un hijo vivo, y al estar esperando un bebé, se dice que vas a ser mamá, en un futuro.  Yo, personalmente, llevo muy mal que no se entienda que una cambia en cuanto gesta una vida, incluso antes, cuando te planteas buscar un embarazo, tu perspectiva y tus prioridades se ven drásticamente modificadas por ése deseo. Para mí, el día de la madre, fue muy doloroso vivirlo sin mi hijo, y todavía lo agudizó más el hecho de que nadie me felicitó… Nadie pensó en mi como madre, excepto mi pareja, que sabe lo doloroso que es, y me mandó un precioso mensaje felicitándome por ser la mamá de nuestro hijo y de los que quedan por venir. Obviamente no tengo ciertas experiencias maternales como cuidar a mi bebé, pero tengo las mías, que desgraciadamente son otras, y me han cambiado la vida por completo. Debemos abrir la mente y dejar de entender el papel de madre, únicamente como lo percibimos en la amplia mayoría de la población, hay muchas maneras de vivir la maternidad. El duelo por muerte perinatal, es una experiencia que es inherente al hecho de ser, de sentirse madre y amar a un hijo, así que es innegable que, una es madre con o sin hijos vivos.

Al haber pasado por una pérdida, te insisten mucho en que debes vivirlo con alegría, calma, paz… y no sucumbir a los miedos por el bien de tu bebé. Y es muy negativo sentir la obligación de tener que estar tranquila porqué no quieres que tu bebé sufra por tu culpa. Sobre todo, porqué es imposible estar siempre bien, y te sientes muy culpable y angustiada cuando te asaltan los fantasmas, que son incontrolables. Así que es importante no presionar diciendo cómo debería sentirse a la mamá embarazada, que una ya se autoexige mucho. El duelo transcurre con altibajos y es sano y normal sentir inseguridad y expresarlo, que nadie te frene.

A todas las que estamos en ésta situación me gustaría darles mi apoyo, y el consejo de que no se juzguen, que se permitan sentir y soltar, que no se sientan obligadas a estar en una nube por esperar otro bebé. Si nos quedamos las cosas dentro acabarán doliendo y pueden salir en el peor de los momentos, como en el puerperio. Es mejor llorar si lo necesitas, que reprimirlo, ya que tu hijo va a saber igualmente que a mamá le preocupa algo. Los nuevos embarazos siempre remueven cosas, y después de una pérdida, todavía más. Así que si nos vuelven los miedos, no pensemos que hemos vuelto atrás, simplemente prestemos atención a lo que nos quieren decir, ya que, creo que son una buena oportunidad para trabajarlos más a fondo.

 

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Abrazos mamíferos ❤

Por qué escribo sobre duelo, muerte perinatal e infertilidad.

Quiero hablar de la maternidad en un amplio espectro, y eso incluye, ser padres en duelo (la infertilidad también requiere un proceso de duelo). Cuando una familia pierde un hijo o la posibilidad de engendrarlo, la razón tiene pocos argumentos y consejos que sirvan para transitar ése duelo. Más allá de nuestra cultura occidental en la que la muerte (sobre todo de si es de un bebé) y el sufrimiento son un tabú, hay una emoción ancestral que compartimos con los demás mamíferos. Hablaré mucho de nuestra condición de mamíferos, de la parte más instintiva, para indagar en nuestro comportamiento más “animal”, ya que al fin y al cabo somos animales-mamíferos de especie humana.

Ése dolor, ésa pena, enfadarse, recordar… no son piedras en el camino, no nos hacen volver atrás, sino que nos ayudan a avanzar y gestionar la pérdida. Ésas pulsiones que nos invaden por más racionales que seamos, tienen que recobrar su lugar y la importancia que merecen. No me refiero a anclarse en el dolor, sino a dejarlo salir, darle espacio, y poderlo expresar. Si dolemos es porque amamos, incluso a los hijos que no hemos podido concebir los amamos antes de que existan físicamente. Por eso es sano permitirnos sentir libremente y durante el tiempo que necesitemos.

No son temas agradables, quizá sería más fácil o entretenido para mi y para quien me lea, ir a parar a un blog con un toque más humorístico, ameno y alegre. Pero hay de todo en éste mundo, y las pérdidas perinatales existen, así como el duelo y la infertilidad, y con ello, la necesidad tanto de leer como de escribir sobre ello. Y éstas son las principales razones por las que he decidido hablar ello:

  • Mi necesidad: Cada persona tiene una manera que le funciona para “dejar ir”, la mía siempre ha sido escribir, aunque siempre lo hacía para mi. Normalmente gestiono mis conflictos personales poniendo mis ideas en orden en un texto, reflexionando, y según que casos, hablando con un amig@ en confianza. Pero en el momento en que decidí formar una familia y las cosas se torcieron tanto, he ido acumulando vivencias que pesan demasiado si me las quedo para mí. Las he ido escribiendo conforme han pasado o tiempo después, y me ha aliviado muchísimo soltarlo. Por ejemplo, voy a ir compartiendo el macro-relato de el parto de mi hijo Aritz por partes, y veréis que es muy extenso y con muchos detalles. No sé si puede ser interesante, pesado de leer o sin sentido para los demás, pero yo quiero compartirlo. Ése día marcó un antes y un después en mi vida. Pasé los primeros meses reviviendo día y noche detalles dolorosos, todavía de vez en cuando tengo pesadillas y recuerdos que asaltan mi mente involuntariamente. Hasta que decidí empezar a escribir todo lo que recordaba. Tardé más de un mes en acabar de ponerle palabras a ésas horas, y fue un proceso doloroso pero sanador. A medida que fui expresándolo, dejé de revivirlo tan a menudo. Necesitaba inconscientemente recordarme ciertas cosas, para que no me olvidase que hacen daño y han marcado mi vida. Al haberle prestado la atención que merecían, la intensidad, y el tiempo de gestión, he conseguido poder recordar más a menudo y mejor los detalles bonitos como la cara de mi hijo.
  • Ayudar a quién esté pasando por lo mismo: No a todo el mundo le va bien sumergirse en ésto, pero hay muchas familias que sí lo necesitan. He encontrado muchos grupos y foros de ayuda dónde la gente acudía tanto para expresar cómo para leer y sentirse menos solos en éstas situaciones. A mi misma me ayudaron muchísimo los relatos de otr@s, porque te sientes identificada, y puedes encontrar en los demás puntos de vista y maneras distintas de gestionarlo que te pueden ayudar. Además, cuando te ves en éstas situaciones buscas muchas respuestas, información… Puedes necesitar saber exáctamente cosas como: que pasa durante y después de sufrir un aborto, a que te enfrentas cuando te diagnostican infertilidad, qué derechos tienes cuando tu hijo fallece… Si mis experiencias pueden servirle a alguien, aunque sea una sola persona, me doy por satisfecha.
  • Visibilizar e informar: Si cuento experiencias tan íntimas no es porque me guste airearlas, es porqué falta mucha información y quiero poner mi granito de arena. Éstos temas no son tratados abiertamente y por eso, tenemos pocos recursos para hablar de ellos. Siempre se repite el consejo que no es aplicable: pasa página, relájate, no te hundas, tienes que superarlo… No se aborda el tema en su profundidad, muchas veces porque no se sabe como manejarlo, y las demás porque no queremos que nuestros allegados sufran, y les queremos dar ánimos. Pero es que, los duelos se transitan, no se superan, se convive con ello. Y no son finitos, no llega el día en que dices: ¡ya está!. Y día a día no hay un espacio para el proceso, para recordar, poner sobre la mesa e ir dándole forma a todo lo que sentimos. No hay un intercambio natural de información como lo hay en otros procesos de la vida. Se tiende a evitar temas dolorosos por no remover al que los vive, por no saber que decir, o porque a uno mismo le incomodan. Pero estaría bien poder hablar con naturalidad, y preguntar al doliente si le apetece, si lo necesita o está cómodo hablando de ello en ese momento. Necesitamos visibilizarlo, dar información, que haya cierta “cultura” emocional para poder abordarlo. Cuando alguien está en un proceso de éste tipo, se reciben muchas opinones y consejos, pero poca información relevante, por éso quiero tratar éstos temas. Además, nunca se sabe que puedes encontrarte en el camino, y creo que está bien tener conocimientos y saber de antemano ciertas cosas que nunca te habías planteado.
Memorial del niño no nacido, de Martin Hudáček

Memorial del niño no nacido, de Martin Hudáček

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