Aritz

Necesito escribir tu nombre, se me atraganta tenerlo tan callado… Como no tengo ocasión de pronunciarlo tanto como quisiera, escribo sobre ti.

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Bordados por una amiga de mi madre durante sus embarazos 

 

Te echo de menos. Echo de menos no haberte conocido fuera de mi.

Siento tu ausencia en cada detalle. Un vacío inmenso que es tu lugar, uno que nadie puede ocupar.

Tengo otro hijo. Un hijo que al que quiero tanto como a ti, porque una madre no hace distinciones.

No es justo que comparen. No puede competir la muerte con la vida.

No puede medir el amor hacia un hijo en meses. El tiempo no puede definir algo tan grande.

Su presencia no me aleja de ti. Estás más cerca que nunca, aunque algunos pretendan que eres pasado.

Tu hermanito me da la vida. Aquella que se me fue contigo.

Él vino a compensar el daño. Aunque el dolor permanece, amortiguado, y endulzado por su llegada.

Sonrío con su presencia. Seguiré llorando por tu ausencia.

Beso a Biel. Cuando lo hago, vuelvo a besarle para intentar darle todo el amor que me quedo para ti.

Veo crecer a mi bebé. Me pregunto como serías tu ahora.

Huelo su piel. Al hacerlo, me duele no poder recordar tu olor.

Tenemos cientos de imágenes y recuerdos suyos. Todos los que me faltan de ti, duele no poder volver a ver tu cara nunca más…

Miro sus manos, son grandes y fuertes. Siento todavía como eran las tuyas, tan diminutas y frágiles entre mis dedos.

Acaricio su piel, tan delicada. Y mientras lo hago, recuerdo la suavidad de la tuya.

Viste tu ropa, usa tus cosas, tiene tus ojos… Vive por ti, por ambos, lleva tu mirada para que te veamos en vida, y parezca que vives a través de él.

Duerme plácidamente mi hijo pequeño. Recordándome tu rostro de sueño eterno, en paz.

Todos se interesan por él, dicen que es hermoso. No fue así cuando tu naciste, no te nombraron, no preguntaban, no saben que eras tan perfecto como él.

Biel recibe el cariño y las palabras que a ti no te llegaron… Por eso repito una y mil veces cuánto te queremos, que precioso bebé eres.

Él es el centro de las miradas y la atención, mientras que nadie parece recordarte…  y cuando alguien lo hace, fugazmente, pronunciando tu nombre, sonrío, orgullosa de que hablen de mi otro hijo.

Tanto te amo, tanto le quiero… Los dos sois parte de mi, uno crece a mi lado, el otro permanece etéreo, presente.

Parí dos hijos, pero en este plano, vivo con uno.

Al tener un hijo vivo estás más presente que nunca. Soy madre de la vida y madre de la muerte.

Te quise antes de que existieras, y te quiero más allá de tu existencia física.

Contigo aprendí a vivir con la muerte presente, para poder ver la vida en su totalidad.

Las madres cuando engendramos vida y la sostenemos, somos dichosas creadoras y protectoras. Después de ti, entendí que también podemos albergar muerte, y mantenerla presente con el amor infinito de quien ama más allá de lo tangible.

Conocedora de que mis entrañas y mi cuerpo son una jaula, una limitación física que me mantienen al margen de tu existencia; acepto ser madre incompleta en esta vida porque desde tu eternidad me enseñaste que existes en mi, en todo.

Soy feliz a pesar de no vivirte, puedo vivir a tu hermano, y abrazar tu muerte.

Aunque no me entiendan, aunque te tengan menos en cuenta, para mi sois dos caras de la misma moneda.

No hay día que no piense en ti, necesito nombrarte, recordarte, hacerte partícipe de nuestra felicidad.

Sigues recibiendo mi amor en cada gesto que le dedico a Biel, siempre.

Mis dos hijos, cada uno en su camino, iluminando el mío.

Aritz, tu hermano pequeño está aquí por ti, gracias por habernos llevado hasta él.

Os quiero mis niños ❤

 

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Abrazos mamíferos ❤

Hace un año que te fuiste…

Pocos recuerdan la fecha, pero hoy hace un año que nació y murió nuestro hijo Aritz. Llevo toda la semana pensando en él, echándole de menos, y acariciando a su hermano que es el único que puede recibir todo lo que no le pude dar a él. Hace un año estaba yo pariendo, hace un año que le conocimos y nos tuvimos que despedir de él también.

Han pasado muchas cosas desde entonces, pero para mi parece que fue ayer. Tengo grabada su preciosa cara, tan relajada, en paz. Tenía la boquita de Mamífero, los ojos pequeños y achinados como los de su padre también. Las manos más diminutas que he visto jamás, y la piel más suave que el terciopelo. A nadie le importa, nadie pregunta como era… Por eso lo digo, nuestro hijo era hermoso. Perfecto todo él, un bebé normal, nada parecía indicar que estaba tan enfermo…

Ahora debería estar celebrando un cumpleaños, cuidando y disfrutando a un bebé de un año… Pero hace un año que nació, y ya estoy preparándome para un nuevo nacimiento.  A mi cuerpo no le he dado a penas tiempo de volver a la normalidad, es como si llevase dos años embarazada.. De hecho en este período, he pasado más de doce meses gestando vida. Mucha espera, paciencia y energías invertidas. Y sobre todo, hemos generado mucho amor, que espero poder volcar en Biel.

El año pasado perdimos lo más importante que unos padres pueden perder, pero también hemos ganado. Este año hemos aprendido a sobrevivir esa ausencia. Quizá desde fuera no se valora, pero ser padres sin hijo es una batalla diaria que duele cada día. Pero hemos ganado un hijo eterno, hemos aprendido a amar lo intangible.

Con todo el dolor de mi alma escribo para él como lo he hecho desde su marcha. Soltando, sin apenas rectificar una palabra, para que se vayan las lágrimas, y se quede solamente su esencia. Lo único que importa es recordarle con amor, siempre, y vivir agradecidos por todo lo que nos ha enseñado.

Todavía en duelo, aún puérpera y embarazada a la vez, me siento en paz. Con dolor, si, con miedos, también, y con las emociones a flor de piel, pero feliz. Muchos me llaman fuerte, valiente, luchadora… Otros se dirigen a mi como la de siempre, sin apenas darse cuenta de que estoy, todavía inmersa en algo muy intenso.

No merezco esos adjetivos, cualquiera en mi situación lo llevaría igual, incluso mejor. Si he sido valiente, es porque tocaba, no porque tenga una capacidad superior, y si sigo en pie, luchando, es porque se lo debo a Aritz. A los que pasáis por alto y normalizáis la situación, me gustaría pediros que se respetéis el dolor que todavía atravesamos, que no se haga el silencio ante su recuerdo. Es el mejor regalo, que le recordéis y le nombréis como alguien que vivió y existe para nosotros. Y lo mejor que nos podéis decir, es llamarnos padres, en presente, porque es como nos sentimos.

Con mucho que decir, acabo esta entrada, por hoy, porque es imposible acabar de expresar lo que siento.

Te echamos de menos hijo, t’estimem.

 

 

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Abrazos mamíferos ❤

 

 

 

Carta de agradecimiento a nuestro hijo Aritz

Hoy, ya que es un día señalado en conmemoración a nuestros hijos, quiero compartir con vosotr@s una carta que escribí para nuestro hijo Aritz. Dos semanas después de su partida, la madrugada del 21 de diciembre de 2014.

No os olvidéis hoy de encender una velita por todos ellos, a las 19h. en cualquier parte del mundo ❤

Os copio primero un fragmento que encontré después de escribir mi carta, que es muy simbólico, sobre el cambio de ciclo. Es una especie de oración wicca para el solsticio de invierno (Yule), que me parece muy hermosa, enlaza y describe muy bien como me sentía en esa transición…

” Esta es la noche del solsticio, la noche más larga del año. Ahora las tinieblas triunfan, y aún así queda todavía un poco de luz. La respiración de la naturaleza está suspendida, todo espera, todo duerme. El rey oscuro vive en cada pequeña luz. Esperamos al alba, cuando la gran madre dará nuevamente, a luz al sol, con la promesa de una nueva primavera. Así es el nacimiento eterno, donde el tiempo nunca se detiene, en un círculo que lo envuelve todo. Giramos la rueda para sujetar la luz. Llamamos al sol del vientre de la noche. Así sea. “

Rueda de la vida pagana

Rueda del año pagana

Esta es la carta de agradecimiento que le dediqué a nuestro hijo. La transcribo de mi libreta, traducida, ya que siempre escribo en catalán.

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Solsticio de invierno, la noche más larga, y el día más corto.

Hace dos semanas que te fuiste, y parece una eternidad… Han sido noches realmente oscuras y largas sin ti. Días, horas y minutos densos y difíciles. Una pesadilla que dura demasiado tiempo, y muy poco, para poder asimilarlo como algo real. Un fin demasiado abrupto.

Mi útero palpita, empequeñeciéndose por tu ausencia, y me recuerda cuando jugabas dentro de mí… A veces, sonrío recordándolo, y otras lloro, pensando en lo felices que éramos contigo y cuánto te echamos de menos. Tu nos enseñaste a serlo, cuánta felicidad cabía en nosotros, pequeño-gran maestro.

Nos regalaste seis meses de la más absoluta dicha, que aunque ahora parezca lejana y dormida, todavía revive con tu recuerdo. En cuanto recuperemos las fuerzas, la retomaremos, y crecerá con nosotros tu legado. Tú siempre estás, y permanecerás con nosotros, vivirás en nuestra alegría, y luciremos nuestra felicidad para que puedas expresarte en nuestras sonrisas.

Con nosotros queda el recuerdo de esos meses felices, en los que saboreamos contigo cada momento mientras te esperábamos, celebramos tu crecimiento cada semana, cada recuerdo, anécdota… Disfrutamos pensando en todo lo que queríamos hacer contigo, y para ti. Aprovechamos cada instante, por suerte, juntos los tres, cada día, amándonos. Tu padre nos cuidó muchísimo, no lo tuvo fácil, pero lo hizo a la perfección. Gracias a él llegaste a este mundo, y con su ayuda, creciste y viviste sano dentro de mí. Es un gran compañero, un padre amoroso y entregado… Sin duda, es con quién quiero seguir el camino de aumentar nuestra familia.

Gracias a ti hijo mío, he aprendido a vivir desde la calma, a sopesar lo que realmente importa. A dejar atrás lo malo, y quedarme con lo bueno, lo único que importa. Desde esta nueva perspectiva, me he reencontrado con tu padre, sin intención de cambiar nada de nosotros mismos. La única pretensión que tengo, es exprimir cada instante de felicidad, y apoyarnos en los baches. Con lo que hemos vivido, me he dado cuenta de que es el hombre de mi vida ( junto a ti ). No le ha superado el dolor, ha madurado con él. Es más fuerte de lo que pensaba, ha sabido contenerme en situaciones límite, desde el amor más puro. Le amo infinitamente, cada día que pasa más.

Tu etapa de vida terrenal, ha supuesto para nosotros una unión más firme, y nos ha hecho más fuertes. Hemos crecido, gracias a ti. Desde que anidaste en mi vientre, empecé a querer mejorar como persona, a moldear mis defectos. No quería hacerte daño con mis miedos, por ser demasiado ansiosa o negativa. Quise ver la vida de otro color para transmitirte la mejor versión de este mundo. Te estoy inmensamente agradecida por enseñarme a disfrutar el ahora, a valorar lo que tenemos. Eso ya es parte de mi nueva yo, la que quiero seguir siendo de ahora en adelante. He aprendido a confiar en mí misma, en mi fortaleza natural. A agradecer y respetar mi cuerpo como templo de la vida que es. 

Tu me diste la seguridad que me faltaba, y por eso, ni siquiera en los peores momentos, tuve miedo. No me asustaba el dolor, ni siquiera cuando estaba en urgencias se me pasaba por la cabeza  la idea de perderte. Confiaba, los dos lo hacíamos, queríamos creer que estabas bien. Solamente me angustiaba tu bienestar, que no sufrieras. Nunca temí por mi misma, sabía que podía con todo.

Fue una gran lección hijo mío, ahora sabemos que en un futuro, debemos confiar en nuestra capacidad, no dejar lugar al sufrimiento, es lo único que podemos hacer. El miedo a lo que pueda pasar no os llevará a ninguna parte, no cambiará nada. Solamente aportaría más angustia, y eso no quise trsnsmitírtelo a ti, ni lo haré con tu/s herman@/s.

De la confianza y la seguridad, debemos sacar la fuerza y la entereza para luchar por nuestros derechos y una atención médica y emocional dignas. Contigo he vivido una dura experiencia, sumada a un trato indigno, que no vamos a volver a permitir. Me enseñaste que puedo parir, mi cuerpo sabe hacerlo. Nadie me va a decir como hacerlo, no me van a hacer sentir que ese proceso no me pertenece, nunca más. Gracias por permitirme tener esa experiencia tan empoderante.

Has sido tan buen maestro, en una vida tan corta, has cambiado tanto… y lo sigues haciendo. Soy otra, ya no somos los mismos. Seguiremos ese camino que nos has mostrado, contigo en otra dimensión, pero a nuestro lado. Y allí estarás, como referencia, cuando la cruda realidad nos vuelva a dar en la cara. Con lo que hemos aprendido, y lo que seguiremos cosechando, sabremos enfrentar y aprovechar lo que venga. 

Pasan los días, dolorosamente, nos alejan en un espacio físico y temporal. Tu alma, está con nosotros, eterna. Tan eterno como el vacío físico que dejaste en nuestra familia, eres irreemplazable. De la misma manera que la tristeza y la nostalgia me atrapan, también me invade la gratitud de haberte dado la vida, de haberte gestado, amado, parido y conocido. Todo lo que hemos vivido contigo e incluso, lo que imaginamos y nunca ocurrirá, es un bonito recuerdo. 

A partir de hoy, afortunadamente, las tristes noches, la parte del día más difícil de superar, se acortarán. Darán paso a la luz, día a día, en una transición lenta y dolorosa. La naturaleza es así, todo sigue, transmuta, y cuando te das cuenta, estás en algo totalmente distinto. Pasarán días eternos, llenos de dolor, indignación, ira, resentimiento, pena y vacío… sin ti. Cada uno de los días a partir de ahora, estará cojo, falto de una pieza clave. Espero que aprendamos a transitar esta nueva realidad imperfecta. Poco a poco, el cambio de ciclo nos llevará a la dulce primavera. Aquella en la que deberías haber nacido, si todo no se hubiese precipitado… Y entonces volveremos a llorarte, y a sonreírte. 

Cada día te recordaremos, existirás en nuestras nuevas alegrías y deseos, serás la luz guía de nuestras esperanzas. Seguramente caigamos muchas veces, empezar nuevos ciclos sin ti será duro. Pero sabremos disfrutarlos también en tu honor, como hacíamos tiempo atrás contigo. Aprovechando cada momento, cada oportunidad. 

Te queremos hijo, eres y serás parte de nuestra vida. El primer tesoro vital que hemos creado. Nunca, jamás, te olvidaremos. Siento una inmensa gratitud de haberte dado la vida, junto a tu padre. Si volviese atrás en el tiempo, volvería a buscarte y a disfrutarte, aunque implique volver a perderte.

Pequeño Aritz, eres un alma preciosa, irrepetible, un bebé perfecto. Gracias por existir. 

T’estimem, ara i sempre Aritz.

Emabarazada de tres meses :)

Embarazada de tres meses de ti 🙂

 

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Abrazos mamíferos ❤

Embarazo de Aritz: la parte positiva

El embarazo de Aritz, aunque tuvo momentos muy complicados, fue feliz, muy feliz. Llegó a alegrarnos la vida, después de dos años buscando, con abortos, con problemas de salud y muchos disgutos, y ya a las puertas de ir a inseminación artificial. Fueron 6 meses de felicidad infinita, siempre le estaremos agradecidos de que nos eligiese como padres.

Como ya os conté en la entrada: Las pruebas de infertilidad y los milagros que ocurren , estábamos bastante seguros de haber acertado el día de su concepción, la madrugada del 6 de Junio de 2014. El primer síntoma que me hizo sospechar estar embarazada, fue que me encontraba muy bien. Normalmente, una semana antes de que llegase mi período me pesaba todo, estaba muy sensible, con dolor y malestar general. Mis reglas eran muy duras, empezaban molestando una semana antes, y se extendían a una semana de sangrado muy abundante y doloroso, en total, medio mes hecha polvo.

Pero esa vez, estaba como una rosa, así que los días 12 y 13 por la mañana me hice los test de embarazo. Dieron un positivo muy suave, difícil de ver, pero era real, no nos lo creíamos… Esperé hasta el día 17 para repetir el test, confirmar que la línea se marcaba con más fuerza y acabar de creerlo. Ese día nos emocionamos y nos llenamos de felicidad, nos lo empezábamos a creer. Fuimos a comer para celebrarlo, en secreto, tan secreto que no tenemos ni fotos. Igualmente, por si acaso, esperamos al día 25, repetimos test, y reconfirmándolo, nos atrevimos ya a llamar a la familia y dar la noticia. Todos se alegraron muchísimo, llevábamos muy mala racha en muchos aspectos, y dar una noticia así fue un respiro, parecía que empezaba una buena etapa.

Estaba embarazada, por fin, y evolucionaba favorablemente, así que inocente de mí, pensaba que habíamos superado lo más difícil. Todo me era nuevo, y maravilloso, cada síntoma, cada semana… Aunque era mi primer embarazo, nunca tuve miedo excesivo, confiaba en mi cuerpo, en nosotros. El parto no me angustiaba, ya que llevaba años informándome, estaba (y estoy) convencida de que lo podía afrontar, incluso disfrutarlo. Todo lo que teníamos que hacer era empezar a contar las semanas que faltaban para que llegase nuestro mayor deseo.

Era verano, y estábamos viviendo en una casita, en plena montaña, con un jardín estupendo. Recuerdo con mucho cariño que cada mañana salíamos a desayunar y tomar el sol, mi pareja, los gatos, el camaleón y la tortuga. Poníamos unos altavoces con música, y allí nos pasábamos la mañana hasta que llegaba la hora de comer.

Desayunando en el jardín

Desayunando en el jardín

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Con mi gato Flip y la perrita del vecino en el jardín

Con mi gato Flip y la perrita del vecino en el jardín

Todo iba estupendo, lo único que me encontraron fue infección de orina ya a las 5 semanas, con lo que tuve que tomar antibiótico. A partir de ahí, empecé a tener candidiasis, que no se me iba por más cremas, pastillas y óvulos que me recetaron. Las tuve molestando todo el embarazo, y es que, a ningún médico se le ocurrió recomendarme tomar probióticos y una dieta prebiótica. Después de parir, los tomé y cuidé la alimentación, y se han ido, sin tomar nada más.

El primer trimestre, exceptuando los vómitos, fue muy bonito y tranquilo. Me hicieron una ecografía a las 6 semanas, para confirmar que había anidado bien. Le vimos, y escuchamos su corazón por primera vez, que emocionante… Recuerdo que mi pareja quería, desde ese día, tatuarse las ondas de su corazón latiendo, los del primer día. Después, llegó la ecografia de las 12 semanas, a la que pudo acompañarnos mi madre que se emocionó también mucho. Ese día, mi pareja puso la grabadora del móvil para tener el sonido de su corazón, y en alguna otra visita con la comadrona, también lo grabó.

Primera ecografia, a las 6 semanas

Primera ecografia, a las 6 semanas, con el latido de su corazón debajo

Estaba muy delgada, empecé el embarazo en 42kg, y en el primer trimestre, aunque vomitaba mucho, gané casi 5 kg. Tenía muchísimo hambre, cada dos horas comía, y por las noches, me despertaba con hambre y tenía que reponer combustible. Mi cuerpo me lo pedía, necesitaba reservas. Así que en seis meses de embarazo, engordé 12kg, que me vinieron muy bien. En toda mi vida no había conseguido subir de peso, así que estaba (estoy) muy contenta con mi nuevo cuerpo. La barriga en seguida se me empezó a notar, al ser tan poca cosa, sólo se me veía barriga. Hicimos fotografías cada semana para ver su evolución, queríamos tener muchos recuerdos del embarazo.

Un bonito día en la playa

Un bonito día en la playa

Me compré un libro sobre la evolución del embarazo muy detallado, día a día. Disfrutaba mucho leyendo cada semana su evolución, qué se había formado, el tamaño que tenía, y mirando las ilustraciones que me hacían visualizarlo. Empecé a leerme un libro de Carlos González, (Comer, Amar, Mamar), que lo tenía pendiente de años atrás, pero nunca me atrevía a leer, ya que no estaba convencida de poder tener un hijo. También empecé un diario en el que quería ir explicándole a mi hijo como era su embarazo, para regalárselo cuando fuese mayor. El diario no pude escribirlo más que las primeras semanas, ya que, primero con los vómitos y el cansancio del primer trimestre, lo fui dejando, y más adelante, empezaron los problemas.

No nos iban las cosas muy bien en el aspecto económico, pero toda la familia hizo lo posible para ayudarnos y empezar a pensar en lo que nos haría falta. Mi tía, empezó a tejer ropita preciosa, mi madre empezó a comprar cositas, la madre de mi pareja también nos regaló ropa y un juego completo de ropa de cuna. ¡Hasta nos llegaron regalos de amigas de mi madre! La hermana mayor de mi pareja, además de regalarnos unas bambas, consiguió de sus amigas un montón de bolsas de ropa de 0 a 9 meses, una bañera, sillita para el coche, zapatos, un carrito, parque de juegos… Vamos, que no tuvimos que comprar nada, estaba casi todo preparado. Solamente nos dimos el capricho de comprarle un gorrito y unas manoplas muy bonitas.

A las 16 semanas, antes de irme a dormir, estirada boca arriba en la cama, noté a mi hijo por primera vez. Eran unas burbujitas muy leves, en un principio pensé que era otra cosa. Pero me di cuenta que si ponía la mano en mi tripa, él me contestaba, y siempre lo sentía por la noche. Le dije a mi pareja que creía que lo había sentido, pero que no estaba segura porqué era muy pronto, y cada noche fui comprobando que el patrón se repetía. Se lo comenté a mi madre, y a mi prima, y las dos me dijeron que, esa sensación que tuve, era mi hijo con toda seguridad. Y lo era, cada día fue notándose más claro y fuerte ese burbujeo, hasta que a las 19 semanas, ya eran movimientos inconfundibles.

Tomando el sol en el río

Tomando el sol en el río

De los movimientos de Aritz en mi barriga tengo recuerdos muy bonitos, estábamos muy conectados. Una tarde, estaba tumbada en el sofá, con mi gato Flip pegado a la barriga, y Aritz le dio una patada tan fuerte que se despertó, me miró indignado, y se fue. Nos reímos mucho. Las dos gatas (Maru y Joy), estaban muy cariñosas, siempre encima de mí, sobre todo Maru, que era la “bebé” de la casa con meses entonces. Se dormía encima de mi cabeza por las noches, y como buena mamífera, intentaba siempre estar en contacto físico conmigo (su mamá adoptiva). Otro día, poco antes del parto, me llené la bañera, pues ya estaba con contracciones y quise ver si me aliviaba el agua caliente (se lo comenté a mi comadrona y me dijo que, ningún problema, pero ahora pienso que no debería haberlo hecho). Aritz estaba juguetón, era un bebé con mucha energía, y se movía tan fuerte, que generaba ondas de agua en la bañera. Aunque estaba con mucho dolor, me hizo reír mucho.

Hasta en los peores momentos, disfrutamos del embrazo, no dejó de hacerme sonreír sentirle tan vivo dentro de mí. En la siguiente entrada, os contaré los recuerdos más oscuros del embarazo de Aritz. Sin duda, los que prevalecen en mi mente son los que os he contado aquí, los bonitos.

 

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