Animales mamíferos: mi gato Flip

Como son parte de la familia Mamífera, voy a presentar a nuestros animalicos, haré un post para cada uno, lo merecen. Empezando por los gatos, tenemos tres: Flip, Joy y Maru (por orden de edad y llegada).

Por nuestro hogar han pasado muchos animalillos, de los que ya hablaré, mamíferos, reptiles, exóticos… Actualmente, además de los felinos, viven con nosotros una tortuga rusa llamada Antònia, y un erizo africano, Pintxo.

Para nosotros estar acompañados de fierecillas es necesario, nos dan amor, compañía, risas, ternura, consuelo… No salimos nunca de casa más que un día o dos por estar con ellos, y no es que estemos atados por obligación, lo hacemos por gusto, cuando les tenemos lejos nos falta nuestra manada.

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Yo recuerdo haber tenido animales siempre, de todo tipo, así que no concibo un hogar sin ellos. Son parte de mi historia, mi personalidad y me han enseñado muchísimo. Con cualquier especie animal encuentro un lenguaje, una manera de entendernos, y tengo una especial conexión con los gatos. Son para mi, el compañero perfecto, me siento muy identificada con ellos, me apasionan. De hecho, uno de mis sueños es estudiar etología felina, y estuve a punto de hacerlo hace unos años, pero no pude por cuestiones económicas. Pero por mi cuenta he devorado libros de etología de varias especies, y he disfrutado mucho aprendiendo.

FLIP, Y SU MAMÁ

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Flip es mi gato, el gato, mi fiel compañero. Nació en mi casa, cuando yo tenía 14 años, hijo de mi gata Sindy, la gata que me acompañó gran parte de mi infancia. Era una tricolor preciosa, grande, esbelta, cariñosa, muy inteligente y callejera. Llegó a casa de bebé, nos la dio alguien del pueblo cuando hacía apenas un palmo, y convivió con nuestra perrita Yeka (que se merece un post para ella solita también).

Como os he dicho, era muy callejera, y cuando los gatos estaban en época de celo la venían a rondar. Ella que era muy valiente, en un descuido nuestro, se tiraba balcón abajo y se iba de fiesta la noche entera. No estaba esterilizada, le poníamos unas inyecciones cuando le tocaba el celo, pero se nos adelantaba… Obviamente, volvía a casa sucia y despeinada, y nos trajo dos embarazos. Del segundo nació Flip.

Me enamoré de él en cuanto le vi, era el rarito, el que estaba apartado de sus hermanos, y tenía la voz ronca (todavía la tiene, es su sello de identidad). Mi padre y su pareja querían quedarse a uno de los gatitos y en seguida supe que era él. Así que le escogí de entre sus hermanos a los que dimos, y se quedó en casa el tiempo de lactancia, hasta que fue a casa de mi padre.

Poco después, me fui yo a vivir con mi padre, y cuando me fui a vivir sola (excepto los primeros dos años que estuve en un piso en el que no podía tener animales), me lo llevé conmigo. Así que Flip siempre ha sido muy mío. Tenemos mucha conexión, nos comunicamos con la mirada, y entiende perfectamente todo lo que le digo. Son tantos años juntos que hasta nos leemos la mente.

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Es un gato solitario, pero a mi me necesita mucho. Aunque va mucho a su rollo, sobre todo con las personas extrañas, no es antisocial, y con los animales de todo tipo se lleva bien, excepto con los perros, a los que tolera en la distancia. Ha convivido perfectamente con un periquito, dos cobayas, 3 conejos, una tortuga y un camaleón, además de con más gatos.

Está vasectomizado en vez de castrado, así que tiene un carácter muy peculiar, casi como un gato callejero. Es muy fuerte, esbelto, y tiene la cabeza enorme (por las glándulas de machito que no le quitamos), y de vez en cuando nos regala un pipí para marcar territorio por estar “entero”, pero siempre se lo perdonamos.

Es muy friolero, y le encanta dormir pegadito a mi, y si es invierno, debajo de las sábanas. Solamente en los primeros meses de mis embarazos ha estado más distante conmigo y me llegué a preocupar en el embarazo de Aritz, porque no quería dormir conmigo, pero pasados los tres primeros meses, vuelve a la normalidad.

La barriga es su punto débil, y cuando está en su momento de mimos o estirado a mi lado ronronea muy fuerte. Todas las telas calentitas le encantan, en especial la pana, cuando ve a Mamífero con sus pantalones siempre se va con él.

Le gusta que le ponga bufandas, o algo de ropa de abrigo, y los collares (a mis gatos no les pongo collar de gato), sobre todo uno de pinchos mío, se siente guapo y le gusta que se lo diga.

Para ser el abuelito de la casa (la primavera que viene cumplirá 17 añazos), está todavía muy ágil. De los tres es el que más alto salta y siempre se sube a los lugares más altos de la casa para investigar y ampliar terreno. Es el controlador de la casa, todo lo vigila y supervisa, gatas incluídas.

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El año pasado se le cayó un colmillo, pero por lo demás está hecho un chaval. En toda su vida ha tenido dos problemas de salud, bastante graves: siendo jovencito se cayó de un 5º piso, y se partió la mandíbula. Y hace unos 10 años, tuvo una obstrucción en la vejiga por cálculos bastante seria, y sufre de incontinencia desde entonces.

Le encanta tomar el sol o estar cerca de cualquier fuente de calor, el fuet, y el líquido de las olivas, son sus cosas preferidas de la vida.  También, debido a sus hormonas, es marcador compulsivo. Lo sé, todos los gatos se frotan en las esquinas de todos los muebles y dejan su olor, pero él mucho más.

Su mayor obsesión es el agua, le encanta beber del lavamanos, el agua que queda después de ducharnos, de cualquier vaso que dejemos, de los platos por fregar, y si se cae una gota de agua en el suelo, es para él. Es tan obsesivo con el agua que tenemos que cerrar el lavabo, porque sino se pasa el día encima de a pica esperando a que alguien abra el grifo. Es muy inteligente y viejo diablo, es el más pícaro y oportunista de los tres. Os dejo este vídeo en el que veréis que bebe con tanta pasión que no deja a Maru:

 

Otra manía que tiene es esperar al lado de las puertas cerradas, aunque acabe de venir del otro lado. Sin decir nada, se queda ahí esperando a que alguien pase para cambiar de lado de la puerta, y ahí se queda, esperando otra vez.

Desde que llegó la bebé, Maru, ahora tiene una segunda obsesión, ella. La lava compulsivamente, le huele el culo, la persigue… lo tiene enamorado. Con ella lo hemos vuelto a ver correr y jugar como cuando era jovencito, le ha rejuvenecido. Os dejo este enlace por si queréis verlo en plena acción lavando a Maru.

 

Este último año, le ha dado por gritar, a pleno pulmón, como si se muriese. Ya lo hacía en épocas de celo por no estar castrado, pero se le pasaba. Ahora no, cada día (y noche) pega sus maullidos, cada vez más fuerte hasta que se cansa. Con Mamífero hacemos bromas de que como esta muy mayor a lo mejor no oye bien y por eso grita tan fuerte, o que empieza a estar senil y le dan locuras.

Me esperanza ver que no decae, que pasan los años y sigue siendo el mismo, con sus rutinas, sus manías, sus obsesiones… Pero sufro pensando en que es mayor y que algún día nos dejará, y me faltará un ser muy especial. Es un gato único, como todos, pero para mi es irreemplazable. Fue el primer animal del que me responsabilicé en solitario, mi compañero de piso y de muchas aventuras en la vida.

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Abrazos mamíferos ❤

 

 

Desmintiendo tópicos… El embarazo tras una pérdida gestacional.

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Cuando te vuelves a quedar embarazada después de perder un hij@, todo son buenas esperanzas, alegría e ilusión. Y aunque así lo vivas la mayor parte del tiempo, y te sientas afortunada y feliz, un embarazo no pone fin a un duelo. Así que no siempre estás en esa nube. Te das cuenta de que por lo general, sólo por estar esperando un bebé, se suele dar por hecho, que estás mejor, que lo has superado, ya que ahora tienes una nueva alegría y las penas deben quedarse atrás. Y en parte es verdad, seguramente una nueva alegría, ya sea un hijo o cualquier proyecto que te ilusione, te hace los días más llevaderos. Pero que los días pasen más livianos, no implica que el vacío no siga existiendo, y que tengas días en los que la tristeza haga sombra a la felicidad. Un sentimiento no sustituye al otro, ya que un hij@ es insustituible, y lo que le pasa a una familia en ésta situación es que tiene el corazón dividido. Por una parte vives el momento, lo disfrutas y agradeces, pero por la otra, sigues echando de menos al que te falta. Precisamente ahora que estoy embarazada, es cuando más le hecho de menos, es inevitable. No puedo no pensar que éste nuevo ser, tiene un hermanito, que no es mi primer hij@.  Aunque pase el tiempo, el dolor se revive cada vez que lo recuerdas. Aunque aprendas a sobrellevarlo, llores menos, o pienses menos, el amor que sientes siempre será el mismo, así como su vacío. Lo que se ve por fuera, no refleja todo lo que sentimos. Que yo hoy sonría, solamente implica que he transformado mi llanto en algo distinto, o que ahora no necesito manifestarlo de ésa manera. Pero tampoco significa que no le vaya a llorar más. Por eso, pensar que alguien que rehace su vida, olvida, supera, o deja atrás el dolor, es una mala premisa. Ya que lo que estamos haciendo es, precisamente, lidiar con ése vacío lo mejor que podemos,  pero éso no implica que no tengamos presente la ausencia de nuestro hij@.

Además, ocurre que, la mayoría no vuelven a preguntar cómo lo llevas, o nunca más mencionan al hij@ que se fué. Y aunque muchos no lo hacen precisamente para no revolver las heridas, duele más que eviten nombrarlo. Se queda en el olvido ése ser al que tu nunca olvidarás, y que llevas cada día en tu mente como parte inseparable de tí mism@. Y es bonito que te recuerden que creaste un ser único e irrepetible, que ya no está, pero que los que te quieren también le tienen presente. Te quedas sol@ en el proceso de duelo porqué se supone que estás en un momento mejor, y si, quizá estás mejor, pero nunca se acaba ése proceso, pueden haber altibajos y el apoyo siempre viene bien.

Ante la noticia de un nuevo embarazo, lo más probable que te digan es algo como: “Éste embarazo si que irá bien.”, “No tiene por qué volver a pasar.”,  y en general, se anima a la familia como si se tuviese la seguridad de conocer el futuro. Aunque obviamente tengan la intención de ofrecernos seguridad y buenas esperanzas, nos puede incomodar, al menos, a mí me pasa. Y es que, a veces dudas, te hundes, y te preparas para lo peor, nada más que “por si acaso”, no nos lo vayamos a creer del todo.

No hay nadie más realista que una madre que ha sufrido una pérdida, y si son varias como en mi caso, sabes que nunca hay nada seguro. Siempre dudas, y cuando escuchas una afirmación así, piensas: no, nadie lo sabe. Aunque la intención sea buena, es solamente un buen deseo. Y claro que soy positiva, ser realista no me quita la esperanza ni las ganas de pensar que sí, puede ir bien ésta vez. Pero me lo tomo como una posibilidad, no como un hecho, ya que duele demasiado dar por sentado algo tan delicado para mí. Agradezco infinitamente a tod@s los que creéis que va a ir bien y así me lo decís, de verdad que sé que es un bonito gesto. Pero para mí, creerlo o no, no cambia las cosas, yo creí que mi hijo sobreviviría hasta el último momento, y te das cuenta que al final, lo que tiene que ser, es. Así que prefiero ni siquiera plantearme si va a salir adelante este bebé o no, solamente disfruto y vivo el momento. Así que, creo, que en cualquier caso, es siempre mejor escuchar y preguntar cómo lo vives, cual es el enfoque de la persona en particular, antes de hacer frases hechas, por muy buena intención que lleven.

Otro tópico que encuentro a menudo, es el de que un hijo que no está no ocupa un lugar al mismo nivel que los que viven.Este nuevo hij@, aunque lleve más semanas de gestación, aunque viva una larga vida a nuestro lado, no es más hijo que el que perdimos. Normalmente los que no han perdido un hij@, no lo ven así. Pero para muchas familias, el que se fue, siempre tiene un lugar. Al igual que entre hermanos los padres no hacen distinción, una familia en duelo quiere y tiene presentes a todos sus hijos. Cuando unos papás esperan el nacimiento de un hij@, ya le han dado un nombre, han imaginado su vida con él o ella, le han dado un lugar en sus vidas, y tantas cosas más, que ése hueco es imborrable e insustituible. Comparar a un hijo con vida con uno que no puede volver a hacer todo lo que el vivo hará, duele, y es injusto. Por eso no podemos quererle menos por lo que no pudo ser, sino que le queremos sólo porqué existió y nos dejó su huella. Es difícil de entender desde fuera, por no decir imposible, ya que sólo los padres saben la implicación que tenían con su bebé y lo presente que lo tienen. Evidentemente hay personas que deciden gestionarlo de distinta manera, y para algunas, es más práctico intentar olvidar, o minimizar la pérdida y eso también es respetable.

Algo que suele pasar, es que acostumbran a no considerarte madre simplemente por no tener un hijo vivo. La mayoría no te ven así, y siguen esperando que el embarazo acabe en final feliz para hacerte merecer ése título.  Suelen dar la enhorabuena cuando pares un hijo vivo, y al estar esperando un bebé, se dice que vas a ser mamá, en un futuro.  Yo, personalmente, llevo muy mal que no se entienda que una cambia en cuanto gesta una vida, incluso antes, cuando te planteas buscar un embarazo, tu perspectiva y tus prioridades se ven drásticamente modificadas por ése deseo. Para mí, el día de la madre, fue muy doloroso vivirlo sin mi hijo, y todavía lo agudizó más el hecho de que nadie me felicitó… Nadie pensó en mi como madre, excepto mi pareja, que sabe lo doloroso que es, y me mandó un precioso mensaje felicitándome por ser la mamá de nuestro hijo y de los que quedan por venir. Obviamente no tengo ciertas experiencias maternales como cuidar a mi bebé, pero tengo las mías, que desgraciadamente son otras, y me han cambiado la vida por completo. Debemos abrir la mente y dejar de entender el papel de madre, únicamente como lo percibimos en la amplia mayoría de la población, hay muchas maneras de vivir la maternidad. El duelo por muerte perinatal, es una experiencia que es inherente al hecho de ser, de sentirse madre y amar a un hijo, así que es innegable que, una es madre con o sin hijos vivos.

Al haber pasado por una pérdida, te insisten mucho en que debes vivirlo con alegría, calma, paz… y no sucumbir a los miedos por el bien de tu bebé. Y es muy negativo sentir la obligación de tener que estar tranquila porqué no quieres que tu bebé sufra por tu culpa. Sobre todo, porqué es imposible estar siempre bien, y te sientes muy culpable y angustiada cuando te asaltan los fantasmas, que son incontrolables. Así que es importante no presionar diciendo cómo debería sentirse a la mamá embarazada, que una ya se autoexige mucho. El duelo transcurre con altibajos y es sano y normal sentir inseguridad y expresarlo, que nadie te frene.

A todas las que estamos en ésta situación me gustaría darles mi apoyo, y el consejo de que no se juzguen, que se permitan sentir y soltar, que no se sientan obligadas a estar en una nube por esperar otro bebé. Si nos quedamos las cosas dentro acabarán doliendo y pueden salir en el peor de los momentos, como en el puerperio. Es mejor llorar si lo necesitas, que reprimirlo, ya que tu hijo va a saber igualmente que a mamá le preocupa algo. Los nuevos embarazos siempre remueven cosas, y después de una pérdida, todavía más. Así que si nos vuelven los miedos, no pensemos que hemos vuelto atrás, simplemente prestemos atención a lo que nos quieren decir, ya que, creo que son una buena oportunidad para trabajarlos más a fondo.

 

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Abrazos mamíferos ❤