Las navidades en mi vida

Nunca he sido especialmente navideña, ni siquiera de pequeña cuando se suponía que el disfrute infantil de las fiestas es algo tan mágico. Claro que me gustaba ver a mis primos, tíos, abuelos… y recibir regalos también, pero me abrumaba la cantidad, el ambiente, la impaciencia, las miradas atentas mientras desenvolvía un paquete. Si, he sido una niña rara, y lo sigo siendo, no me gusta nada ser el centro de atención, ni siquiera en situaciones tan alegres como recibir un regalo.

A esto se sumó que mi abuelo murió poco antes de Navidad, cuando yo tenía 9 años, y a partir de allí, las cosas cambiaron mucho en mi familia materna (con la paterna ya no teníamos relación entonces). La familia se dividió, y perdí la relación con mi abuela y la mayoría de primos y tíos. Desde entonces, las fiestas las celebramos únicamente en casa de mi tía, la única que me queda (además de otro tío que vive lejos), y la que más empeño pone en mantenernos unidos.

Adoro a mi tía, y mi primo es para mí el referente más sólido de la unión desde la tierna infancia a un, ahora ya, adulto, al que veo menos, pero al que quiero con locura. Aunque sienta tanto afecto por ellos, parece que haga mi vida al margen y no me importen, pero siempre los tengo presentes.

A pesar de eso, las Navidades se me empezaron a atragantar, por lo que he comentado antes. Siempre se respiraba en el ambiente algo de tristeza, y recuerdos de tiempos mejores. Además, se añadió el hecho de que mis padres se separaron, y entonces, mi padre decidió retomar (aunque fue algo temporal) la relación con su familia. A partir de allí, para mi era una pesadilla el período vacacional de invierno, ya que debía decidir, o más bien negociar entre mis padres, con quién pasaba cada día.

Era una tortura sentir que debía estar en dos lugares a la vez, era imposible, y sabiendo que eso, entristecería a unos u otros. Además de que los primeros años de separación fueron bastante duros, con peleas entre mis padres que no querían ni verse, y yo debía de hacer de mensajera y mediar para tomar esas decisiones en “consenso”.

Con 17 años empecé a trabajar en la hostelería, así que empezó otro de mis problemas con tan señaladas fiestas: no tenía fiesta. Estudiaba y trabajaba, así que era imposible estar con dos familias festejando y trabajando tardes y noches. Empecé a ausentarme de esas comidas cuando era imposible, y a compaginarlo como podía si lo conseguía cuadrar, pero claro, siempre fallaba en alguna fecha.

Me emancipé pronto, y pronto también, dejé los estudios harta de no llegar a todo, hacer las cosas a medias, de ir cansada y sentir que, igualmente, quedaba mal con todo el mundo. Y conseguí un trabajo como administrativa que compaginaba mucho mejor con las festividades y la vida “normal”. Pero me eché novio, y claro, queríamos pasar tiempo juntos, y también empecé a acudir a comidas familiares con su familia. Lo que me quitaba tiempo para estar con mi padre, mi madre, y el resto de familia, y otra vez, tenía que dividirme, decidir, y complacer un poco a todos.

Cada familiar vivía en una punta de la provincia, y yo en una ciudad bien comunicada, pero sin medio de transporte privado, así que me organizaba como buenamente podía para ir de aquí para allá en transporte público. Pese a esto, nunca he sentido que pudiese hacer suficiente, y siempre he quedado como la despegada de la familia. Además de ser muy independiente, no llamar casi nunca, vivir lejos, no tener espíritu navideño… Si, eso es todo mi culpa, o mi manera de ser, pero no significa que me importen menos.

En cuanto me mudé a mi pisito, invité a mi familia a una cena de Navidad, la primera que organizaba yo con mi pareja de entonces. Y me sentí muy bien de que, por un año, pudiese aportar algo en la celebración, y viniesen ellos a verme a mi casa. Pero eso no se ha vuelto a repetir, ya que a mi tía le encanta organizarlo, cocinar con esmero, y reunirnos a todos. Y es algo que entiendo y respeto.

El trabajo como administrativa no me gustaba, no era lo mío, nunca me han gustado los números, ni los ordenadores, ni el trabajo estático… Me sentía como un pez en el desierto: la chica de las rastas entre aquellos señores con traje que me toleraban porque era nuera del antiguo jefe… Además, tantas horas sentada, acrecentaron mis dolores de espalda, y empecé a padecer ciática. Por eso, tuve que coger la baja, y me echaron de la empresa.

Trabajé después en una tienda de productos ecológicos de un amigo, dónde aprendí y disfruté bastante, pero fue algo temporal. Y luego volví a la hostelería, mi vieja amiga, que es un trabajo esclavo, pero me pasaban las horas muy rápido con la caña de los servicios. Pero claro, volví a pringar todos los fines de semana, festivos, puentes, vacaciones, y demás.

Cuando me fui a vivir con Mamífero a donde Cristo perdió la zapatilla, y ambos trabajábamos de camareros, se nos complicó el doble. Siempre en esa tesitura, esperando los horarios a última hora, para decidir como quedar con las familias. Y a ver a quien le dábamos el disgusto o el placer para Navidades. Cada año tenemos a ambas familias en vilo, preguntando desde un mes antes como lo organizamos, y claro, nosotros no tenemos respuestas hasta la semana antes.

A esto le sumamos que, en Noviembre, cierran el sitio dónde trabaja Mamífero, y es un mes que no cobramos (contrato fijo-discontinuo, o contrato basura, vamos), por lo que Diciembre se presenta siempre muy difícil. Así que no tenemos dinero para hacer regalos, a duras penas pagamos las facturas, y el gasto de gasolina para ir comer con la familia es un problema añadido. Por suerte, son fechas en las que siempre nos cae una buena ayuda económica de las familias, pero nos sabe mal que nunca llegue para hacer algún detallito.

Estos últimos años, las navidades han sido significativamente mucho más tristes… Much@s sabéis lo duro que es tener problemas de infertilidad y pasar otro año más con los brazos o el vientre vacíos. Además, en diciembre, el año pasado, perdimos a nuestro hijo, por lo que se hace muy cuesta arriba este mes.

Desde que estamos juntos, hace ya 8 años, hemos tenido que optar por pasar las pocas fiestas que podíamos divididos. Él con los suyos, y yo con los míos, y eso acaba cansando, porque él es mi familia, y me gusta tenerle entre los míos, y estar con los suyos también. Solamente este año y el pasado hemos podido pasar las fiestas juntos, después de 8 años, hemos celebrado las navidades juntos.

El día de Navidad es el cumpleaños de una de las hermanas de Mamífero, y para Reyes el de mi tío y la abuela de Mamífero. Así que el año pasado, decidimos que lo más lógico era celebrar la Navidad con su familia, y Reyes con los míos (o fechas circundantes, según nos lo permitan sus horarios de trabajo). Con sus hermanas apenas nos vemos el resto del año, y es una pena, de hecho, no nos habíamos visto desde las Navidades pasadas. Por lo que nos parecía importante priorizar esa fecha en la que se juntan todos: hermanas, cuñados y sobrinos. Ya que el resto del año por trabajo, es tan difícil que coincidamos, ya que ellos tienen libres los fines de semana como la mayoría, y para Mamífero no existen fines de semana.

Pero nunca llueve a gusto de todos, y sé que a mi tía y a mi madre lo que les gusta celebrar es la nochebuena, y seguramente les ha molestado que no estemos allí. Pero era imposible, ya que Mamífero trabajaba, estamos a dos horas de viaje en coche de su casa, y era inviable ir a la cena. Y como tanto mis tíos como mi madre están jubilados, es más sencillo quedar con ellos en otra fecha, lo importante es juntarnos.

Aunque todo parece lógico, al menos a mi parecer, me siento mal por no poder estar en todas partes. Mi madre dice que “si prefiero estar con ellos” y siento que los demás están dolidos… La sensación de cada año me persigue, y por eso se me atragantan estas fiestas. Y ya imagino que cuando Biel esté aquí, todavía estaremos más solicitados…

Mamífero va cansado en estas fechas en las que se trabaja tanto, y se tiene que pegar unas horas en la carretera en sus días u horas de fiesta. Como nosotros somos los que tenemos unos horarios distintos, debemos hacer un esfuerzo para adaptarnos, pero a veces es imposible.

Es difícil de entender desde fuera, desde la normalidad de tener unos cuantos días de fiesta para descansar, repartir comidas en una u otra casa, y simplemente, disfrutar del momento. Creo que es más sencillo quitarle hierro al asunto, y darle importancia al hecho de estar juntos, no a la fecha.

He estado meditando mucho sobre si publicar esto o no, ya que se que puede sentar mal a mi familia, y debo aclarar que no es mi intención herirles. Entiendo que para ellos todo tendrá otra perspectiva, y que seguramente, que yo me sienta tan mal es algo que yo misma debo de gestionar, al margen de si por su parte existe algún malestar con las decisiones que tomo. Simplemente lo escribo porque es como me siento, y este es mi lugar de desahogo, en el que, si quieren, pueden saber lo que siento, y comprenderlo o juzgarme.

Y a vosotr@s, ¿se os complican tanto estas fechas?

Si te ha gustado lo que has leído, no dudes en compartir, comentar, darle a me gusta y seguir mi blog! Gracias por leerme 🙂

Abrazos mamíferos ❤