Biel comiendo puños

Como ahora mi-nuestra vida, está tan felizmente condicionada por los ritmos de Biel, estreno una nueva sección humorísitico-pictórica en el blog: humor mamífero. Ya que no tengo demasiado tiempo para escribir  (y hacerlo con el bebote en brazos-teta es más complicado) pero nos pasan cosas muy divertidas, iré contando breves anécdotas o ilustrando momentos como este. ¿Os parece?

El mini-post de hoy, es para enseñaros la cara de loki-loker que pone mi cachorrillo comiéndose los puños, algo que hace desde el primer día. Y al lado, la zumbada de su madre imitándole…

Biel es clavado a su padre, pero desede luego, las caras de loco son mías! XD

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A ver si me deja escribir el monete y publico una entrada decente algún día… 😉

 

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Abrazos mamíferos ❤

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Primeros dias con Biel

Saco la cabecita por aquí un momento, el tiempo que el peque me conceda para poder escribir algo (en realidad han pasado días desde que empecé este post hasta que he podido publicarlo… ) sobre estos primeros días de pa/maternidad terrenal. Somos inexpertos, sabemos poco de bebés y nos ha cambiado la vida en todos los aspectos, pero creo que lo llevamos bastante bien.

Biel nació la madrugada del día 24 de febrero, a las 3:50, con 3,020 kg de peso y 47 centímetros, un bebé pequeñito pero bien proporcionado. Al salir del hospital se quedó en 2,800 kg y con nueve días de vida, lo llevamos a la enfermera y ya había subido a 3,070 kg, y había crecido 2 centímetros 🙂

Lo primero que hizo al llegar a esta realidad fue llorar y patear enfadado, lo normal cuando sales a un ambiente tan hostil comparado con la tranquilidad uterina. En su caso, la salida fue especialmente brusca, (algo que ya explicaré más detenidamente cuando pueda ponerme a escribir sobre el parto), pero aún así, el test de APGAR fue 9-10-10.

Me lo pusieron en seguida encima, calentito, húmedo y desprendiendo ese olor tan dulce y especial que me emociona tanto al recordarlo… Estaba espabilado, mirándonos, y moviéndose con energía, y nosotros muriendo de amor… Inmediatamente después, se hizo el apacible silencio cuando se cogió al pecho, que instintivo, y con qué fuerza mamaba… Tenemos un vídeo de ese primer momento, espero poder colgarlo y compartirlo con vosotr@s.

Mientras mamaba me iban cosiendo, y una de las chicas que me asistió en el parto nos fue corrigiendo la postura, nos fue de gran ayuda empezar la lactancia tan pronto y bien asesorados. Luego, nos dejaron solos a los tres un par de horas, en la penumbra, conociéndonos, piel con piel, oliéndonos y enamorándonos de nuestro cachorrito. No nos lo creíamos, él estaba con nosotros, era real, y estaba todo perfecto. La revisión se la hicieron después, sin prisas y sin separarnos, Mamífero le puso su ropita, todo le quedaba grande… y a las 7 de la mañana nos fuimos a la habitación a empezar el primer día de nuestra nueva vida.

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Primera toma en la sala de partos

El primer día en el hospital, tardamos una eternidad en cambiar un pañal entre los dos, y menos mal que estaba mi madre en ese momento, que le lavó el culete en el baño porque no sabíamos por dónde coger esa plasta de meconio. Los primeros cambios de ropa y pañal fueron en equipo, vestir a este monete que se retuerce mientras tanto nos parecía tan difícil… Uno le levanta las patitas y el otro coloca el pañal, uno limpia y el otro lo aguanta para que no meta los pies en la caquita… Pero con las veces que hay que hacerlo al día, al segundo día cogimos velocidad, práctica, y seguridad, así que nos atrevimos a quedarnos a solas con el cachorro y enfrentarnos a sus cacas explosivas, los pipís sorpresa, vómitos y lloros mientras tanto.

Nuestros días ahora transcurren en esa rutina: mamar, cambiar pañal y volver a empezar. Y aprovechar cuando duerme para hacer todo lo demás, amoldándonos a su ritmo. Biel mama cada 2-3 horas, a veces alarga algo más (no muchas veces) y otras menos, y es casi continuo. La primera noche en el hospital apenas dormí una hora, pero me sentó de maravilla. Me despertaba a cada movimiento o ruidito suyo, y me costaba volver a coger el sueño de lo feliz que era teniéndole al lado… Y aunque estaba recién parida y llevaba tres días sin dormir, estaba fresca y me sentía con fuerzas (¡benditas hormonas!).

Colechamos desde el primer momento, y aunque teníamos la cuna de colecho adosada a la cama, Biel necesita contacto contínuo, por lo que duerme en nuestra cama. Es muy cómodo tenerle al lado y no tener ni que moverme para comprobar que está bien o calmarle si se despierta. Le doy el pecho estirada por lo que descanso bastante entre tomas, y muchas veces nos dormimos los dos mientras mama. Hoy hemos decidido darle la vuelta al colchón, dejándolo horizontal, y hemos anexado la cuna a los pies de la cama. Con esto, hemos conseguido tener una cama de colecho de 1’80 para estar los tres bien anchos 🙂

La lactancia como veis, nos va estupendamente, en el hospital nos dieron muchos consejos y ayuda. He ido perfeccionando la postura y con eso, ha mejorado el agarre, con el pecho derecho nos cuesta algo más, por alguna razón no se coge tan bien como con el otro y tengo una pequeña grieta. Algo que nos aconsejaron es no dejar que llegue a tener hambre, ya que cuando llega a ese punto se desespera, le cuesta encontrar el pezón, y succiona demasiado fuerte. Estando pendientes de sus señales nos anticipamos al llanto y todo es más fácil.

Por lo general, se queda muy satisfecho después de cada toma y duerme apaciblemente, solamente tiene un ratito al día (entre la hora de la cena y la de dormir) en el que le llora inconsolable, suponemos que es porque al final del día acumula gases y le duele la barriguita. Cuando se desespera da mucha penita e impotencia, la leche me gotea de los pechos y me da por llorar a mi de verle sufrir y no poder aydarle… Es desesperante y te sientes tan mal cuando no puedes calmarle 😦

La peor de noche fue su segundo día de vida, creemos que fue por la subida de la leche y el cambio que supone digerir más cantidad. Para que no pase ese mal rato estoy tomando infusiones de manzanilla con anís (para evitar los gases), e intentamos que vaya sacándolos a cada toma, le masajeamos la barriguita, le ayudamos subiéndole las piernas a que se tire pedetes o haga caca, le cogemos por la barriguita boca abajo… Parece que algo mejora, ayer, además le dimos un baño antes de la cena, y apenas se quejó, pero si que le costó dormirse. Se ha despertado cada hora quejoso, y de madrugada ha hecho una caca explosiva que ha rebasado el pañal.

Somos afortunados, Biel es un niño tranquilo y sano, y aunque si que estamos mucho más cansados, no es tan grave. Realmente, es mejor de lo que esperaba, pensaba que estaría más superada por todo, y no, me siento con fuerzas y buen ánimo para seguir así los años que haga falta. Únicamente me dan bajones cuando no puedo calmarle, y es porque se me junta con mi cansancio al final del día, la falta de sueño contínua y el dolorcillo de los puntos y los achaques del puerperio. Por suerte, Mamífero es un padre genial, se le da muy bien calmarle, y él siempre está ahí para lo que haga falta.

Lo pasamos muy bien con él, reímos con sus caras, nos emocionamos con él, y se nos cae la baba… Mamífero no para de hacerle fotos, y yo aunque me pase la mitad del día con él pegado a la teta, lo disfruto. Mirarle me llena de paz y no me puedo quitar la sonrisa de la cara, puedo pasarme horas mirándole, acariciándole y agradeciéndole que haya llegado a nuestras vidas.

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Antes de salir del hospital al día siguiente de nacer

 

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Abrazos mamíferos ❤

Latidos y nombre de nuestro hijo

Mamífero y un amigo (gràcies!!) me han ayudado y puedo compartir la grabación del latido del corazón de nuestro hijo 😀

Como os dije, no se escucha muy bien, veréis que se pierde y hace ruidos muy fuertes. Eso es porque el gamberrete se daba la vuelta y no paraba de moverse. No le gusta que le toquen elementos extraños (es como sus padres XD ).

Aquí lo tenéis 🙂  ❤

Y, por fin, decidimos y desvelamos el nombre que hemos elegido para él. Se llama Biel, un nombre catalán y balear (de origen), cortito como nos gustan, que suena muy dulce a la vez que fuerte.

Es diminutivo de Gabriel de origen hebreo, que no me gusta especialmente… Su representante bíblico es el arcángel que anunció a María el nacimiento del hijo de Dios, y su significado es “siervo del Señor”.

Esta información la añado por decir algo más sobre el nombre, pero nuestro criterio ha sido básicamente su sonoridad.

Espero que os guste la minientrada!!

 

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Abrazos mamíferos ❤

Carta de agradecimiento a nuestro hijo Aritz

Hoy, ya que es un día señalado en conmemoración a nuestros hijos, quiero compartir con vosotr@s una carta que escribí para nuestro hijo Aritz. Dos semanas después de su partida, la madrugada del 21 de diciembre de 2014.

No os olvidéis hoy de encender una velita por todos ellos, a las 19h. en cualquier parte del mundo ❤

Os copio primero un fragmento que encontré después de escribir mi carta, que es muy simbólico, sobre el cambio de ciclo. Es una especie de oración wicca para el solsticio de invierno (Yule), que me parece muy hermosa, enlaza y describe muy bien como me sentía en esa transición…

” Esta es la noche del solsticio, la noche más larga del año. Ahora las tinieblas triunfan, y aún así queda todavía un poco de luz. La respiración de la naturaleza está suspendida, todo espera, todo duerme. El rey oscuro vive en cada pequeña luz. Esperamos al alba, cuando la gran madre dará nuevamente, a luz al sol, con la promesa de una nueva primavera. Así es el nacimiento eterno, donde el tiempo nunca se detiene, en un círculo que lo envuelve todo. Giramos la rueda para sujetar la luz. Llamamos al sol del vientre de la noche. Así sea. “

Rueda de la vida pagana

Rueda del año pagana

Esta es la carta de agradecimiento que le dediqué a nuestro hijo. La transcribo de mi libreta, traducida, ya que siempre escribo en catalán.

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Solsticio de invierno, la noche más larga, y el día más corto.

Hace dos semanas que te fuiste, y parece una eternidad… Han sido noches realmente oscuras y largas sin ti. Días, horas y minutos densos y difíciles. Una pesadilla que dura demasiado tiempo, y muy poco, para poder asimilarlo como algo real. Un fin demasiado abrupto.

Mi útero palpita, empequeñeciéndose por tu ausencia, y me recuerda cuando jugabas dentro de mí… A veces, sonrío recordándolo, y otras lloro, pensando en lo felices que éramos contigo y cuánto te echamos de menos. Tu nos enseñaste a serlo, cuánta felicidad cabía en nosotros, pequeño-gran maestro.

Nos regalaste seis meses de la más absoluta dicha, que aunque ahora parezca lejana y dormida, todavía revive con tu recuerdo. En cuanto recuperemos las fuerzas, la retomaremos, y crecerá con nosotros tu legado. Tú siempre estás, y permanecerás con nosotros, vivirás en nuestra alegría, y luciremos nuestra felicidad para que puedas expresarte en nuestras sonrisas.

Con nosotros queda el recuerdo de esos meses felices, en los que saboreamos contigo cada momento mientras te esperábamos, celebramos tu crecimiento cada semana, cada recuerdo, anécdota… Disfrutamos pensando en todo lo que queríamos hacer contigo, y para ti. Aprovechamos cada instante, por suerte, juntos los tres, cada día, amándonos. Tu padre nos cuidó muchísimo, no lo tuvo fácil, pero lo hizo a la perfección. Gracias a él llegaste a este mundo, y con su ayuda, creciste y viviste sano dentro de mí. Es un gran compañero, un padre amoroso y entregado… Sin duda, es con quién quiero seguir el camino de aumentar nuestra familia.

Gracias a ti hijo mío, he aprendido a vivir desde la calma, a sopesar lo que realmente importa. A dejar atrás lo malo, y quedarme con lo bueno, lo único que importa. Desde esta nueva perspectiva, me he reencontrado con tu padre, sin intención de cambiar nada de nosotros mismos. La única pretensión que tengo, es exprimir cada instante de felicidad, y apoyarnos en los baches. Con lo que hemos vivido, me he dado cuenta de que es el hombre de mi vida ( junto a ti ). No le ha superado el dolor, ha madurado con él. Es más fuerte de lo que pensaba, ha sabido contenerme en situaciones límite, desde el amor más puro. Le amo infinitamente, cada día que pasa más.

Tu etapa de vida terrenal, ha supuesto para nosotros una unión más firme, y nos ha hecho más fuertes. Hemos crecido, gracias a ti. Desde que anidaste en mi vientre, empecé a querer mejorar como persona, a moldear mis defectos. No quería hacerte daño con mis miedos, por ser demasiado ansiosa o negativa. Quise ver la vida de otro color para transmitirte la mejor versión de este mundo. Te estoy inmensamente agradecida por enseñarme a disfrutar el ahora, a valorar lo que tenemos. Eso ya es parte de mi nueva yo, la que quiero seguir siendo de ahora en adelante. He aprendido a confiar en mí misma, en mi fortaleza natural. A agradecer y respetar mi cuerpo como templo de la vida que es. 

Tu me diste la seguridad que me faltaba, y por eso, ni siquiera en los peores momentos, tuve miedo. No me asustaba el dolor, ni siquiera cuando estaba en urgencias se me pasaba por la cabeza  la idea de perderte. Confiaba, los dos lo hacíamos, queríamos creer que estabas bien. Solamente me angustiaba tu bienestar, que no sufrieras. Nunca temí por mi misma, sabía que podía con todo.

Fue una gran lección hijo mío, ahora sabemos que en un futuro, debemos confiar en nuestra capacidad, no dejar lugar al sufrimiento, es lo único que podemos hacer. El miedo a lo que pueda pasar no os llevará a ninguna parte, no cambiará nada. Solamente aportaría más angustia, y eso no quise trsnsmitírtelo a ti, ni lo haré con tu/s herman@/s.

De la confianza y la seguridad, debemos sacar la fuerza y la entereza para luchar por nuestros derechos y una atención médica y emocional dignas. Contigo he vivido una dura experiencia, sumada a un trato indigno, que no vamos a volver a permitir. Me enseñaste que puedo parir, mi cuerpo sabe hacerlo. Nadie me va a decir como hacerlo, no me van a hacer sentir que ese proceso no me pertenece, nunca más. Gracias por permitirme tener esa experiencia tan empoderante.

Has sido tan buen maestro, en una vida tan corta, has cambiado tanto… y lo sigues haciendo. Soy otra, ya no somos los mismos. Seguiremos ese camino que nos has mostrado, contigo en otra dimensión, pero a nuestro lado. Y allí estarás, como referencia, cuando la cruda realidad nos vuelva a dar en la cara. Con lo que hemos aprendido, y lo que seguiremos cosechando, sabremos enfrentar y aprovechar lo que venga. 

Pasan los días, dolorosamente, nos alejan en un espacio físico y temporal. Tu alma, está con nosotros, eterna. Tan eterno como el vacío físico que dejaste en nuestra familia, eres irreemplazable. De la misma manera que la tristeza y la nostalgia me atrapan, también me invade la gratitud de haberte dado la vida, de haberte gestado, amado, parido y conocido. Todo lo que hemos vivido contigo e incluso, lo que imaginamos y nunca ocurrirá, es un bonito recuerdo. 

A partir de hoy, afortunadamente, las tristes noches, la parte del día más difícil de superar, se acortarán. Darán paso a la luz, día a día, en una transición lenta y dolorosa. La naturaleza es así, todo sigue, transmuta, y cuando te das cuenta, estás en algo totalmente distinto. Pasarán días eternos, llenos de dolor, indignación, ira, resentimiento, pena y vacío… sin ti. Cada uno de los días a partir de ahora, estará cojo, falto de una pieza clave. Espero que aprendamos a transitar esta nueva realidad imperfecta. Poco a poco, el cambio de ciclo nos llevará a la dulce primavera. Aquella en la que deberías haber nacido, si todo no se hubiese precipitado… Y entonces volveremos a llorarte, y a sonreírte. 

Cada día te recordaremos, existirás en nuestras nuevas alegrías y deseos, serás la luz guía de nuestras esperanzas. Seguramente caigamos muchas veces, empezar nuevos ciclos sin ti será duro. Pero sabremos disfrutarlos también en tu honor, como hacíamos tiempo atrás contigo. Aprovechando cada momento, cada oportunidad. 

Te queremos hijo, eres y serás parte de nuestra vida. El primer tesoro vital que hemos creado. Nunca, jamás, te olvidaremos. Siento una inmensa gratitud de haberte dado la vida, junto a tu padre. Si volviese atrás en el tiempo, volvería a buscarte y a disfrutarte, aunque implique volver a perderte.

Pequeño Aritz, eres un alma preciosa, irrepetible, un bebé perfecto. Gracias por existir. 

T’estimem, ara i sempre Aritz.

Emabarazada de tres meses :)

Embarazada de tres meses de ti 🙂

 

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Abrazos mamíferos ❤

Parto de Aritz, parte IV: te conozco.

Empiezo a estar muy concentrada, lo estoy haciendo bien… pero una mano de ése hombre se posa en mi pubis y la otra en mi periné, estirando, y grito de dolor al sentirlo. Le vuelvo a pedir que no me toque, pero insiste, por más que se lo diga. Pongo yo mi mano, instintivamente, para protegerme de la suya, porque me duele y para sentir si estaba coronando. Me dice que no me toque, me siento anulada, ¿por qué yo no puedo y él si? Es absurdo, es una simple una demostración de poder, y yo tengo que obedecer. Sólo consigue que me desconcentre y pierda confianza en mí misma.

Tanto él como la comadrona parece que empiezan a tener mucha prisa, en plena contracción le pasa un paquete del que saca algo metálico. Mi cabeza me avisa del peligro, no quiero una episiotomia, y veo que va decidido a hacer algo sin explicarme nada. Acerca esa cosa a mi vagina, y mientras le pregunto qué va a hacer, ya me lo ha metido. Son unos fórceps, los mueve y me hace muchísimo daño. Grito que me lo saque, es lo peor que me han hecho nunca, me siento violada. Siento como retuerce y tira de algo, y escucho un “plop”… Me ha roto la bolsa, simplemente porque tiene prisa, y no llevo ni 5 minutos empujando. Me siento como una espectadora sin voz ni voto, este hombre hace lo que quiere sin dignarse a mirarme, ni contestarme si le hablo. Sale el líquido caliente, me vacío de golpe, y siento el peso de mi hijo, noto perfectamente como va bajando por el canal del parto. Empujo un par de veces con todas mis fuerzas, quiero que se acabe para que no me haga más daño innecesario. Siento que estoy en una situación vulnerable, en peligro con éste hombre. Sé que mi hijo está a punto de salir, noto su cabeza dura, abriéndose paso, mi vagina estirándose… Y después de la cabeza, sale de repente como resbalando fuera de mí, escapándose, su blandito cuerpo.

Apenas le puedo ver entre mis piernas, está quieto, callado, y lloro… No me atrevo a tocarlo, es lo más irreal que he vivido nunca. Lo envuelven en una tela azul, cortan el cordón… y por fin, me preguntan si le quiero ver. Me cuesta reaccionar, no sé que hacer, me da miedo la situación… pero estoy segura de que quiero verle y digo que si. Me lo ponen delante, y le miro entre lágrimas… me fijo en cada detalle de su cara, le reconozco… Es como siempre me lo había imaginado, una boca pequeña y ojos como los de su padre, una naricita pequeña de bebé… Le acaricio y es lo más suave que he tocado nunca… Tiene una carita preciosa, todo en él excepto el pelo, está en su lugar, es tan perfecto… Cojo su manita, que es más pequeña que mi pulgar, y sus deditos son tan frágiles y blandos como fideos… Es lo más bonito y diminuto que he visto en mi vida, parece dormido, tan tranquilo… Pero sé que no lo está y me parte el corazón, sé que este momento pasará y me duele tanto separarme de él… es parte de mi, de los dos, se llevará consigo un trocito de ambos.

Todos están mirándonos , es una sensación horrible, me siento como la protagonista de una película morbosa y mala… Me gustaría tanto cogerle, olerle, hablarle, despedirnos con tranquilidad. Llorarlo en intimidad con su padre, dignamente. Pero no parece que quieran dejarnos ése momento, y a mí no me salen las palabras para pedirlo… No puedo soportar más verlo así, todos invadiendo nuestro momento, y dejo ir su manita. Le envuelven y lo dejan en una mesita, como a una cosa sin valor, me hace tanto daño que le traten con tanta indiferencia…

Me hacen volver a la realidad, dicen que debo expulsar la placenta. Pero yo ya no siento contracciones, todo ha parado de golpe al salir mi hijo. No me duele ya nada, no siento ganas de empujar, no creo que sea el momento todavía… Sé que puedo tardar en expulsarla y no es peligroso, pero no me quieren dejar esperar a que mi cuerpo se ponga en marcha. Me hacen empujar, pero sin contracciones no hago suficiente fuerza, no siento que se mueva nada. Estoy superada, agotada, rota, y les digo que no puedo… No me concentro viendo a mi hijo envuelto ahí al lado, sé que sólo es su cuerpo, pero merece ser tratado dignamente… Se me va la mente pensando dónde se lo llevarán, sólo quiero tenerle en mis brazos.

Mi ginecólogo, que tiene prisa, y viendo que no estoy colaborando, me dice que como no salga pronto iremos a quirófano. Me quiere meter el miedo en el cuerpo para que espavile, es lo que me faltaba… Empieza a tirar del cordón, y sé lo peligroso que es éso, le digo que pare. Si estuviera al cien por cien, le diría tantas cosas… pero como no puedo, y veo por dónde va, empiezo a empujar con todas mis fuerzas. Y sale de golpe, caliente y blandita, cayendo al recipiente metálico. Al final he podido, sin que me intervengan gratuitamente…

La comadrona se me acerca, mi ginecólogo le pide que me haga un masaje uterino. No suena mal, pero de golpe, me clava su puño en la barriga, apretando muy fuerte. Me hace muchísimo daño, no sé si es normal, y se lo digo. Para un momento y me dice que es para que se contraiga bien, y vuelve a hacerlo. Todos se van, me dejan con ella, que me pone oxitocina en la vía, y empieza a recoger y limpiarlo todo. Me siento culpable de todo, no me dedica ni una palabra amable, es todo tan frío… Al terminar, y sin decirme nada, se lleva a mi hijo, como a una cosa más. Y no puedo hablar, no le digo nada, sólo puedo llorar. Se lo ha llevado, ya no le veremos nunca más…

Al menos estoy con él, nos abrazamos y lloramos… Nos hemos convertido en unos padres sin hijo… Faltaba tan poco, habíamos superado tantas cosas, tanto tiempo… le teníamos tan cerca… Nos consolamos mutuamente como podemos, hablamos de lo guapo que era… Le echamos de menos, es imborrable, siempre le querremos.

Yo me encuentro físicamente bien, me parece increíble, sin dolores, sólo agotamiento. Y aunque estoy emocionalmente molida, siento una extraña sensación de calma intensa. Deben de ser las hormonas y las medicinas que me han puesto, porque me extraña sentirme así después de lo que acabamos de vivir. De vez en cuando entra una enfermera a ver como llevo el suero, oxitocina, nolotil, diazepam… No sé cuantas cosas me han puesto, ni me explican, ni quiero preguntar. Una enfermera viene a lavarme los restos de sangre, cambiar los empapadores, y me pregunta si necesito alguna cosa, es muy amable.Tengo mucho hambre, le pregunto si me traerán comida, deben ser las dos o las tres… Me dice que si, pero espero más de una hora y sigue sin llegar. Cada vez que vienen a revisarme se lo recuerdo, ya que empiezo a estar muy mareada. Le digo a mi pareja que baje a comer algo, él debe de necesitarlo también, pero no me quiere dejar. Le insisto, me dice que irá a fumar un cigarrillo, y aprovechará para llamar a su madre.

Yo también llamo a la mía, odio tener que darle tan mala notícia… Siento como le parte el corazón, es su primer nieto… Rompe a llorar y me dice que quiere venir. Le digo que no quiero ver a nadie de momento, ni hablar con nadie más, necesito estar sola para asumirlo. Ella no lo entiende, yo sabía que no le gustaría, pero no puedo. Me duele tanto hacerla sufrir… Le pido que llame ella a mi padre y al resto de la familia, yo no soy capaz,  la iré informado a ella para que les diga como estoy. Ella está preocupada por mi salud, y le digo que estoy bien. Me doy cuenta que hasta entonces no me había planteado realmente el riesgo que he corrido, ni me preocupaba. Entiendo que, como madre, es en lo primero que ha pensado. Le digo que más tarde le diré como sigo, y me despido de ella, que sigue llorando. Mi pareja vuelve con la energía por los suelos de haber tenido que explicarlo… nos volvemos a consolar el uno al otro. Me siento afortunada de tenerle a mi lado en un momento así.

Pasada otra hora, por fin llega la comida, comida de hospital, pero la necesito. Una sopa insípida, pan sin sal, y de segundo, un trozo de pollo seco con patatas chips. Él me ayuda a cortar el pollo porque entre la vía y el cuchillo que no corta suficiente, me apaño muy mal. Me lo como todo, me sienta genial, siento como recobro energías en seguida y me sube la tensión. Ya me siento con fuerzas de levantarme e ir al baño, por fin intimidad y libertad de movimientos, aunque sea arrastrando el suero… Él me ayuda mientras me cambio, me siento protegida. Todavía sangro bastante, pero mucho menos que horas atrás.

Le digo que no hace falta que se quede a dormir, que quiero que descanse y vuelva a casa con los animales. Él se resiste, pero le convenzo, me irá bien estar sola y llorar mucho. Me trae agua y una tarjeta para ver la televisión, y me deja todo lo que puedo necesitar a mano. Nos despedimos con mucho amor, le echaré de menos, pero sólo es una noche.

Una vez sola me voy dando cuenta de lo cansada que estoy, tantas noches sin dormir, tanto dolor… Me duelen la cabeza, y el alma. Me siento vacía, qué cambio, como le añoro… Mi útero palpita, contrayéndose, lo siento todavía grande y tan vacío. Ya no hay nadie allí, no hay pataditas, estoy sola. Es tan extraño pasar de ser dos a una, tan de golpe… Desde la habitación oigo bebés llorando y se me contrae el útero de dolor, es un sonido insoportable. Estoy inmersa en mí misma, ni me muevo, pero la cabeza me va a mil. Quiero descansar, pongo la televisión a ver si me distrae. La veo, pero no le puedo prestar atención.

 

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