Anorexia

El tema de hoy es algo muy personal para mi, ya que lo he vivido en mis carnes, y he sufrido mucho por tener unas características físicas fuera de lo común. Quizá much@s no me entenderéis o pensareis que exagero, pero escribo por placer y necesidad, no por complacer.

Se usa el término “anoréxic@” de manera errónea, adjetivando, y con connotaciones peyorativas. A menudo, escucho asociaciones como: modelo anoréxica, barbies anoréxicas, ropa para anoréxicas… Y me parece una grave falta de respeto, sobre todo, a las personas que sufren esta sintomatología o enfermedad, ya que es algo serio.

La anorexia como síntoma es la incapacidad para ingerir alimentos, incluso bebidas, de manera normal. Esto puede suceder por alguna razón médica, ya sea física o mental. La anorexia como trastorno alimenticio, es una enfermedad en sí misma, que puede ser causada por multitud de factores. Fundamentalmente, se da la restricción de la ingesta de todo tipo de calorías motivada por la voluntad de perder peso. Además de esto, hay factores asociados que hacen de esta, una enfermedad potencialmente peligrosa.

Se suele juzgar a los enfermos de anorexia como si fuese una enfermedad electiva y banal, por el capricho de estar delgados. Pero en realidad es un trastorno difícil de manejar para los enfermos, no es fácil vivir así, ni salir de ese círculo vicioso. Muchas veces, son personas con mucho potencial, increíblemente sensibles, muy inteligentes, con un alto grado de autoexigencia y perfeccionismo. No es una enfermedad exclusiva de modelos, gente vacía, o sin problemas reales, como muchos piensan. Ni tampoco la sufren solamente personas que lucen una delgadez extrema.

A nadie se le ocurriría describir a cualquier otro enfermo por su enfermedad, o a un discapacitado por su discapacidad, y mucho menos, usar esos términos como adjetivo peyorativo. Por eso, me enerva cuando oigo hablar tan a la ligera, usando el término anoréxic@ despectivamente. Se usa a menudo como insulto, como descripción de un cuerpo que por estar por debajo del peso normativo, y se considera enfermo. Existen cuerpos de todo tipo, por encima y por debajo de los estándares de belleza o de salud, que son saludables.

Estoy de acuerdo en que la presión social por tener un cuerpo estándar,  asociado con la delgadez, es una lacra. Que los modelos de belleza sean tan restringidos y disten tanto de parecer un cuerpo real, es algo que debemos denunciar. Es un tema muy serio, las muñecas son desproporcionadas, e incluso los dibujos animados muestran figuras escuálidas (sobre todo las femeninas) y en exceso sexuadas. Se transmiten desde la tierna infancia, unos cánones estéticos que difícilmente se dan en la vida real, derivando cada vez antes en niñ@s con trastornos alimenticios. Ahora bien, una cosa es luchar contra ese yugo estético, y otra, es arremeter contra la delgadez, y peor aún, usar el término anoréxico para definirla.

Una barbie no puede ser anoréxica, es una muñeca. A quien debemos criticar es la mente trastornada que diseñó una muñeca que de tener vida, no le aguantarían los tobillos para mantenerse en pie. Una persona extremadamente delgada, sea modelo o no, no tiene tampoco porque ser anoréxica. Es cierto que, por desgracia, muchas personas sufren este trastorno, pero existen también personas que son así por naturaleza. Es, de nuevo, un error, juzgar a esa persona. Si esta sale en un anuncio, deberíamos criticar a la agencia publicitaria por exponer únicamente personas de un determinado tallaje. Y las personas que verdaderamente sufren anorexia son víctimas del mismo sistema, no nos confundamos, y las despreciemos a ellas.

Siempre he estado por debajo de los percentiles, tanto de peso como de altura. Sin embargo crecía y me desarrollaba, aunque a mi ritmo, y tenía una salud dentro de lo normal. Comía por debajo de lo esperable, por lo que me pasé la infancia tomando suplementos vitamínicos de todo tipo, calcio, hierro… Aún así, nunca llegaba a los estándares para preocupación de mis padres, llegando incluso a pensar que sufría enanismo. No era enana,  pero si de talla pequeña y delgada, y así me he quedado. Tengo buena salud, y aunque me cueste llegar a sitios altos, no tengo ningún problema asociado a mi condición física.

Como persona que ha estado siempre por debajo del peso “ideal”, me he sentido muchas, demasiadas veces, juzgada por mi aspecto. Acomplejada porque se marcasen mis huesos, porque la ropa de mujer me quedaba grande… De igual manera que existen personas a las que les cuesta perder peso, existimos también los que queremos ganarlo y no podemos. Y es igualmente doloroso que te traten como a una enferma, que den por supuesto que sufres anorexia, que no estás sana, que estás así por capricho. Como es doloroso para alguien que lucha por perder peso que consideren que está así porque quiere, o porque no se cuida. La diferencia es que a una persona con obesidad no la llamarán gorda, intentarán no ofenderla, pero a mi me han llamado flaca toda la vida.

Lo peor es no poder quejarse, que no te comprendan, te miren por encima del hombro e incluso se rían de tu preocupación por estar demasiado delgada. He encontrado multitud de profesionales sanitarios que no han tomado en serio mis problemas de salud simplemente por estar delgada. Si me dolía la espalda, es normal estás muy delgada, si tenía desajustes en la regla, es normal estás muy delgada, si tenía falta de hierro, es normal estás muy delgada. Y así un largo etcétera, llegando incluso a poner la guinda diciéndome: ¿ya comes? Ah, no, se me había olvidado, intentaré comer…

Envidias, bromas, comentarios hirientes, juicios de valor sobre mi persona, miradas de reprobación, comentarios jocosos o despectivos sobre mi cuerpo… Por parte de conocidos, desconocidos, familiares, amigos, e incluso el camarero de un restaurante, tanto de niña como de adulta, se ha atrevido a “regañarme” por no acabarme el plato. Me he encontrado de todo, y me ha dolido mucho, sufrí mucho en mi infancia y adolescencia por ello, y llegué a odiar mi cuerpo durante años. Tuve anorexia desde que tengo uso de razón, pero no el trastorno alimenticio de querer adelgazar, sino la incapacidad de comer con normalidad, por la presión a la que me veía sometida.

Se me cerró el estómago, y cuanto más me esforzaba menos podía comer, incluso vomitaba si me forzaba. Las comidas familiares, para mi, eran una tortura: ¿tienes hambre? a ver si comes algo, no has comido nada, come aunque sea esto, ¿y de postre?… Todos decían que era muy buena niña, pero muy mala comedora, y me lo creí. En la guardería no me querían a la hora de comer, y en el colegio, siempre estaba en el comedor castigada hasta que terminase mientras mis amigos iban a jugar. Y en casa, era un sufrimiento para mis padres verme delante del plato durante horas, haciendo bola hasta con las sopas.

Por más que quería, no podía, porque debía comer por obligación, por complacer a los demás. Aunque llegase a la comida con hambre, me bloqueaba. Esa incapacidad me acompañó hasta que me emancipé con 17 años. Ayudó el hecho de comer sola, hacer la compra y cocinar para mi misma, autogestionarme, y no presionarme. Aprendí a comer y disfrutar de la comida, poco a poco. Aunque, todavía hoy, aunque son menos, sufro bloqueos. Cuando vivo una situación estresante, o tengo que comer en poco tiempo, me cuesta. Y si empiezan a cuestionar lo que como, hacer observaciones o atosigarme en que coma más, me agobio mucho.

Aunque mi caso sea distinto, puedo imaginar lo que sufren otras personas con trastornos alimenticios de cualquier tipo. La relación que se establece con la comida, sobre todo si es desde la infancia, es algo muy difícil de moldear. Es algo muy básico que hacemos varias veces al día, y si tenemos una relación insana con la alimentación, puede ser muy peligroso. Si además, eso se une a una enfermedad mental, y al hecho de no aceptar tu cuerpo, es algo muy complejo que no se soluciona simplemente esforzándose.

Tampoco se solucionará el obsesivo culto al cuerpo despreciando cuerpos fuera de la norma, aunque estos sean los que se “venden”. Ni suprimiendo las tallas 32, 34 y 36 se evitarán los complejos (a mi me hubiese agravado el mío, ya que no encontrar ropa de mi talla era una tortura…). Se debe reforzar la autoestima con la educación, el respeto al cuerpo, fomentando otros valores, enfocando la vida desde una perspectiva mas espiritual, o simplemente, no mencionando el aspecto físico.

Sería ideal ver en los escaparates, pasarelas, o anuncios a personas diversas, como la vida misma. O mejor aún, sería que se dejase de usar el cuerpo humano como producto más, que luce, y vende únicamente por su atractivo visual. No nos quedemos criticando un estereotipo de delgadez, mientras que quienes lo promueven quedan impunes. Y usemos los términos con respeto, por favor, “anoréxic@” no es un adjetivo.

L0066994 Woman suffering from anorexia nervosa

L0066994 Woman suffering from anorexia nervosa Credit: St Bartholomew’s Hospital Archives & Museum, Wellcome Images. Wellcome Images images@wellcome.ac.uk http://wellcomeimages.org Black and white photograph of an emaciated woman, aged 17 years, suffering from ‘hysteria’, who refused food on account of anorexia (anorexia nervosa). Front view. [1896] By: St Bartholomew’s Hospital Photographic SocietySt Bartholomew’s Hospital Archives & Museum Published: – Copyrighted work available under Creative Commons Attribution only licence CC BY 4.0 http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

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Abrazos mamíferos ❤

 

 

 

 

 

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