Vulnerable

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Vulnerable. Así me siento, así llevo uno años sintiéndome y hoy me ha dolido el alma de tanta vulnerabilidad.

Soy fuerte, pero como los muros de la fotografía de arriba, me puedo desmoronar. Estoy hecha de un material resistente, que ha aguantado muchos golpes de la vida, resistiendo. Pero al final, cedo, me rompo y me caigo.

Desde que empecé con esto de “intentar”/ser madre, he pasado por situaciones límite que me han ido debilitando: hemorragias fortísimas, anemias, embarazos de alto riesgo, amenazas de aborto y abortos, un parto, infecciones, cuarentenas, puerperios sin bebé, desajustes hormonales, vacío, miedo, ansiedad, soledad, dolor físico y emocional, juicios sobre mi persona, culpabilidad, duelos, rabia, frustración, comparaciones odiosas, incomprensión, tristeza…

No me he instalado en el papel de víctima, agradezco lo vivido porque me ha fortalecido como persona. Pero tampoco me adapto a la fragilidad que de mi situación de embarazada de alto riesgo. Yo soñaba un embarazo sano, con los controles rutinarios, confiando en mi cuerpo, en mi bebé… y me ha tocado todo lo contrario, como de costumbre.

Debes hacer reposo, tienes que cuidarte, mira por ti, no te canses, no hagas esfuerzos, no te agobies, cuidado con hacer eso, no cojas peso, tómatelo con calma, el estrés no es bueno…

Si, no hay otro camino, pero es agotador estar permanentemente autolimitándote. Tener que pedir ayuda porque no debes, o no puedes, cuesta, hay que aprender a hacerlo. No se me da bien, y es eso, o hacer algo que no debes porque “no es para tanto” y en vez de sentirte una heroína, verte como una temeraria.

Soy consciente de que debo trabajar eso, que no me puedo menospreciar a mi misma por estar en una situación de vulnerabilidad, con los demás no soy tan mala. Además, yo me lo he buscado, estoy en esto porque quiero, no me puedo quejar.

La sociedad, tan competitiva, tan egocéntrica y poco respetuosa con sus cuerpos, no valora a los vulnerables. Y hay que ser muy fuerte para ser vulnerable.

Tantas mujeres que te dicen orgullosas: pues yo trabajé hasta que salí de cuentas. Tantas personas que pueden con tantas cosas, como yo pude en el pasado, y te empequeñecen con su fortaleza. Tanta lucha de egos, tanto yoísmo, tanto ver desde una perspectiva sesgada, desde el ombligo propio para compararse con el otro y subirse así la autoestima, a costa de los demás…

Ya he aceptado hace mucho que no estoy en ese grupo de afortunadas que tienen un embarazo perfecto. No es algo que yo pueda controlar y me alegro por las embarazadas trabajadoras, sanas y fuertes. No quiero ser más una “puedo con todo”, porque es mentira, puedes, pero después de duele la espalda, te deprimes o coges una gripe, es una mentira. Y me dan pena aquellos que necesitan sentirse por encima de los demás para crecerse. No, ese no es mi problema.

Simplemente se me hace difícil sentirme dependiente durante tanto, tanto tiempo. Normalmente voy por el camino de la aceptación, me repito que es temporal, aunque se esté alargando demasiado. Pero a veces me desvío, y me siento mal por sobrecargar a Mamífero.

Se que él está en esto conmigo y hace todo lo que necesite con gusto, pero a veces nos sobrepasa, a los dos. Cansa, es terrible psicológicamente, es un castigo.

Soy consciente de que no estoy en una situación límite, que simplemente tengo que “medir mis energías”, y precisamente por eso, me cuesta tanto. Es decir, puedo hacer, pero limitándome, y eso me genera frustración. Lo mío no es medir mis fuerzas, lo mío es trascender, superarme, sacar pecho ante la adversidad. He sacado los genes de mi madre que es una luchadora…

 

Soy de matarme a limpiar a fondo, de pegarme caminatas por la montaña, de mover los muebles de toda la casa sola 10 veces al año, de cargar peso y agotarme, e irme a dormir con dolor de espalda, pero satisfecha de todo lo que he podido hacer.

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Cuando me pierdo de vista, busco fotos como esta, que me recuerdan lo que he superado en la vida. Quizá este sea de los momentos más insignificantes, pero tiene un gran significado simbólico para mí.

En ese instante, sonreía porque estaba aterrorizada por pasar un paso que daba a un acantilado, pero estaba lográndolo, dejando mi terror a las alturas a un lado y disfrutando del paisaje, de la aventura, de la superación. Ese día, la montaña y su climatología nos puso muy al límite, y con respeto y prudencia, pero con determinación y esfuerzo a la vez, lo conseguimos.

En esta aventura de la maternidad, llevo mucho tiempo dejando de lado cosas que me llenan, que me hacen sentir fuerte. Como por ejemplo subir una montaña. Si, no pasa nada, no es tan grave, ya las subiré. Pero a veces echo de menos poder hacer esas cosas aunque solo fuese por un día, y decirme: si, sigues ahí antigua yo.

Cualquiera estaría encantad@ con las “vacaciones” que me estoy pegando, yo no. Querría hacer tantas cosas, y me tengo que frenar continuamente… Me cabrea tener que sentarme porque me agota limpiar la casa, me da rabia subir unas escaleras y que me falte el aire, me deprime tener que dejar las cosas a medias porque no doy abasto, me desmotiva verme tan lejos de lo que era.

Sabiéndome una persona fuerte, tanto en lo físico como en lo emocional, me cuesta encontrarme conmigo misma en esta situación. Y cada cierto tiempo, reviento por no poder ser quien era, quien soy realmente. Me planteo si algún día volveré a ser la de antes… Me hago mayor, lo vivido me pasa factura, y estos años de inactividad me lo ponen difícil para remontar.

Normalmente me río de mi misma, de mis limitaciones para quitarle hierro al asunto, pero hoy no. Si, es una pataleta sin sentido. Estoy haciendo un drama de algo insignificante. Que problema de mierda el mío.

Debería estar contenta por poder contar con la ayuda de Mamífero, por sentirme tan protegida y cuidada, le estoy agradecida, muchísimo. Y en el fondo, se que mi nueva yo es mucho más fuerte que la de antes. Pero es como me siento a veces, y lo tenía que soltar.

 

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Abrazos mamíferos ❤

 

 

 

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