8 semanas

Ocho semanas, 56 días, 1344 horas, 80640 minutos, 4838400 segundos…

Resumiendo: casi dos meses desde que naciste….

No me puedo creer que llevemos todo este tiempo juntos, aquí fuera.

Eso que tanto soñamos, tener un hijo entre nosotros, es real, estás aquí!

Ocho semanas atrás, estando de parto, todavía no las tenía todas conmigo de tenerte entre mis brazos… Tenía tanto miedo de que algo se torciese, hasta el último momento sufrí por ti, y sigo haciéndolo, eso ya es para toda la vida. Cuando te pusieron sobre mi, tan delicado y a la vez tan lleno de energía, no lo podía creer… Ese sentimiento de irrealidad me acompañó mucho tiempo después, era como estar esperando a que de un momento a otro fuese a despertar.

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Tanto te esperamos, ha sido un camino largo y empedrado hasta que nos hemos conocido. Ha valido la pena lo bueno y lo malo para llegar hasta ti. Gracias por elegirnos como padres, por quedarte con nosotros y llenar de luz nuestra vida.

Fuiste muy fuerte, lo eres. Aguantaste un parto muy largo, y llegaste a este mundo aún con un montón de energía para berrear y patear. Buscando un lugar seguro, mi-nuestro cuerpo, lo único que conocías, y dónde encontraste en seguida alimento y consuelo. En cuanto te pegaste a tu teta, porque ya no es mía sino tuya, encontraste tu hogar, la calma, la seguridad que necesitas para ir creciendo y ganando terreno fuera de mi. A tu ritmo nos iremos despegando, sin prisa, para que nunca te falte la seguridad cuando seas mayor.

Tu primer día de vida…

 

Somos tan afortunados… eres un bebé sano, alegre, fuerte, bonito, gracioso… Que va a decir tu madre de ti, si te veo perfecto! Tienes enamorada a toda la familia, amigos y hasta los desconocidos se paran a comentar lo bonito que eres! Cada mueca y cada ruidito nos enterncen. Nos haces reír a cada rato, llenando la casa de alegría, dándonos un subidón de energía por muy cansados que estemos.

Hijo mío, que feliz nos haces! Ser padres es duro, pero cuidarte, es lo mejor que he hecho en mi vida. No lo cambiaría por nada del mundo, no puedo despegarme de ti bebé! Si me ofreciesen el mayor tesoro del mundo a cambio de separarme de ti un solo día, no sería capaz, moriría de pena!

Me encanta dormir contigo, sentir tu cuerpecito tan necesitado de amor, tu suave respiración en mi pecho, tus manitas cogiéndome para que no me separe… Y despertarme contigo, entumecida de haberme quedado dormida cual contorsionista para no molestarte… pero feliz. Al ver lo risueño que estás y como haces monerías cuando acabas de tomar tu tetita, se que ya es hora de levantarse y reírnos un rato juntos. Tu marcas el ritmo, yo te sigo, y aunque a veces sea agotador, me encanta ser tu madre.

Me has enseñado tanto en tan poco… y cuánto me queda por aprender! Ojalá sepa darte lo mejor de mi, espero aprender mucho y ser mejor persona para darte un buen ejemplo. Daría mi vida por ti, todo, a cambio de que sepas encontrar la felicidad en esta vida y que tengas buena salud para disfrutarla. Soy capaz de mucho más de lo que pensaba, puedo sacar fuerzas de dónde no quedaban por ti, para que no te falte nada.

Quiero que sepas que estaré siempre que me necesites, pase lo que pase, cuenta conmigo. Decidí traerte a este mundo, y por ello, me siento felizmente responsable de ti, de por vida. Espero celebrar muchos cumplemeses y cumpleaños, compartir tus alegrías y apoyarte en tus penas.

Biel, nuestro bebé, mi niño, futuro hombrecito… te quiero ❤

 

 

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Abrazos mamíferos ❤

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Reflexiones antes de ser padres

Estos días he estado pensando que se nos acaba la etapa de noviazgo. Se lo dije el otro día a Mamífero con lagrimillas en los ojos, pero no con tristeza, sino con melancolía e ilusión a la vez. Ha sido una etapa larga, ocho años juntos, conociéndonos, la mayoría de ellos conviviendo, no han sido cuatro días… Aún así, cuando algo acaba, miras atrás, y te acuerdas de lo bueno, dejas a parte lo malo, y te das cuenta también, de que hay cosas que no volverán a ser igual.

No se trata de terminar, más bien, empezamos otro capítulo distinto. Y es bonito, el que tanto deseamos y nos ha llevado estos últimos años a luchar y unirnos más que nunca. Tenemos muchas ganas de todo lo que implica tener a nuestro cuidado a un hijo. Hace mucho que imaginamos como seremos como padres, como queremos educar, qué cosas nos hace ilusión vivir y compartir.

La melancolía aparece cuando me doy cuenta de que hemos estado juntos tanto tiempo, y todavía, por ejemplo, no hemos ido de viaje juntos, ni una escapada de vacaciones a la vuelta de la esquina, ni un fin de semana lejos de casa… nunca. Eso ahora no lo podremos hacer, y si lo hacemos con un hijo, será distinto a hacer un viaje en pareja. No será peor, ni mejor, será diferente.

No es que me arrepienta, ni siento que hemos perdido esa oportunidad, nunca es tarde. Realmente, si no lo hemos hecho (además de porque nunca nos ha sobrado el dinero) es que no era tan vital para nosotros. De hecho, siempre hemos tenido otras prioridades como dedicarnos a nuestros animales, y todo no podía ser. Por lo que no es ningún drama, no me preocupa, pero si que me paro a reflexionar.

A una parte de mi, le gustaría alargar esto, darle más magia, sumar recuerdos bonitos (aunque ya tenemos muchos), escaparnos y que se pare el mundo. Salir a pasear porque si, cogernos de la mano y disfrutar de la compañía del otro sin más. Ponerme guapa e ir a cenar con él, o a tomar una cervecita como hacíamos tiempo atrás. Sentirme especial a sus ojos, ser esa persona que le alegra el día y el plan más esperado de la semana.

Es una tontería, lo sé, cualquier etapa es buena para seguir haciendo estas cosas. Pero me pongo romántica, (benditas hormonas), y me entra la nostalgia de que no será como antes. Con todo esto no quiero decir que no me sienta especial, o que esa ilusión haya desaparecido. Porque lo haremos, pero el marco cambiará, seremos padres. Y también me da por pensar si con el ajetreo que nos viene encima, tendremos tiempo, energía, y empuje para dedicarnos el uno al otro como pareja.

Seguro que si, pero me da miedo porque es algo que no hemos vivido, y porque estoy en baja forma mental y física después de estos años tan duros. Y como últimamente no hemos tenido ni tiempo, ni ocasión, ni medios, ni humor o energías para hacer esas cosas románticas, pues lo echo de menos. Además, le sumo que estoy con la autoestima a mínimos, que me siento cansada, poco atractiva, más madre que mujer, y muy lejos de aquella que años atrás enamoró a Mamífero.

Reitero: no es peor, es diferente. La relación ha evolucionado, y ahora estoy mucho más segura de los lazos que me unen a él que años atrás. He ido descubriendo poco a poco nuevas facetas que me han ido enamorando más y más. Y ahora que le veo como padre, todavía me atrae más como hombre. No somos los mismos, ni lo seremos dentro de 10 años. Ahora priman unas cosas, y compensan otras, como la comodidad que sentimos el uno con el otro, la confianza, la seguridad, y lo mucho que nos conocemos. No quedan secretos, ni vergüenzas o inseguridades que ocultar. Y eso es precioso, no se consigue en dos días, nos lo hemos trabajado durante años.Valoro mucho la relación que tenemos, la que tuvimos, y la que tendremos, siempre en constante cambio.

Aunque siento que una parte de mi quiere aferrarse a ser la moza que le hacía perder horas de sueño para disfrutarlas pasando las horas. Pero la otra quiere ser la madre de sus hijos, su familia, su hogar.

En cuestión de semanas, o días, seremos responsables de un bebé y pasaremos a ultimísimo plano como individuos, como pareja… Es emocionante, y lo estoy deseando, pero es imparable, no volveremos atrás. Nos lo hemos pensado mucho, no es que ahora me de cuenta de esto y me arrepienta, pero da vértigo, ¿verdad?

¿Es algo que me pasa a mi sola? o ¿a alguien más le ha dado por reflexionar en este punto?…

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Abrazos mamíferos ❤

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Nuestros hijos no nos pertenecen

A escasas dos semanas de cumplir las 37, momento en el que Biel será, oficialmente, un bebé a término, me siento como en un sueño. Incapaz de creerme que esto es real, que quizá nos sonría la vida y nos conceda el deseo que tanto hemos perseguido estos últimos años…
Imagino el momento de su nacimiento, la emoción, la oxitocina a raudales invadiéndome, el calor y la humedad de su delicado cuerpo sobre el mío… Su primer llanto, su olor, sus ojos clavados en los míos, su boca buscando alimento, sus manitas agarrándome un dedo… La mirada de Mamífero a su cachorro, que ternura… cuanto amor sentiré al verle acunar a nuestro bebé. La primera noche juntos, los tres, ya inseparables, amándonos como nunca. Convertirnos en familia a los ojos de los demás, porque Aritz ya nos hizo serlo. Llegar a casa, esta vez con un bebé en brazos al que presentar a nuestros gatos. Hacernos a la idea de que ese ser será para siempre nuestra prioridad y que nuestra vida va a orbitar alrededor de la suya.

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Cuando pienso en esta aventura que está por empezar, sé que el tiempo correrá muy rápido, y deseo disfrutar cada momento. Quiero pasar etapas con él y con Mamífero de la mano, no anclarnos en que siempre será nuestro bebé, nuestro niño. Saborear cada momento sabiendo que no volverá, pero que siempre vendrán cosas nuevas, emocionantes que vivir. Podemos aportarle mucho como padres, pero, seguro que no es comparable a lo que él como hijo nos enseñará.
Seremos por unos años su referente, su mundo, su modelo a seguir y su guía. Responsables de atender a todas sus demandas y cuidados, dejaremos a un lado muchas cosas para centrarnos en esa vida que hemos creado. Darlo todo por él, y recibir la mejor de las recompensas: acompañar su vida.

Ver como poco a poco va aprendiendo y necesitando menos, ganando independencia y seguridad. Aprender a estar en la sombra, pendientes de su reclamo si nos necesita, sin intervenciones innecesarias que entorpezcan o desvirtúen sus propios logros. Sufrir con él y reír con él. Verle alejarse, equivocarse, llorar, caer, y confiar en su capacidad para gestionar sus errores y aprender de ellos. Darle la consideración y la autonomía que requiera, de niño a adolescente, y luego a adulto. Respetar sus decisiones y tener siempre presente que lo que a él le haga feliz, será nuestra felicidad. Le dimos la vida, suya es.
Espero dar lo mejor de mi en todas las etapas, y saber estar a la altura de las circunstancias. Y no culparme si me superan o verter esa impotencia en él. Lo que más deseo es que sea una persona feliz, sana emocionalmente y saludable en lo físico. Para eso, me esforzaré en no ahogarle, no exigir y no condicionar su vida. Respetar su autonomía, su libertad, y apoyar incondicionalmente sus decisiones aunque no comparta su opinión. Animarle a desarrollar sus capacidades, a creer en si mismo, a seguir sus instintos y luchar por sus deseos. Estar presente siempre que me necesite, y no esperar nada a cambio. Ser conscientes de que es el ser al que más amaremos su padre y yo, pero que no nos pertenece. Saber que él a su vez, deberá volcar ese amor en otra persona cuando le llegue el momento de enamorarse, o de invertir su energía en cualquier proyecto de vida y recomenzar este mismo ciclo.
Que viaje tan intenso este de ser padres, que duro y que bonito a la vez dar tanto amor, regalarlo a una personita para que haga con él lo que desee. Estoy deseando vivirlo con sus luces y sus sombras, de principio a final.

Os dejo con una gran frase de Khalil Gibran:

“Tus hijos no son tus hijos. Son los hijos e hijas de la vida deseosa en sí misma”.

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Abrazos mamíferos ❤