Un aborto más…

Como os dije en la entrada de ayer, hoy os comparto como me sentía quince días después de mi último aborto…

Mañana tengo que ir al hospital, la última vez que pisé ese lugar fue para recoger la necropsia de nuestro hijo. Nada más pensarlo me entra pánico, y se agolpan en mi cabeza imágenes. Revivo el parto, la primera ecografia y el feliz sonido de su corazón, y la última en la que no había latido… el miedo y la angustia de las visitas a urgencias, la ilusión con la que acudíamos a los controles, la frialdad de mi ginecólogo diciéndome que era un “aborto”, cuando nos dijeron que era un niño y pudimos llamarte Aritz… 

Recuerdo tanto lo bueno como lo peor, supongo que mi cabeza necesita compensar tanto dolor con las imágenes felices. Gana la tristeza ahora mismo, la melancolía, el vacío, le hecho de menos… Nunca más volveré a tener un embarazo tan feliz, las buenas esperanzas siempre andarán teñidas de inseguridad, miedo y angustia.

He vuelto a perder un embarazo, otra vez. Duele, son tantas veces, tanto tiempo luchando… Pensaba que con el embarazo de Aritz, los abortos tempranos se habían solucionado, que algo había cambiado, pero no. 

Pasamos el proceso en casa, lejos de ese hospital maldito, ya conozco a mi cuerpo y se lo que debo hacer. Quise afrontarlo en la intimidad, a mi ritmo, con calma, sin protocolos ni violencia. Mi cuerpo y mi mente, así como ese bebé, me pedían nido, paz, cariño. Sabía que debía evitar los miedos y el estrés, para poder fluir. 

Tuve que defenderme de los miedos de mi madre, no la culpo por temer a algo tan horrible y desconocido, pero necesitaba apoyo. Intenté explicarle que me encontraba bien, y que estaría atenta a cualquier hemorragia o síntoma de infección. No había motivos para alarmarnos todavía, y no tenía porque pasar por una intervención y sus riesgos innecesariamente. 

Mientras defendía mi derecho a dejar a mi bebé marcharse en paz, y aún sabiendo que ya he pasado por esto, afloraban mis miedos… ¿y si no lo expulso del todo? ¿y si tenemos que acabar en urgencias? ¿Y si pasa algo que afecte a mi, ya pobre, fertilidad?… Pensar en eso no me convenía, sabía por propia experiencia que tenia la capacidad y tiempo de sobra para hacerlo sola.

Me dejó agotada discutir eso en un momento así, no volví a mencionar el tema para callar a la inseguridad,  volver a confiar en mi misma, y conectar con mi cuerpo. Tanto me afectó, que no se lo dije a mi padre, por no volver a pasar por lo mismo… Pasaron unos días hasta que tuve fuerzas para decírselo, pero ya se lo había dicho ella. Así que estaba preocupado, enfadado y seco conmigo. Aunque le pedí disculpas por no haberle avisado, y le dije mis motivos, estaba dolido. Me pareció injusto que en un momento así nadie escuchase lo que necesitaba. Entiendo que se preocupe, pero no que se enfade. Otro problema añadido. No hemos vuelto a hablar desde entonces… 

Apenas hacía unos días que me sabía embarazada, y empecé a sospechar cuando al repetir el test días después, la línea apareció más leve. Repetimos unos cuantos los días siguientes, pensando que era defecto de los test, ya que estaban a punto de caducar. Fuimos a comprar uno a la farmacia, queriendo creer que ese si que se marcaría bien. Pero nos dio el mismo resultado… Un miércoles, el dia 27 de Mayo, me hice el test por la mañana y ya estaba completamente blanco. Ese blanco que a las que buscamos durante tanto tiempo un embarazo, nos duele tanto…

Esa noche, tuve el primer manchado, y horas después empezó todo. Los dolores me indicaban que sería rápido, y así fue. Esa misma noche salió un pequeño coágulo, i a su lado una nube de tejido rojizo. Sin duda aquello era nuestro bebé… Se lo enseñé a Mamífero, y con mucho dolor, me despedí de él… 

Sangré durante un par de días más, con dolores parecidos a los de una regla. Le siguieron cinco días más de restos, poca cantidad, y dolores más suaves. Fue relativamente fácil físicamente, estoy agradecida de que no se complicase ni se alargase demasiado.

Al principio me lo tomé bastante “bien”, con lo que he pasado ya, era consciente de que estas cosas pasan. Pero esta semana me ha invadido una honda tristeza, vacío infinito, desesperanza, rabia, impotencia… La gran duda de si conseguiremos ser padres de un bebé vivo. No entiendo el sentido de todo esto, no se que camino debemos tomar si esto se alarga más años. 

El detonante fue la visita con mi comadrona, una semana después del aborto. Ya tenía hora de visita concertada, quise ir pronto para empezar los controles cuanto antes y tomar medidas para cuidar ese embarazo. Tuvimos que esperar nuestro turno un buen rato, como de costumbre, reviviendo cuando esperábamos con ilusión para escuchar el corazón de Aritz. 

No sabía como reaccionaría ella, ni como explicárselo, temía que ella tampoco entendiese porque no había ido al hospital. Cuando pasamos a la consulta, ella se alegró mucho de vernos al pensar que volvíamos con un embarazo, se lo conté de golpe y cambió su cara. Por suerte, no me echó en cara no haber ido al hospital, aunque si que le desconcertó mi manera de actuar, imagino que por no ser lo habitual. 

Hablamos de los anteriores abortos, y nos dijo que si queríamos ser padres, que fuésemos a por todas, directos a fertilidad. Otra vez, pensar en pruebas, esperas… Pero era lo que debíamos hacer, para evitar perder más embarazos teníamos que dar con el problema. Ya nos habían hecho algunas pruebas sin encontrar nada, sabíamos que para las siguientes debíamos ir a un centro distinto, y entrar en la lista de espera, es desesperanzador… Es como volver a empezar de cero, una vez más. 

Nos dio hora para comprobar con una ecografia si había expulsado todo, una semana después. Es mañana, volveremos a pisar esa sala en la que supimos que nuestro hijo ya no tenía vida. Como odio esa sala, ese hospital. Me avisó que me ponía la hora en obstétricas, es decir, que estaríamos en la sala de espera con felices embarazadas, y yo vacía. Pero eso ya me ha pasado muchas veces en estos años. 

Lo más deprimente es que ahora debemos dejar pasar un ciclo, hasta volverlo a intentar. Apenas hace un par de ciclos que dejamos de esperar el tiempo que nos recomendaron después del parto de Aritz, y volvemos a estar encallados. Me siento como si no pudiésemos avanzar, no podemos seguir peleando por nuestro sueño. Se que solamente es un ciclo más, de entre tantos que hemos esperado, pero me entristece. Se me hace una eternidad…

Si tuviésemos algo de dinero podríamos salir a comer, despejarnos, irnos un par de días, intentar distraernos… Pero es el peor de los meses, hemos cobrado medio sueldo, y encerrados en casa esto se hace insoportable. No puedo dormir, me levanto sin ganas de nada, tarde, y cuando me animo a salir a pasear, se pone a llover como si fuese el fin del mundo. Comería hasta reventar para calmar la ansiedad, pero la despensa está bajo mínimos… parece que no tengo derecho a compensar mis penas con ningún placer. 

Suerte de Mamífero, que está muy pendiente de mi, es mi gran apoyo. Me despierta paciente y amoroso, sabiendo que no quiero abrir los ojos porque me cuesta vivir esta realidad. Mientras duermo, al menos, el tiempo pasa rápido, cuando consigo dormirme, claro. El cansancio que acumulo hace que coja un sueño muy profundo. Él me deja dormir un poco más, es el único vicio que tengo, dejarme descansar. Vuelve más tarde con abrazos, sonrisas y caricias… Consigue hacerme reír otra vez…  por las mañanas, alargamos esos momentos felices todo lo que podemos. Hace que tenga ganas de volver a empezar, tenerle a mi lado es el motor que me permite seguir adelante. 

Mientras tanto, la gente opina, los que nos quieren nos ofrecen consejos, y normalmente, aunque no sea su intención, hacen daño. Nos repiten una y mil veces:

“sois jóvenes” (claaro), “no tiene porque volver a pasar” (no tiene porqué pero ya llevamos unas cuantas…), “no os obsesionéis” (como si fuese anormal preocuparse con lo que nos pasa), “podéis tener otro hijo” (si, otro), “tenéis que pasar página y tirar adelante” (venga, el siguiente!!), “no os podéis hundir” (no tenemos derecho ni motivos suficientes…), “mujer abortada, mujer preñada” (que bonita y graciosa la rima!) …

Lo dicen con cariño, no saben que decir, pero duele igualmente, y cansa…  Cuando tienes tal dolor, cada uno lo gestiona como puede, y nadie debe de cuantificar tu dolor, ni decirte como llevarlo. Si simplemente se limitasen a estar presentes, a ofrecer ayuda, escuchar si quieres decir algo, decir lo siento, dar un abrazo… Pero tener que escuchar esas frases hechas, lo que en ese momento no quieres ni necesitas oír, te hace sentir incomprendida. Reabren heridas, y atrasan el proceso.

Además tienes que considerarlo un gesto amable, escondiendo lo que sientes, que es lo que nunca se debe de hacer cuando estás mal.  Te dicen que no te hundas cuando es dónde estás, en la mierda, y es lo normal estar así, lo que toca. Pero sientes que, a sus ojos, lo estás llevando fatal. Nadie puede opinar cuánto tiempo debes estar triste, nadie sabe como es tu dolor, es tuyo. Necesitas comprensión, no que te juzguen, que te permitan estar en el lugar que estás. 

Alguien que se levanta cada mañana con una pena tan grande no debería ser juzgada, el simple hecho de seguir viviendo, de conseguir salir de la cama, sonreír un instante… Son grandes victorias a tener en cuenta, son un gran esfuerzo por salir adelante, aunque después te caigas mil veces más. Las recaídas son parte del proceso, es dejar ir lo que sientes sin aparentar lo que no es. 

Después de seis meses de haber perdido a nuestro hijo, sumamos un aborto más a nuestras espaldas. Hemos estado esforzándonos mucho para seguir este camino de subidas y recaídas, y seguimos adelante. Habíamos conseguido recuperar de nuevo la alegría por un nuevo embarazo, y de nuevo otro mazazo. 

Mañana nos toca enfrentarnos a ese hospital, a esa sala, a ese doctor… La última vez que estuve ante ese ecografo, fue para confirmar también, que no quedaban restos de lo que acompañaba a mi hijo. Mi útero estaba vacío, y verlo así, fue lo más triste que me pasó después de días de haber parido. Como si fuese una broma macabra, el ginecólogo me dio la imagen de mi útero vacío… Guardo esa ecografia, es la última que cierra el ciclo del crecimiento de nuestro hijo. 

Tengo miedo de revivir demasiadas emociones, solo quiero que pase el día, la semana, el mes… Me aterroriza pensar que queden restos y tener que pasar por un legrado después de todo… o que encuentre algo que no esté bien, y eso nos aleje más de nuestro sueño. 

Por momentos, me viene a la cabeza la estúpida idea de que podría estar embarazada, que quizá solo ha sido un sangrado y algo sigue vivo ahí dentro. A lo mejor, pienso inocente, la vida nos da una sorpresa, y mañana es un día feliz. No estoy loca, se que no es posible, que es enfermizo, pero es mi único consuelo ahora mismo. Prefiero tener vivo un único pensamiento positivo que luche contra todo lo negativo. No me cojo a eso como una esperanza, pero sería bonito, ¿verdad?

Siendo realista y práctica, necesito ir a esa ecografia y verlo por mi misma. Otra vez, confirmar que mi útero sigue deshabitado, para poder empezar a asumir otra pérdida, y como dicen, seguir adelante.

 

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Abrazos mamíferos ❤

 

 

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