El primer diente!

Ayer Biel entro en su semana 15 de vida, pero esta entrada en realidad es para añadir cosas que olvidé contaros en la entrada de la semana 14. Como adivináis por el título de la entrada, hoy nos hemos despertado con un dientecito despuntando!! 😀

Estas dos últimas semanas me lo olía, y aunque me dijesen que es demasiado pronto, tenía claro que iba a ocurrir un día de estos… Se poco de bebés y no he vivido de cerca como es esto de la salida de los dientes, pero por lo que he ido escuchando y leyendo, los síntomas me cuadraban a la perfección.

Empezó babeando muchísimo, hasta el punto de quedársele la ropa empapada al caerle goterones de la boca constantemente… Y la costumbre de chuparse los puños, pasó a ser obsesión por hacerlo con mucha ansia, extendiéndose a nuestras manos, ropa, o cualquier cosa que pudiera llevarse a la boca. Hasta ahí normal, son cosas que cualquier bebé de tres meses suele hacer en mayor o menor medida.

Luego en vez de chupar y babear, mordía con las encías lo que se llevase a la boca con mucha fuerza (lo notaba al hacerlo en mis dedos), y cuánto más duro fuese lo que pillase, más le gustaba. Y en estas dos últimas semanas ha estado nervioso, irritable, ansioso y llorando bastante como os dije en esta entrada. Normal, eso tiene que doler mucho, y más molesto debe ser si no sabes lo que te pasa… En una de sus llanteras nocturnas, probando todo lo que se me ocurría sin éxito, me di cuenta que si le metía los dedos en la boca, él apretaba y se calmaba. Ahí pensé, esto son los diente seguro. Y saqué un mordedor que nos habían regalado, y ahí estuvo un rato royéndolo… además, lo hacía por el mango que es duro, si se lo mete por la parte blandita pone cara de asco xD

Además esta pasada semana ha estado muy mimoso y necesitado de brazos y teta, no me he podido separar apenas de él. Sobre todo por las noches, estas dos últimas semanas han sido despertares continuos (y él de normal ya se despierta mucho), primero a cada hora, y esta última semana, estaba unos pocos minutos durmiendo (a veces 5, otras 15…). Se revolvía constantemente en la cama, y quería tener la teta en la boca siempre para calmarse. Pasa las noches inquieto, se le nota el malestar, ya no llora tanto como días atrás, pero le cuesta coger el sueño, duerme intranquilo, se despierta muchas veces sollozando, se desvela…

Por lo demás, a parte de estos malos ratos nocturnos, de día está bien, alegre, juguetón y risueño. Solamente ayer, lo noté un pelín caliente, y un poco más tontorrón (se quejaba en la mochila, en brazos, aguantaba muy poco en el parque…). Como hacía bastante calor y no estaba chafado ni tenía otros síntomas preocupantes, le puse más fresquito y no le di más importancia. Pero esta mañana me ha cuadrado todo al verlo… Se ha puesto a llorar mucho cogiéndose la oreja derecha, llevándose las manos a la boca, y muy inquieto. Le he puesto un dedo en la boca, y en seguida he notado que me dirigía hacia un lado concreto de la encía dónde apretaba más: el lateral derecho inferior. Ahí he notado algo duro, que cuando he mirado, he visto que era un puntito blanco. Justo en ese lugar, se toca con la lengua constantemente, porque nota que tiene algo extraño.

Ahí lo tenemos, asomándose: hola primer dientecito!!!

No se si esto durará mucho, si tardará en salir o no…experiencias??

Por lo que vamos viendo, Biel va con prisa en esto de crecer, todo lo ha empezado a hacer muy pronto, y ahora dientes… Hace ilusión, pero me sabe mal que empiece a sufrir por esto tan pronto, es tan pequeñito!! Ahora que estábamos saliendo de la crisis de los tres meses… Aunque aún da sus coletazos, y a ratos está muy distraído o tan concentrado en las tomas que me pellizca y retuerce el pezón llegando a hacerme morados.

Como en las anteriores crisis, esta ha traído un montón de cambios positivos como os conté en la entrada de las 13 semanas. Sobre todo, está mucho más receptivo, se entretiene con muchas cosas, y le llaman mucho la atención las luces, los colores, las texturas, los sonidos… Incluso habla y juega con cosas aparentemente invisibles, a las que da manotazos y sigue con la mirada o girando la cabeza (¿alguien lo entiende???). Y por fin, ha descubierto a ls gatos!! Un día me desperté y estaba tocando (o más bien tirado de su pelo) a Maru, que estaba durmiendo a su lado. Desde entonces, les sigue con la mirada, y cuando le acercamos a ellos, les coge del pelo y se emociona mucho con ellos ❤

La crisis nos ha traído muchas cosas, pero también se ha llevado una: el reflejo del moro!! Es un espasmo que tienen los bebés desde el nacimiento, estiran los brazos hacia arriba y parece que sienten que van a caerse. Sobre todo les pasa cuando los mueves, o cuando están muy relajados, por lo que, se despiertan muchas veces estando dormidos al hacer un leve movimiento, y es muy molesto. Los cambios han sido mejoras en general, exceptuando los malestares temporales y la dichosa manía de lanzarse al vacío… Arquear la espalda e intentar tirarse de nuestros brazos lo hace desde siempre, pero ahora se agrava al tener más fuerza, y al ver cosas que llaman su atención y querer alcanzarlas.

Hasta aquí, la versión extendida de la semana 14 de Biel, espero no haber olvidado más detalles… seguiré contándoos como evoluciona. Contadme vosotr@s vuestras experiencias con los dientes que voy muy perdida!! 😉

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Abrazos mamíferos ❤

 

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Sobre mi parto…

Se que muchos estáis esperando que escriba mi parto, Mamífero es el primero que me lo recuerda a menudo 😉

Si,tengo que hacerlo, quiero hacerlo. Fue el día más bonito de mi vida y merece una entrada, por lo menos. Lo que pasa es que tengo que dedicarle mucho tiempo y energía recabando datos, traduciendo tantas emociones a palabra escrita… Sacando de mi subconsciente desde los pequeños detalles, hasta lo más importante y significativo que se me ha olvidado. ¿Cómo puede ser? He olvidado detalles importantísimos de un día tan esperado!!!

Será que no estaba en plena consciencia, que eso para mi no pasó. Lo viví con tal intensidad que mi cerebro no pudo participar. Mamífero dice que cuando me preguntaban si quería cambiar de postura o algo, yo siempre decía: no se. Y no lo recuerdo, pero, claro, no sabía, no pensaba. Estaba en un trance similar al de la meditación en el que la mente va en piloto automático. La cabeza estaba lejos, yo era puro cuerpo.

Un parto sin epidural se vive desde otro plano, visceral, con la cabeza ida. Ese “planeta parto” del que tanto se habla, existe, y lo que pasa ahí, ahí se queda. No importa el dolor, no es tan grave.  No importan las horas, el tiempo es relativo. No importa si lloras o gritas, no eres consciente. No importan las caras de quienes te atienden, no las recuerdas. No importa si estabas atenta a lo que pasaba, estabas dónde debías, conectada con tu cuerpo y tu bebé.

Del parto de Aritz tengo grabados a fuego cada segundo, cada detalle, recuerdo el lugar al milímetro, cada contracción… Todavía puedo revivir el dolor emocional y físico, tal cual lo sentí entonces. Vivir algo tan duro genera un estrés postraumático que hace que los flashbacks y la ansiedad al recordarlo voluntariamente o no, te acompañen siempre. En cambio, del nacimiento tan feliz y respetado de su hermano puedo escribirlo en apenas un par de líneas.

Si le doy vueltas, recuerdo momentos, y puedo hilvanar los hechos para darle un sentido a mis divagaciones. Tengo que hacerlo con tiempo, calma, y ayuda de Mamífero. Él estuvo presente en todo momento, y puede recordar más cosas. A veces, hablando, le pregunto como fue tal cosa, o me da detalles e información que yo no sabía. Es extraño que otro recuerde mejor tu parto que tu misma! Por eso quiero escribirlo algún día, a todo lujo de detalles, para no acabar de olvidar esas horas tan mágicas 🙂

A líneas generales puedo deciros que:

  • El olor de un recién nacido, de TU cachorro es indescriptible y embriagador.
  • Cuando nace tu hijo no te crees lo que está pasando, es como si, de golpe, cayeses del planeta parto a la Tierra.
  • Fue un parto respetadísimo, me trataron con mucho cariño y profesionalidad aún en los momentos más críticos.
  • La dilatación fue maravillosa, agradable, íntima, fácil y bastante rápida… me sentí como en casa.
  • Mi hijo es un campeón, aguantó un expulsivo de 5 horas sin ningún tipo de sufrimiento, y una salida muy dura para él.
  • El dolor no fue insoportable, en serio, no le tengáis miedo. Recuerdo mucho más doloroso el parto de Aritz, simplemente, porque estaba aterrorizada.
  • Lo peor fueron el calor y la sed, es lo que más me desconcentraba y fue muy agobiante.
  • El agotamiento se disipa en el momento en que tienes a tu bebé en el pecho, es impresionante como el subidón hormonal ayuda en la recuperación.
  • Algo que todos me preguntan: Si, repetiría un parto natural sin epidural, sin duda. En ningún momento pensé en pedirla, no sentí que no pudiese con ello.

Comparto con vosotros una foto de la dilatación, estando de unos 7 centímetros. Ese rato lo recuerdo muy bien, y con mucho cariño. Con la luz ténue, y Mamífero (que no aparece porque estaba haciendo la foto) sentado detrás de mi. Solos los dos, hablando, riendo, comiendo, bebiendo… e imaginando que en pocas horas tendíamos a Biel e brazos. Estoy sentada en la pelota, colgada del fular (que bien me fue ese combo), y comiendo anacardos entre contracciones 🙂

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Quiero también, dejar constancia en el Hospital de Olot de lo bien tratada que me sentí, y felicitarles por la gran labor que hacen para adecuarse a las necesidades de las familias en los nacimientos. Fue clave la buena actitud de la matrona, que creyó en mi cada momento, animándome, acompañando, sin intervenir, respetando mi voluntad y explicándome amorosamente cada paso a dar. Me hicieron sentir muy capaz, fuerte, y adulta. Algo que por desgracia, no pasa en todos los nacimientos, en los que se ningunea e infantiliza a la mujer, dejándola en el plano de la niña que no sabe parir.

Pedí una hoja de aclamaciones el día que me dieron el alta, pero todavía no he podido rellenarla….  Intenté recordar los nombres de las mujeres que nos acompañaron en el nacimiento de Biel para mencionarlas, pero no los he podido retener 😛

Cambiar de hospital y escoger ese fue lo mejor que pude hacer, y repetiré,  en un próximo parto. El personal tanto de paritorio, como de la planta de maternidad son excelentes, están bien actualizados en cuanto a cuidados en el nacimiento y postparto, y la lactancia. Ojalá todos los centros y personal evolucionen en esta línea, que la violencia obstétrica termine, que nadie más tenga que sufrir la mala praxis y faltas de respeto en momentos tan delicados.

Espero tener tiempo pronto para compartir con vosotros el nacimiento de Biel, que fue muy emocionante y intenso. Con mi empoderamiento, mis falquezas, y el final más feliz.

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Abrazos mamíferos❤

Pródromos de parto, ¡falsa alarma!!

Ya llevamos unos días en los que todo el mundo está en vilo, a Mamífero en el trabajo le preguntan los compañeros cada día, y la jefa si le ve andando con prisas ya piensa que me he puesto de parto. Se acerca la luna llena, y ayer la miraba pensando que va a ser la última que pase con Biel en mi tripa. Según me ha dicho hoy Mamífero, ayer al atardecer que vimos la puesta de sol, él estaba pensando que a lo mejor era la última que veía sin Biel aquí fuera. Antes de ir a dormir, me preguntó como estaba, porque voy teniendo dolores al largo del día y por la noche aumentan, y está pendiente de ir corriendo al hospital. Siento que hay muchas expectativas, y me sabe mal que él esté intranquilo, y todos los que están pendientes también.

Yo la verdad es que estoy muy zen, lo estoy llevando mucho mejor de lo que pensaba. No tengo ansiedad, ni me preocupa cuando va a ser, solamente tengo ganas de que pase, y lo espero con ilusión. No tengo miedo, ni me preocupa el parto. Se que va a ir bien, Biel está sano y que nos tratarán estupendamente. La verdad es que he pasado más nervios durante el embarazo, o antes de las ecografias que ahora que esto ya llega a su fin. Pienso en que se acaba este embarazo tan duro y siento paz, alivio y tranquilidad, no me angustia en absoluto.

He estado un par de días resfriada, hacía muchísimo que no cogía nada, y ha llegado en el momento más pesado del embarazo… Ayer por la noche estaba rara, que es cuando me da el bajón, dolor de cabeza de la mocosidad, y contracciones, así que no le di más importancia. Esta madrugada, además de los despertares de costumbre, a las 3 me ha dado una arcada, que no ha llegado a más, pero el estómago se me ha quedado revuelto hasta la mañana.

Me he despertado poco antes de las 7 con dolorcitos  suaves como de costumbre y la barriga revuelta, pero no me ha parecido nada fuera de lo normal. Me he tomado un vaso de leche de arroz para que se me asentase el estómago con la intención de intentar después, dormir algo más. Entonces he notado que mojaba las braguitas, pensaba que era flujo pero al notarlo más líquido he mirado, y he visto que estaba teñido con algo de sangre, color rosadito.

He respirado hondo y no me he puesto nerviosa, me he agachado para comprobar si salía más (por si había roto bolsa), y no parecía salir en mucha cantidad. Al poco rato he tenido dolores como de regla, pero era muy suavecitos. Mi guardiana Maru se ha pegado a mi ronroneando, y Flip me vigilaba a un palmo, ambos sintiendo que estaba rara, pero tranquilos, dándome paz. He avisado a Mamífero que se estaba preparando para ir a trabajar, y le he dado un buen susto, pobre… Su reacción a los pocos minutos ha sido vomitar en aspersión el café que se acababa de tomar. Que pena me ha dado que estuviese tan nervioso, y a la vez me ha parecido muy cómico, sobre todo porque la ha liado parda al no poder aguantarse. Después de esto, Maru se ha ido a darle mimitos a Mamífero que estaba peor que yo xD

No sabíamos que debíamos hacer, lo que si que tenía claro es que quería comprobar que no fuese fisura o bolsa rota, para no correr riesgo de infección como pasó con Aritz. Así que he llamado al hospital, y he hablado con la matrona de guardia, muy amable, que me ha dicho que lo mejor era que fuésemos y lo comprobarían.

Mamífero ha avisado en el trabajo, y como no tenia dolores fuertes, hemos ido con la calma, esperando a ver si las contracciones se hacían más fuertes y rítmicas. He intentado desayunar, pero nada más me ha entrado un yogur. Luego hemos acabado de pasar la música que quiero tener para el parto, preparado la comida y las últimas cosas que llevar al hospital, hemos dejado a los gatos con suficiente comida y agua… Y nos hemos pegado una ducha, a ver si se activaba la cosa con el agua caliente, y pensando en ponernos guapos y limpitos para recibir a Biel.

Al principio estábamos casi convencidos de que aquella era la última ducha con Biel en mi barriga y que volveríamos a casa con él en brazos, ¡que ilusión pensar en eso!! Pero después de la ducha los dolores han disminuido, y ya hemos empezado a pensar que a lo mejor nos volvíamos a casa poco después. De camino me ha entrado mucha hambre y he podido desayunar, mejor ir con las pilas cargadas por si acaso.

Hemos llegado casi a las 11 de la mañana al hospital, había bastante gente en urgencias con una hora y media estimada de espera. Pero a mi en seguida me han llamado y tras cuatro preguntas de rigor, nos han pasado a paritorios. Una auxiliar de enfermeria me ha tomado las constantes, y después ha venido la matrona de guardia. Me ha tomado una muestra del líquido para comprobar si era o no fisura, y me ha puesto los monitores media hora para ver como iba.

He tenido unas 4 contracciones en ese tiempo, y el corazón de Biel respondía bien. El resultado ha dado negativo, o sea que no he roto bolsa, así que me ha hecho un tacto para ver si había empezado el trabajo de parto con esas contracciones o si no. Ha sido muy doloroso y me ha recordado a los tactos horribles del embarazo de Aritz… Con el agravante de que la mujer ha tenido que apretar muchísimo para llegar al final (me ha pasado como a mi compañera del Pollito Mamífero…). Y cuando no se llega al final, pues claro, es que el cuello está posterior y bien cerradito…

La conclusión ha sido que no estaba en trabajo de parto, sino con pródromos, con el cuello algo acortado, pero todavía no en marcha. El manchado, según la matrona, se debería a que las contracciones que voy teniendo ya están ablandándolo y por eso sangro un poquito. En resumen: que podíamos volver a casa, y a esperar que las contracciones sean más seguidas y dolorosas. Eso puede ser hoy mismo, como me puedo pasar así un par de semanas más, así que a echarle paciencia, e intentar ayudar a que se ponga en marcha la cosa (chocolate, andar, risas, amor, canela, hacer sentadillas…).

De momento sigo manchando lo mismo, y con los dolorcillos que para mi no son de parto, esperando que vayan a más. Y mientras tanto, tengo a Mamífero atacado y preocupado por si me pongo o no de parto, ¡que mal me sabe!! Creo que ahora intentaré dormir algo no vaya a ser que por la noche esto se active y me pille con la batería baja.

Ahora lo que me preocupa es seguir sangrando durante muchos días(dados los antecedentes de mi anterior parto) y no saber hasta qué punto es normal. Se por experiencia que por más que aumente el sangrado, si el cuello sigue cerrado, me harán volver a casa, y no quiero que pase como con Aritz que acabó con infección por la fisura de la bolsa y desprendimiento de placenta por las contracciones.

Esto de estar dudando creo que es la peor parte… lo bueno es que el bebé ya está cocinado, y si me pongo de parto no hay problema. ¿Vosotras tuvisteis muchas falsas alarmas?

 

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Abrazos mamíferos ❤

 

Primera clase de maternidad: el parto

Ayer empezamos las clases de maternidad, las imparte la matrona que me ha llevado los dos embarazos (no es la del hospital en el que pariré). Por lo que ya asistimos a casi todas las clases el año pasado, y aunque sea un poco repetitivo por haberlas hecho antes, siempre va bien refrescar la memoria. Este año somos solamente dos mujeres (el descenso de la natalidad es alarmante…), el año pasado éramos cuatro, y Mamífero, claro.

En esta primera clase hablamos básicamente del parto, de como deseamos que sea, como transcurre, como controlar el dolor mediante la respiración, que expectativas tenemos y qué puede ocurrir… También nos puso unos vídeos de parto en casa, los mismos que vimos el año pasado, lo que me parece muy bien ya que es un tipo de parto que normalmente no se enseña, y pocas veces se da en un hospital.

Mi matrona parte de la base de si quieres o no epidural para enfocar el parto de una u otra manera. Y en parte es cierto, porque eso determina muchos factores, pero no es determinante, porque nunca se sabe si finalmente dará tiempo a que te la pongan, o si no la querías y al final no te sientes capaz. Lo más importante es estar preparadas para cualquier eventualidad, y abiertas a todo, como dijo ella misma, que no nos frustremos con el tipo de parto que finalmente tenemos si no se ajusta a nuestras expectativas.

También hablamos de lo que tenemos que llevar al hospital, para el bebé y la mamá, pero eso ya os lo cuento en otro post 😉

Hasta aquí todo correcto, ahora, me voy a permitir opinar y hacer un poco de crítica constructiva…

Mi matrona es bastante partidaria del parto natural, y tal como enfoca las clases, parece que en su hospital las cosas se hagan de una manera muy respetuosa. Según ella: no rompen la bolsa (a mi si me la rompieron y no hacía falta porque el niño se me salía, literalmente…), hacen piel con piel (pero apuntando que si el bebé tiene frío lo visten y ponen en cuna térmica, que es un sinsentido…), no hacen episiotomía sistemática (como debe ser, pero muchas se la llevan…), te dejan moverte mientras dilatas y que hagas lo que sea para estar cómoda (a mi ni me dejaron moverme, ni ir al baño, ni comer ni beber y me hicieron parir en litotomía aunque les pedí que me dejasen poner de cuclillas sobre la cama), como atendemos pocos partos no aceleramos el proceso (yo con un parto de menos de 15 minutos me sentí muy presionada e incluso insinuaron llevarme a quirófano para sacar la placenta)…  y una larga lista de afirmaciones en las que me tuve que morder la lengua…

A lo mejor, si me hubiese atendido ella el parto, hubiese tenido una mejor experiencia… Pero sabiendo que no solamente está ella, y que es una lotería quien te pueda tocar, es un error pintarlo tan bonito cuando hay tanto por mejorar en ese hospital… Y sobre todo, sabiendo que hay compañeros que dan un trato pésimo y que muchísimas mujeres (todas las que conozco que han parido allí lo corroboran) han tenido muy malas experiencias. La actitud de: lo hacemos todo super bien, es peligrosa.  Ni siquiera en el hospital al que fuimos ayer, en el que pueden presumir, tienen ese ego, al revés, desean mejorar.

También nos dijo que en lugares dónde hay mucha presión asistencial se debe de acelerar el parto con oxitocina porque hay mujeres esperando. Pues no, lo que se debe hacer, es exigir a dirección que se adapte el servicio a las necesidades de trabajo. La atención al nacimiento, tiene que ser igual de digna, haya muchas o pocas mujeres de parto.

Otra cosa que nos dijo es que hay mujeres que se ponen histéricas, que están enfadadas, gritan y se descontrolan… Y que a esas mujeres, a veces hay que ponerles la epidural antes de tiempo porque no aguantan, y entonces como la anestesia parará el proceso, claro, ya aceleramos el parto con oxitocina… Obviamente pasa que muchas mujeres estén fuera de si, pero me parece lo más normal del mundo. Si es tu primer parto, sobre todo, tienes sensaciones desconocidas, dolores y mucho miedo, y no todas pueden estar modo zen.

Cada una aguanta hasta dónde puede, y, por supuesto, si una mujer dilatada a 3 centímetros está rabiando, no la van a hacer esperar para ponerle la epidural a los 7, no tiene porque sufrir si no quiere. Pero no puede ser que ya se de por hecho que esa mujer no va a aguantar las horas que le quedan de dilatación, y que tendrán que acelerar el parto. Las matronas, además de asistir al parto propiamente, están para acompañar y dar alternativas, seguridad y alentar a la mujer e intentar calmarla. No solo con medicinas se calma a una mujer, y claro que hay situaciones en que ni la medicina lo consigue, pero una mujer pariendo, como todos los mamíferos, se siente vulnerable, y es comprensible que se aterrorice o se bloquee. No se la debe considerar una histérica ni infantilizar su conducta, porque es una situación que, por incómoda que sea para el profesional que la atienda, entra dentro de la normalidad.

Por último, no me gusta nada que cuando se habla del parto, el protagonista sea el dolor. Por experiencias que nos cuentan, por lo que se ve en las películas, por lo que nos imaginamos cuando visualizamos un bebé saliendo de nuestra vagina… Todas pensamos en el dolor, el sufrimiento, lo “malo” del parto… Como dijo mi comadrona, somos una sociedad que no está acostumbrada a sufrir dolor, tenemos una baja tolerancia, ya que por cualquier cosa tomamos un analgésico y nos olvidamos del dolor. Estoy de acuerdo con esa afirmación, la mayoría actúan así, pero no comparto esa actitud (yo no tomo analgésicos si no es algo extremo), ni creo que sirva para ejemplificar el dolor de un parto. Principalmente, y esto es vital entenderlo, porque el parto es un proceso fisiológico, no patológico como un dolor de muelas.

Afirmar que en el trabajo de parto se siente un dolor horrible, insoportable, lo peor, es ya, un mal comienzo. Las contracciones duelen porque tenemos el útero rígido (útero espástico como dice la gran Casilda Rodrigañez), por eso cuando este se expresa, sentimos dolor. Pero algunas mujeres han logrado parir con placer. No hay mucha diferencia entre una contracción de parto y un orgasmo, el mecanismo y las hormonas en juego son las mismas. Lo que determina que la experiencia sea más o menos agradable es la predisposición, el ambiente y como lo vivimos.

Normalmente acompañamos a las contracciones de placer, por eso no nos duelen, pero con las de parto nos tensamos. Es como si cortases un estornudo, molesta porque estás creando una resistencia a algo que pasa espontáneamente, pero estornudar no es desagradable en si mismo. La misma palabra, contracción, tiene un significado que desentona con lo que realmente es y le da una connotación negativa. Me gusta más el concepto expansión, que es lo que realmente logran, abrir el canal de parto.

Quizá todo esto os suene demasiado extremo e irreal, y os doy la razón, porque somos animales culturales, y es muy difícil que concibamos las cosas de manera distinta a como nos las han explicado toda la vida. No pretendo decir que el parto no sea un momento extremo y que no exista el dolor, sino que, cambia mucho la percepción de este según como lo enfrentemos. La sensación del dolor se ve condicionada por la mente, y aumenta con el miedo, y el sufrimiento. Por eso existen personas capaces de soportar situaciones muy extremas sin sentir dolor, mediante el control de la mente.

Cuando escucho a profesionales del parto como a mi comadrona hablar de que el dolor del parto es algo tan horrible e insoportable, siento que el enfoque está mal, que se obvia mucha información. Durante el parto se segregan analgésicos de manera endógena, el cuerpo es sabio y no nos causa un dolor que no podamos soportar. Nadie muere de dolor. Es una decisión personal y igual de digna tanto si quieres ahorrarte ese trance, como pasarlo a pelo. Pero me da pena por esas mujeres que temen al dolor, que pasan el embarazo con miedo al parto y rezando para que les de tiempo a ponerse la epidural.

Con afirmaciones así, se generan muy malas expectativas, y es normal que llegado el momento se viva el trabajo de parto con mucha tensión y sufrimiento. A veces, por tiempo, o porque no te hace efecto la analgesia, los partos acaban siendo sin epidural, y es algo para lo que todas tenemos que prepararnos. Imagino lo traumático que debe ser para una mujer que deseaba no sentir dolor, tener que enfrentarse a un parto sin anestesia y sin ninguna preparación previa.

El enfoque de matronas como la que nos atendió en el nuevo hospital es completamente distinto en ese aspecto. El dolor no era el malo de la película, es algo que de entrada, consideran que se puede sobrellevar si se dan ciertas condiciones. Escuchar a nuestro cuerpo, dejarnos ir, y estar en un ambiente seguro es lo principal para que no nos anclemos en él, para avanzar con las contracciones, y no pese a ellas. Es vital informar de que hay muchas maneras de pasar ese momento de una manera agradable, íntima y disfrutar el parto, no sufrirlo.

Motivarían mucho más a las mujeres afirmaciones como: estamos preparadas para parir, podemos soportarlo perfectamente. Que se nos empodere, y nos animen a confiar en nuestro cuerpo. Que no nos quedemos con el concepto de que nuestro cuerpo nos juega una mala pasada y nos hace sufrir sin sentido. El nacimiento es un proceso maravilloso y las contracciones son una ayuda, no el problema.

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Abrazos mamíferos ❤

Un aborto más…

Como os dije en la entrada de ayer, hoy os comparto como me sentía quince días después de mi último aborto…

Mañana tengo que ir al hospital, la última vez que pisé ese lugar fue para recoger la necropsia de nuestro hijo. Nada más pensarlo me entra pánico, y se agolpan en mi cabeza imágenes. Revivo el parto, la primera ecografia y el feliz sonido de su corazón, y la última en la que no había latido… el miedo y la angustia de las visitas a urgencias, la ilusión con la que acudíamos a los controles, la frialdad de mi ginecólogo diciéndome que era un “aborto”, cuando nos dijeron que era un niño y pudimos llamarte Aritz… 

Recuerdo tanto lo bueno como lo peor, supongo que mi cabeza necesita compensar tanto dolor con las imágenes felices. Gana la tristeza ahora mismo, la melancolía, el vacío, le hecho de menos… Nunca más volveré a tener un embarazo tan feliz, las buenas esperanzas siempre andarán teñidas de inseguridad, miedo y angustia.

He vuelto a perder un embarazo, otra vez. Duele, son tantas veces, tanto tiempo luchando… Pensaba que con el embarazo de Aritz, los abortos tempranos se habían solucionado, que algo había cambiado, pero no. 

Pasamos el proceso en casa, lejos de ese hospital maldito, ya conozco a mi cuerpo y se lo que debo hacer. Quise afrontarlo en la intimidad, a mi ritmo, con calma, sin protocolos ni violencia. Mi cuerpo y mi mente, así como ese bebé, me pedían nido, paz, cariño. Sabía que debía evitar los miedos y el estrés, para poder fluir. 

Tuve que defenderme de los miedos de mi madre, no la culpo por temer a algo tan horrible y desconocido, pero necesitaba apoyo. Intenté explicarle que me encontraba bien, y que estaría atenta a cualquier hemorragia o síntoma de infección. No había motivos para alarmarnos todavía, y no tenía porque pasar por una intervención y sus riesgos innecesariamente. 

Mientras defendía mi derecho a dejar a mi bebé marcharse en paz, y aún sabiendo que ya he pasado por esto, afloraban mis miedos… ¿y si no lo expulso del todo? ¿y si tenemos que acabar en urgencias? ¿Y si pasa algo que afecte a mi, ya pobre, fertilidad?… Pensar en eso no me convenía, sabía por propia experiencia que tenia la capacidad y tiempo de sobra para hacerlo sola.

Me dejó agotada discutir eso en un momento así, no volví a mencionar el tema para callar a la inseguridad,  volver a confiar en mi misma, y conectar con mi cuerpo. Tanto me afectó, que no se lo dije a mi padre, por no volver a pasar por lo mismo… Pasaron unos días hasta que tuve fuerzas para decírselo, pero ya se lo había dicho ella. Así que estaba preocupado, enfadado y seco conmigo. Aunque le pedí disculpas por no haberle avisado, y le dije mis motivos, estaba dolido. Me pareció injusto que en un momento así nadie escuchase lo que necesitaba. Entiendo que se preocupe, pero no que se enfade. Otro problema añadido. No hemos vuelto a hablar desde entonces… 

Apenas hacía unos días que me sabía embarazada, y empecé a sospechar cuando al repetir el test días después, la línea apareció más leve. Repetimos unos cuantos los días siguientes, pensando que era defecto de los test, ya que estaban a punto de caducar. Fuimos a comprar uno a la farmacia, queriendo creer que ese si que se marcaría bien. Pero nos dio el mismo resultado… Un miércoles, el dia 27 de Mayo, me hice el test por la mañana y ya estaba completamente blanco. Ese blanco que a las que buscamos durante tanto tiempo un embarazo, nos duele tanto…

Esa noche, tuve el primer manchado, y horas después empezó todo. Los dolores me indicaban que sería rápido, y así fue. Esa misma noche salió un pequeño coágulo, i a su lado una nube de tejido rojizo. Sin duda aquello era nuestro bebé… Se lo enseñé a Mamífero, y con mucho dolor, me despedí de él… 

Sangré durante un par de días más, con dolores parecidos a los de una regla. Le siguieron cinco días más de restos, poca cantidad, y dolores más suaves. Fue relativamente fácil físicamente, estoy agradecida de que no se complicase ni se alargase demasiado.

Al principio me lo tomé bastante “bien”, con lo que he pasado ya, era consciente de que estas cosas pasan. Pero esta semana me ha invadido una honda tristeza, vacío infinito, desesperanza, rabia, impotencia… La gran duda de si conseguiremos ser padres de un bebé vivo. No entiendo el sentido de todo esto, no se que camino debemos tomar si esto se alarga más años. 

El detonante fue la visita con mi comadrona, una semana después del aborto. Ya tenía hora de visita concertada, quise ir pronto para empezar los controles cuanto antes y tomar medidas para cuidar ese embarazo. Tuvimos que esperar nuestro turno un buen rato, como de costumbre, reviviendo cuando esperábamos con ilusión para escuchar el corazón de Aritz. 

No sabía como reaccionaría ella, ni como explicárselo, temía que ella tampoco entendiese porque no había ido al hospital. Cuando pasamos a la consulta, ella se alegró mucho de vernos al pensar que volvíamos con un embarazo, se lo conté de golpe y cambió su cara. Por suerte, no me echó en cara no haber ido al hospital, aunque si que le desconcertó mi manera de actuar, imagino que por no ser lo habitual. 

Hablamos de los anteriores abortos, y nos dijo que si queríamos ser padres, que fuésemos a por todas, directos a fertilidad. Otra vez, pensar en pruebas, esperas… Pero era lo que debíamos hacer, para evitar perder más embarazos teníamos que dar con el problema. Ya nos habían hecho algunas pruebas sin encontrar nada, sabíamos que para las siguientes debíamos ir a un centro distinto, y entrar en la lista de espera, es desesperanzador… Es como volver a empezar de cero, una vez más. 

Nos dio hora para comprobar con una ecografia si había expulsado todo, una semana después. Es mañana, volveremos a pisar esa sala en la que supimos que nuestro hijo ya no tenía vida. Como odio esa sala, ese hospital. Me avisó que me ponía la hora en obstétricas, es decir, que estaríamos en la sala de espera con felices embarazadas, y yo vacía. Pero eso ya me ha pasado muchas veces en estos años. 

Lo más deprimente es que ahora debemos dejar pasar un ciclo, hasta volverlo a intentar. Apenas hace un par de ciclos que dejamos de esperar el tiempo que nos recomendaron después del parto de Aritz, y volvemos a estar encallados. Me siento como si no pudiésemos avanzar, no podemos seguir peleando por nuestro sueño. Se que solamente es un ciclo más, de entre tantos que hemos esperado, pero me entristece. Se me hace una eternidad…

Si tuviésemos algo de dinero podríamos salir a comer, despejarnos, irnos un par de días, intentar distraernos… Pero es el peor de los meses, hemos cobrado medio sueldo, y encerrados en casa esto se hace insoportable. No puedo dormir, me levanto sin ganas de nada, tarde, y cuando me animo a salir a pasear, se pone a llover como si fuese el fin del mundo. Comería hasta reventar para calmar la ansiedad, pero la despensa está bajo mínimos… parece que no tengo derecho a compensar mis penas con ningún placer. 

Suerte de Mamífero, que está muy pendiente de mi, es mi gran apoyo. Me despierta paciente y amoroso, sabiendo que no quiero abrir los ojos porque me cuesta vivir esta realidad. Mientras duermo, al menos, el tiempo pasa rápido, cuando consigo dormirme, claro. El cansancio que acumulo hace que coja un sueño muy profundo. Él me deja dormir un poco más, es el único vicio que tengo, dejarme descansar. Vuelve más tarde con abrazos, sonrisas y caricias… Consigue hacerme reír otra vez…  por las mañanas, alargamos esos momentos felices todo lo que podemos. Hace que tenga ganas de volver a empezar, tenerle a mi lado es el motor que me permite seguir adelante. 

Mientras tanto, la gente opina, los que nos quieren nos ofrecen consejos, y normalmente, aunque no sea su intención, hacen daño. Nos repiten una y mil veces:

“sois jóvenes” (claaro), “no tiene porque volver a pasar” (no tiene porqué pero ya llevamos unas cuantas…), “no os obsesionéis” (como si fuese anormal preocuparse con lo que nos pasa), “podéis tener otro hijo” (si, otro), “tenéis que pasar página y tirar adelante” (venga, el siguiente!!), “no os podéis hundir” (no tenemos derecho ni motivos suficientes…), “mujer abortada, mujer preñada” (que bonita y graciosa la rima!) …

Lo dicen con cariño, no saben que decir, pero duele igualmente, y cansa…  Cuando tienes tal dolor, cada uno lo gestiona como puede, y nadie debe de cuantificar tu dolor, ni decirte como llevarlo. Si simplemente se limitasen a estar presentes, a ofrecer ayuda, escuchar si quieres decir algo, decir lo siento, dar un abrazo… Pero tener que escuchar esas frases hechas, lo que en ese momento no quieres ni necesitas oír, te hace sentir incomprendida. Reabren heridas, y atrasan el proceso.

Además tienes que considerarlo un gesto amable, escondiendo lo que sientes, que es lo que nunca se debe de hacer cuando estás mal.  Te dicen que no te hundas cuando es dónde estás, en la mierda, y es lo normal estar así, lo que toca. Pero sientes que, a sus ojos, lo estás llevando fatal. Nadie puede opinar cuánto tiempo debes estar triste, nadie sabe como es tu dolor, es tuyo. Necesitas comprensión, no que te juzguen, que te permitan estar en el lugar que estás. 

Alguien que se levanta cada mañana con una pena tan grande no debería ser juzgada, el simple hecho de seguir viviendo, de conseguir salir de la cama, sonreír un instante… Son grandes victorias a tener en cuenta, son un gran esfuerzo por salir adelante, aunque después te caigas mil veces más. Las recaídas son parte del proceso, es dejar ir lo que sientes sin aparentar lo que no es. 

Después de seis meses de haber perdido a nuestro hijo, sumamos un aborto más a nuestras espaldas. Hemos estado esforzándonos mucho para seguir este camino de subidas y recaídas, y seguimos adelante. Habíamos conseguido recuperar de nuevo la alegría por un nuevo embarazo, y de nuevo otro mazazo. 

Mañana nos toca enfrentarnos a ese hospital, a esa sala, a ese doctor… La última vez que estuve ante ese ecografo, fue para confirmar también, que no quedaban restos de lo que acompañaba a mi hijo. Mi útero estaba vacío, y verlo así, fue lo más triste que me pasó después de días de haber parido. Como si fuese una broma macabra, el ginecólogo me dio la imagen de mi útero vacío… Guardo esa ecografia, es la última que cierra el ciclo del crecimiento de nuestro hijo. 

Tengo miedo de revivir demasiadas emociones, solo quiero que pase el día, la semana, el mes… Me aterroriza pensar que queden restos y tener que pasar por un legrado después de todo… o que encuentre algo que no esté bien, y eso nos aleje más de nuestro sueño. 

Por momentos, me viene a la cabeza la estúpida idea de que podría estar embarazada, que quizá solo ha sido un sangrado y algo sigue vivo ahí dentro. A lo mejor, pienso inocente, la vida nos da una sorpresa, y mañana es un día feliz. No estoy loca, se que no es posible, que es enfermizo, pero es mi único consuelo ahora mismo. Prefiero tener vivo un único pensamiento positivo que luche contra todo lo negativo. No me cojo a eso como una esperanza, pero sería bonito, ¿verdad?

Siendo realista y práctica, necesito ir a esa ecografia y verlo por mi misma. Otra vez, confirmar que mi útero sigue deshabitado, para poder empezar a asumir otra pérdida, y como dicen, seguir adelante.

 

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Abrazos mamíferos ❤

 

 

Cuando los hijos se hacen esperar…

Para muchos, tener hijos es algo que sucede, sea buscado o encontrado. Se supone que es tan sencillo como dejar de poner medios y quererse mucho. Pero para muchas otras personas, es una verdadera odisea, que conlleva mucho sufrimiento, esfuerzo, valor, dedicación, energía… Tanta implicación repercute en nuestro estado anímico y en la salud. Pero no solo eso, también puede afectarnos como pareja, o a nuestra economía, a la vida social y familiar, al trabajo…

Los que no han pasado por ello no nos entienden, para ellos es un regalo de la vida al que no han esperado y desesperado, sufrido por su ausencia, ni luchado para consguirlo, ni perdido cuando pensaban tenerlo, ni llorado cuando lo imaginaban… Nosotros si, durante años quizá, y duele cada día, cada ciclo perdido, cada aborto, cada problema que se cruza en nuestro camino.

Nos sentimos solos, incomprendidos, nadie parece querer escuchar tu dolor, tu duelo, tu pena… Pocos preguntan, y muchos opinan. Te dicen que eres joven, que no te preocupes, que cuando menos te lo esperes lo conseguirás… o peor, te dicen que con esa actitud no lo haces bien, y te sientes culpable, impotente, no puedes tomártelo bien.

Solamente tú y tu pareja sabéis por lo que estáis pasando, todo empezó con alegría y optimismo, como todas las parejas, ¿que habéis hecho mal? Ya lo habéis probado todo,  y nunca llega. ¿Porque nosotros? Te repites esa pregunta mil veces, y no hay respuesta.

Tus amigas, hermanas, cuñadas, compañeras de trabajo, vecinas, la clienta a la que atiendes, conocidas y desconocidas van quedando embarazadas. Todo a tu alrededor rebosa vida, y tu tan vací@. Te duele en el alma sentirte así, pero no lo puedes evitar. No puedes compartir el dolor que sientes al verles, no lo entenderán, te juzgarán.

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Nadie entiende porque no puedes sonreír, te lo recriminan, y te sientes egoísta por no estar a la altura. Eres tu quien actúa distinto, te sientes fuera de lugar, y te lo hacen saber: estás mal, lo haces mal, no te queremos ver así, cambia la cara, no te lo tomes así, no es para tanto, peor sería si… O simplemente no dicen nada, te ignoran a ti y a tu realidad. Quieren que seas la persona que eras antes, ahora no les sirves.

A tu alrededor ves familias con hijos, algunos no parecen felices, otros se quejan… Que dura es la maternidad, que cansad@ estoy, mi vida no es lo que era, a ver cuando empieza el cole y desconectamos, no tengo tiempo para nada, mis hijos me agotan… Y tu piensas lo injusta que es la vida.

Lo deseas demasiado, quizá no sea el momento, ser madre no es lo único en el mundo, se puede ser feliz sin hijos, si no te relajas no lo conseguirás, no pasa nada por adoptar, tómate un respiro, no puedes tomártelo tan a pecho, no es tan grave, ya está bien de darle vueltas al tema, no te lo tomes así, cuando seas madre/padre ya te enterarás de lo que es sufrir, no pasa nada, hay muchos avances en tratamientos de fertilidad, fulanita no podía tener hijos y ya va por el cuarto, menganita lo consiguió relajándose y yendo de vacaciones, cuando menos te lo esperes ocurrirá, ya está bien con ese tema, piensa en otras cosas …

Tantas tonterías te dicen, tan fáciles de pronunciar desde el otro lado, tan vacías de sentido, consuelo y empatia…

Y tan pocas veces escucharás: te comprendo, tienes derecho a sufrir, lo estás haciendo muy bien, lo que sientes es normal, te apoyaré en lo que necesites, me importa lo que estás sintiendo, respeto tu sentir, entiendo que esto os afecte, es muy injusto lo que os pasa, es humano derrumbarse, respeto tu dolor, es lógico que te duela ver niños/bebés/embarazadas, la situación es muy difícil pero sois capaces de superarlo, admiro vuestra determinación, estáis haciendo lo correcto, si lo necesitas hablamos de ello, ¿como lo lleváis?

Vas al médico y te pregunta si tienes hijos y te parte el alma la respuesta que le tienes que dar. Ves un bebé y sientes que tu estómago se encoge de dolor. Te cruzas con una embarazada o una pareja con un bebé y sientes que eso nunca os pasará a vosotr@s. En las noticias hablan de un bebé abandonado y quieres matar por él. Ves a un padre/madre gritar, ignorar o despreciar a su hijo y te dan ganas de partirle la cara. Llega la menstruación y te duele como si perdieses un hij@… Realmente lo has perdido, todas las esperanzas puestas en ese óvulo se van cañerías abajo.

Volver a empezar cada ciclo, cada tratamiento es esperar una eternidad, quizá para nada. Cada día parece tener el triple de horas. Mes a mes te desgarra la realidad de sentir que estáis siempre en el mismo punto. Cada pérdida sientes que has perdido un trozo de ti mism@ que no recuperarás. La candidez y la inocencia se han ido, hay huecos que debes reparar para continuar y se te agotan los recursos.

Un test de embarazo negativo os fulmina, un test de embarazo positivo os da miedo. No dais nada por seguro. La desconfianza y el miedo a volver a tener una decepción os corta las alas y solo podéis esperar con el corazón en un puño, desde la distancia para que duela menos. Pero si duele, y no por más acostumbrarse duele menos.

No quieres cumplir años, eso lo hace más difícil, más lejano. Las fechas señaladas son otro contador más del tiempo que ha pasado. Cuesta seguir viviendo mientras tanto, y nadie te lo pone más fácil porque no te pasa nada.

El mundo se empeña en convencerte de que no es tan grave y tu solo necesitas algo de empatia, reconocimiento, saber que no estas loc@. Te dicen que no tienes motivos para llorar, que eres débil, exageras, que debes seguir adelante, no te puedes hundir. Y eso te hunde más y más.

Te preguntas si volverá a ser como antes, y sabes que no, que esta experiencia os ha cambiado. ¿Merece la pena? Si, claro que si. Seguiremos persiguiendo nuestro sueño hasta que podamos.

A tod@s mis compañer@s con problemas de infertilidad, esterilidad, pérdidas a sus espaldas, o que carecen de medios, pareja o posibilidades para concebir un hijo; que llevan tanto luchado, tanto perdido y tan poco valorado:

Os admiro, sois más fuertes y valientes que la mayoría, que no os digan lo contrario. Los que hemos pasado por esto sabemos lo que vale un/a hij@, lo que somos capaces de soportar, lo buenos padres y madres que somos aunque no tengamos a nuestros hij@s aquí.

Somos madres y padres invisibles en esta sociedad, pero lo somos.

 

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Abrazos mamíferos ❤

 

 

 

 

 

 

 

 

Parto de Aritz, parte II: Quiero despertar de esta pesadilla…

Estamos llegando, veo las majestuosas montañas… Hace sol, debería ser un bonito día de invierno. Me dice que me dejará en la puerta e irá a aparcar, y no me quiero quedar sola, pero no puedo caminar. Bajo y camino lenta y torpemente hacia la puerta. Mientras le espero, veo como va entrando gente. Es domingo y urgencias está bastante lleno. Él llega en seguida, a paso ligero. Entramos, y le pido que hable él, no quiero explicar qué me pasa, otra vez, a la misma mujer de admisiones. Mientras hace cola, me siento en una silla de plástico, en la puntita, qué plástico tan duro… Veo como unos padres están dando sus datos, tienen un bebé y un niño pequeño enfermos, que pena tan pequeñitos y sufriendo… Después va un matrimonio mayor que he visto en la entrada, el hombre se sienta a mi lado, y su mujer me mira de reojo desde la cola… Debo  tener muy mala cara, miro al suelo para que no vean mi cara de dolor. Por fin le toca, no sé que le dice, pero él me señala, y la mujer llama por teléfono. En seguida un celador me viene a buscar con una silla de ruedas, y me deja delante de la puerta de urgencias, en la sala de espera. Hay mucha gente, y siento que todos me miran, por suerte estoy de espaldas a ellos. Espero no encontrarme con nadie ahora… Hay unos carteles que indican el tiempo estimado de espera, los dos lo miramos, las embarazadas con amenaza de parto están de las primeras. De golpe, la barriga se me pone de lado, se la enseño, contenta, porqué ya hacía mucho que no le sentía moverse así. Le acaricio, gracias hijo, me has hecho sonreír.

Abren la puerta, no han tardado nada, y otra vez toca explicar que pasa, odio ésta parte. Estoy de 26+6, sangro muchísimo y tengo mucho dolor. Pasamos a una sala, dónde me tengo que desnudar y el protocolo de siempre: pulso, temperatura, y volver a explicarlo. Ya me conocen de las anteriores veces, y ven que ésta vez es más grave. Me ayudan a subir a la camilla, que es dura como una piedra, completamente plana, y allí el dolor se hace insoportable. En seguida viene la médico, la misma que la última vez que fui me dijo que ni siquiera sangraba… No quiero tacto, pero me lo como con patatas ya que según ella, me miente, es la única manera de saber si estoy dilatando. Me duele mucho más que las otras veces, saca la mano y no dice nada. Evita mi mirada, eso son malas noticias. Inocente, pregunto si el cuello está cerrado, a ver si tengo suerte… pero me dice que no e intenta poner cara amable, después desaparece. Le pregunto nerviosa a la enfermera que qué harían, y me dice que no sabe, pero que en seguida llegará el ginecólogo. Me dice que me pondrá una vía con suero y algo para calmarme, no se si se refiere a los nervios o al dolor, pero me da igual…

Nos dejan solos unos minutos eternos, preocupados e indignados al no saber cómo está nuestro hijo, podrían haber escuchado su corazón… Llega el ginecólogo, justamente es el que lleva mi embarazo. Hace sólo dos días que me revisó con el especulo porqué le insistí con que tenía dolor y sangraba… Entonces me dijo que sólo eran restos, que me dolía la barriga porqué crecía y que debía de estar deshidratada. Me mira sorprendido, y se extraña ya que según él, hace dos días estaba “perfectamente”. Se lo dije entonces que no estaba bien, que desde el tacto que me hizo mi comadrona el miércoles el dolor y el sangrado habían ido a más. Pero no me hizo caso, sólo soy una madre primeriza asustada… y ahora no tengo fuerzas para decirle todo lo que pienso.

No me explica nada, está serio, y le tengo que preguntar qué pasa. Me contesta sin un ápice de humanidad que estoy abortando. Me mata, le digo que no puede ser. Tengo que seguir preguntando porqué no me dice nada, ¿podéis darme algo para pararlo? Me dice que no. Me da miedo seguir preguntando, cada vez es peor… Me dice que el “feto”, que ya no es un niño como hasta ahora, no es viable. Dice que nos tendrían que trasladar a un hospital con UCI para neonatos, pero que no me lo recomienda. Me cuenta que la semana pasada le pasó lo mismo a una chica con la misma edad gestacional y que aunque la trasladaron, el bebé murió poco después de nacer. Continúa diciendo que no recomienda intentar salvar a un bebé tan prematuro, que tendría demasiados problemas de salud. Para poner la guinda, dice con total frialdad, que él no tiene ninguna obligación legal de reanimarlo siendo tan pequeño. No me puedo creer que esté hablando de un bebé con tan poco respeto, como si fuese un juguete defectuoso. Darlo por perdido antes de saber como está… ¿Cómo un médico puede no luchar por la vida?, ¿cómo se atreve a decirnos que no luchemos por nuestro hijo? ¿Piensa que nos podemos deshacer de él porqué el protocolo dice que no es viable? ¿Porqué le faltan dos semanas? Este ser tan frío y despiadado, ¿se dedica a traer al mundo vidas? Está claro que él no quiere ayudar a nuestro hijo, ya le ha sentenciado. Le digo que quiero el traslado, cuanto más lejos de él, mejor. Yo si que quiero intentar salvar a mi hijo, haría cualquier cosa por intentarlo. Me ve convencida y no le gusta, dice que primero hará una ecografia y entonces hablaremos. Se va, y nos deja esperando con el corazón en un puño.

Por fin, vienen a buscarnos con la silla de ruedas. Otra vez toca bajarme de la camilla, paso los empapadores a la silla, y me siento, que doloroso… Llegamos a la sala del ecógrafo, otra vez subir al potro… Veo que coge el ecógrafo vaginal, que bien, más dolor… Empieza a moverlo, aguanto las ganas de gritar, y se queda en silencio, muy serio. Me pregunta si he roto la bolsa, le digo que en la ducha he notado algo, pero con tanta sangre no he podido distinguir si era líquido o no. Sin decirme nada, se va a llamar por teléfono. Sigue en silencio, hasta que llega un doctor, es el pediatra. Ambos miran la pantalla, y el ginecólogo le dice al pediatra: es negativo. Me quedo helada. No me miran, y les pregunto qué pasa, aunque ya sé la respuesta… No hay latido, ha habido un desprendimiento de placenta, por éso el feto ha muerto. Se me para el corazón, el mundo, se me hace insoportable oír eso y seguir viva… Tiene que ser una broma, o una pesadilla, no le creo. Le digo que no puede ser, que le he sentido moverse hace un rato, no puede ser verdad. Miro a mi pareja, él tampoco se lo cree…

Sigue en silencio, no me da ninguna explicación más. Le pregunto que pasará ahora, y dice que lo tengo que “sacar”. Ante nuestras caras de desolación, hace un intento por ser amable y me dice que en un par de reglas podemos volver a intentarlo. Todavía tengo a mi hijo dentro y me está hablando de sustituirlo… Ni una palabra amable. Me siento en una realidad paralela, no puede ser, no puede estar pasando… y éste señor no puede estar tratándonos así, he conocido veterinarios que tratan a sus pacientes con más delicadeza. No se que como irá, estoy asustada, y no me explica nada,  parece que tenga que estar tan acostumbrada como él a la situación. Excepto mi pareja, nadie parece darse cuenta de lo inhumano del trato, al menos, nadie quiere hacerse cargo. Los doctores no tardan demasiado en desaparecer sin decir mucho más, y nos quedamos con el celador. Ya ni siquiera nos tratan como padres, con sonrisas en la cara y felicitaciones, no somos más que un problema del que se quieren deshacer.

El parto de nuestro tan esperado hijo, no será en casa, como queríamos, rodeado de amor, no tendrá un final feliz… sólo será un trámite, el paso de la inmensa felicidad a la desolación y el vacío. No quiero parir, no así… Me gustaría que todo fuese más lentamente, tener tiempo para hacernos a la idea, despedirnos dignamente… Pero mi cuerpo me recuerda, con una contracción, que sigue avanzando.

Me levanto como puedo, con la ayuda de mi pareja. El cuerpo me pesa, la cabeza se me va, mi alma no está conmigo, se quiere ir con la de mi hijo… El pobre celador nos mira compasivo, dice que es una putada, pero que estas cosas pasan. Es lo más empático que nos han dicho hasta el momento.

Volvemos a la sala en urgencias, moverme para volver a subir a la camilla es ya insoportable. Nos dicen que esperemos mientras preparan una habitación, y que me van a ingresar. Odio los hospitales, y lo que estoy viviendo me reafirma. Me he pasado medio embarazo en urgencias, todos los controles y las pruebas salían estupendas, y mi hijo ha muerto. Nos dejan aquí tirados sin soluciones ni explicaciones médicas, sin acompañamiento emocional. Quiero irme a casa y hacerlo a mi manera, pero sé no me dejarían tal como estoy. Ahora tienen miedo por mi salud porqué ha habido desprendimiento de placenta y estoy perdiendo mucha sangre… A buenas horas se preocupan, a mi éso ahora me da igual. He pasado dos meses con contracciones, diciéndoles que perdía mucha sangre, y nadie me hizo caso. Sé que podrían haberlo hecho mejor, pero no me quedan fuerzas ni ganas para pedir explicaciones. Ni siquiera puedo, ya que el cobarde de mi ginecólogo se ha quitado del medio sin decirme ni “hasta luego”.

Estoy desolada, igual que mi pareja. Sólo quiero abrazarle y decirle que le quiero. Tenemos un momento de intimidad para llorar a nuestro hijo, y consolarnos el uno al otro… Pero en seguida empiezo a estar muy mal, el dolor me supera.  De golpe tengo muchas ganas de ir al baño, me quiero bajar corriendo de la camilla e irme. Se lo digo a la doctora, y me dice que éso será que tengo ganas de empujar. Tengo el estómago revuelto, e insisto en ir, pero no me deja, dice que me traerá una cuña. ¿en serio? ¿no merezco un momento de intimidad? Necesito estar sola y no me dejan.

Vuelve con ella, y me hace levantar el culo para ponerme ése trasto metálico horrible que se me clava dolorosamente en mi ya dolorido coxis… Lo dejan esperando a ver si hago algo, como si fuese posible en ésa postura, con ése dolor, y todos mirándome. La situación me parece denigrante, cruel… Le digo que lo saque, y pienso que se lo metan ellos por donde les quepa, o lo usen de cojín y vean lo cómodo que es.

 

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Abrazos mamíferos ❤

Parto de Aritz, parte I: ¿Qué me está pasando?

Me despierta un fortísimo dolor, se ha pasado el efecto del último analgésico… Son las 6 de la mañana, y solo hace unos minutos desde que conseguí dormirme. Lloro de agotamiento e impotencia, pienso en Aritz que debe de estar también cansado, y me siento culpable. Doy vueltas en la cama para intentar coger una postura más cómoda, pero me cuesta moverme con éstos dolores, y la barriga me pesa. Cuando me giro, mi hijo se recoloca, y al moverse, siento presión hacia abajo y duele…

Sigo dando vueltas, no estoy nada cómoda en la cama. Me levanto y se me revuelve el estómago, necesito ir corriendo al baño. Allí paso un buen rato, los dolores no me dejan moverme. Sangre, mucha sangre, otra compresa… no sé qué pasa pero no me gusta. Tengo muchas ganas, pero me da miedo apretar… me pregunto otra vez si éstos dolores y la presión que siento son contracciones de parto o otra “falsa alarma”. No puede ser, espero que no.

Me levanto entre dolor y dolor y salgo del baño, poco a poco. Camino arriba y abajo, estoy agotada, pero en la cama ya no sé cómo ponerme. En seguida llega otro dolor que no me deja estar de pie, creo que no han pasado ni cinco minutos desde el último. Vuelvo a la cama. Miro el reloj y calculo… mierda, todavía no puedo tomar otro paracetamol. En seguida se me pasará, éstos últimos días cuando salía el sol los dolores se espaciaban y podía dormir un ratito. Viene otro, parece más fuerte, no sé cuánto más aguantaré. Cierro los ojos y pido que no vengan más, necesitamos descansar…

Otro más, cada vez es peor… respiro, respiro… me digo: aguanta un poco más que a las 7 puedes tomar otra pastilla. Siento que viene otro… espero que pase, y busco la maldita pastilla. No puedo incorporarme, es como si tuviese un cuchillo clavado en el coxis. Trago la pastilla como puedo, y con ella mi última esperanza de calmar éste sufrimiento. Empiezo a contar los minutos que faltan hasta que haga efecto.

Le pido a mi hijo que se quede conmigo, le digo que vamos a relajarnos e intentar dormir un poquito, que lo siento mucho por hacerle sufrir… Entre punzadas, me acaricio la barriga y lloro, no sé qué debo hacer ni como acabará esto. Me da miedo, sé que si los dolores no ceden tendremos que volver al hospital. No quiero, ya sé lo que me encontraré, no soportaré otro tacto, ni su condescendencia e incredulidad. Estoy harta de decir que me duele, que sangro, y que me hagan sentir como una niñata llorona.

Ha pasado una hora y la pastilla no ha hecho nada de efecto… Hoy parece que no para, estoy aterrorizada. Son cada vez más fuertes, y empiezo a sollozar, siento a mi bebé empujar, no puede ser, parece que quiere salir… Despierto a mi pareja con mis lamentos, y en seguida veo la preocupación en sus ojos. Me mira con una compasión inmensa y me pregunta qué necesito. Le respondo que no lo sé, pero que se quede a mi lado. Me abraza y se queda conmigo, viendo como me retuerzo de dolor. Adivino por su expresión que ésto va en serio, no es un día más. Tengo mucha angustia acumulada, lloro y él me abraza y espera paciente a que la saque. Me pregunta si Aritz se mueve, le contesto que si, pero parece que menos que normalmente. Las otras veces también pasaba, me dice, es por que siente que estás mal, pero él seguro que está bien. Tiene que estar agotado pobrecillo…

Me dice que tenemos que ir al hospital, y sé que tiene razón, pero le digo que no, que hoy no quiero parir, que el bebé es demasiado pequeño… Pero me doy cuenta de que ésto puede ocurrir, tanto dolor no es normal, así que seguramente estoy ya en trabajo de parto… Me rompo y lloro como una niña que no puede asumir lo que está pasando. Pienso que prefiero parir en casa, pero me da miedo que mi hijo necesite atención médica… no sé lo que quiero, no quiero decidir. No soy capaz de moverme, le pido que llame a una ambulancia. Pero, ¿llegarán a tiempo? No puedo pensar con claridad… Se que él está nervioso sin hacer nada, pero espera a que yo esté preparada. Aguanta mis delirios pacientemente, si por él fuese, seguro que ya hubiésemos salido de casa.

Continúo sangrando muchísimo, he manchado la toalla y está empapando las sábanas, las compresas no dan ni para media hora… pero ya no soy capaz de irme a cambiar. Estoy mareada, me siento débil… ya llevo muchos días sin descansar, y ésta noche he perdido mucha sangre. Necesito energía, le pido que me traiga un yogur ya que no me atrevo con nada sólido. Entre contracción y contracción, él me va dando cucharaditas…

No me siento capaz de nada, pero he entendido que tengo que poder, me intentaré mover entre dolores. Pienso que una ducha caliente me aliviará, éstos días atrás me había funcionado. Además es mi último recurso para saber si ésto se para o continúa, si con la ducha va a peor es que va en serio. Le pido que no me deje sola, tengo miedo de marearme, pero no hace falta que se lo diga, él me vigila. Me prepara ropa limpia, toalla, y enciende el calefactor. Me ayuda a moverme, me desnuda, abre el grifo y se queda muy cerca por si necesito apoyarme en él. El agua caliente me sienta bien, pero los dolores no paran… tengo que cogerme bien para no caerme, y no tengo apenas fuerza para enjabonarme. Él me ayuda a hacerlo, como me cuida, le quiero…

Siento que alguna cosa sale, es pegajoso y denso, no es sangre, es transparente. Instintivamente, cojo un poco y lo huelo, nunca había sentido ése olor, huele a limpio. Me preocupo, creo que puede ser el tapón. De repente me mareo, pienso que me voy a caer y mi cuerpo no reacciona. Él entra en la ducha rápidamente para cogerme y me ayuda a sentarme. Me siento mal por él, veo en su cara que le he asustado. Quiero darle las gracias por haber actuado tan rápido, pero no puedo ni hablar. Ha salido un coágulo enorme, siento como si algo cayese de dentro de mi y mucho dolor en la barriga. Creo que me desmayaré, tengo miedo. Pienso en mi hijo, ¿cómo estará él si yo estoy tan mal?… Aguanta Aritz. Me siento tan culpable de hacerles sufrir a los dos… Estoy mareada, tengo mucho calor y sed…  Me pone un poco de colonia a ver si me sube la tensión. No puedo expresarme, me he quedado con el cuerpo muerto y la cabeza a mil por hora. Quiero salir de ése limbo, que me respondan las piernas y correr al hospital. Me horroriza que a mi hijo le pueda pasar algo. Cuando puedo, le pido que me traiga un poco de zumo, a ver si el azúcar me reactiva. Vuelve con él de prisa, bebo un poquito y en seguida siento que vuelvo en mí misma. Me levanto temblorosa, me aclaro y salgo. Él me viste siguiendo mis órdenes: compresa, braguitas, calcetines, levantame la pierna que no puedo… Me siento inútil, pero muy afortunada de tenerle a mi lado, le quiero tanto…

Lo hemos conseguido, estoy vestida. Cogemos los papeles, zumo, frutos secos y unos plátanos. Antes de salir, pienso que a lo mejor no vuelvo a casa ésta noche, me despido de mis gatos y les digo que no se preocupen si no vuelvo. Bajamos al parking, voy dando pasitos pequeños, con las piernas muy abiertas, no puedo cerrarlas. Me duele mucho la cadera, y la pelvis, nunca me había costado tanto caminar. Sentarme en el coche es muy doloroso, no va a ser un viaje cómodo. Se me hace eterno el trayecto, y muy cortos los momentos entre contracciones. Intento concentrarme en la música para distraerme, pero no sirve de mucho. Cuando viene un dolor, tenso los muslos y levanto el culo, me aguanto sin tocar el asiento porque es insoportable estar sentada. Respiro, me concentro en ello como nos enseñaron en las clases, pero no me sale bien. Le veo nervioso, y le pido que no corra. Me pregunta si prefiero ir por el camino más largo o por el corto que tiene baches, sin duda quiero el largo…

 

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Abrazos mamíferos ❤

Por qué escribo sobre duelo, muerte perinatal e infertilidad.

Quiero hablar de la maternidad en un amplio espectro, y eso incluye, ser padres en duelo (la infertilidad también requiere un proceso de duelo). Cuando una familia pierde un hijo o la posibilidad de engendrarlo, la razón tiene pocos argumentos y consejos que sirvan para transitar ése duelo. Más allá de nuestra cultura occidental en la que la muerte (sobre todo de si es de un bebé) y el sufrimiento son un tabú, hay una emoción ancestral que compartimos con los demás mamíferos. Hablaré mucho de nuestra condición de mamíferos, de la parte más instintiva, para indagar en nuestro comportamiento más “animal”, ya que al fin y al cabo somos animales-mamíferos de especie humana.

Ése dolor, ésa pena, enfadarse, recordar… no son piedras en el camino, no nos hacen volver atrás, sino que nos ayudan a avanzar y gestionar la pérdida. Ésas pulsiones que nos invaden por más racionales que seamos, tienen que recobrar su lugar y la importancia que merecen. No me refiero a anclarse en el dolor, sino a dejarlo salir, darle espacio, y poderlo expresar. Si dolemos es porque amamos, incluso a los hijos que no hemos podido concebir los amamos antes de que existan físicamente. Por eso es sano permitirnos sentir libremente y durante el tiempo que necesitemos.

No son temas agradables, quizá sería más fácil o entretenido para mi y para quien me lea, ir a parar a un blog con un toque más humorístico, ameno y alegre. Pero hay de todo en éste mundo, y las pérdidas perinatales existen, así como el duelo y la infertilidad, y con ello, la necesidad tanto de leer como de escribir sobre ello. Y éstas son las principales razones por las que he decidido hablar ello:

  • Mi necesidad: Cada persona tiene una manera que le funciona para “dejar ir”, la mía siempre ha sido escribir, aunque siempre lo hacía para mi. Normalmente gestiono mis conflictos personales poniendo mis ideas en orden en un texto, reflexionando, y según que casos, hablando con un amig@ en confianza. Pero en el momento en que decidí formar una familia y las cosas se torcieron tanto, he ido acumulando vivencias que pesan demasiado si me las quedo para mí. Las he ido escribiendo conforme han pasado o tiempo después, y me ha aliviado muchísimo soltarlo. Por ejemplo, voy a ir compartiendo el macro-relato de el parto de mi hijo Aritz por partes, y veréis que es muy extenso y con muchos detalles. No sé si puede ser interesante, pesado de leer o sin sentido para los demás, pero yo quiero compartirlo. Ése día marcó un antes y un después en mi vida. Pasé los primeros meses reviviendo día y noche detalles dolorosos, todavía de vez en cuando tengo pesadillas y recuerdos que asaltan mi mente involuntariamente. Hasta que decidí empezar a escribir todo lo que recordaba. Tardé más de un mes en acabar de ponerle palabras a ésas horas, y fue un proceso doloroso pero sanador. A medida que fui expresándolo, dejé de revivirlo tan a menudo. Necesitaba inconscientemente recordarme ciertas cosas, para que no me olvidase que hacen daño y han marcado mi vida. Al haberle prestado la atención que merecían, la intensidad, y el tiempo de gestión, he conseguido poder recordar más a menudo y mejor los detalles bonitos como la cara de mi hijo.
  • Ayudar a quién esté pasando por lo mismo: No a todo el mundo le va bien sumergirse en ésto, pero hay muchas familias que sí lo necesitan. He encontrado muchos grupos y foros de ayuda dónde la gente acudía tanto para expresar cómo para leer y sentirse menos solos en éstas situaciones. A mi misma me ayudaron muchísimo los relatos de otr@s, porque te sientes identificada, y puedes encontrar en los demás puntos de vista y maneras distintas de gestionarlo que te pueden ayudar. Además, cuando te ves en éstas situaciones buscas muchas respuestas, información… Puedes necesitar saber exáctamente cosas como: que pasa durante y después de sufrir un aborto, a que te enfrentas cuando te diagnostican infertilidad, qué derechos tienes cuando tu hijo fallece… Si mis experiencias pueden servirle a alguien, aunque sea una sola persona, me doy por satisfecha.
  • Visibilizar e informar: Si cuento experiencias tan íntimas no es porque me guste airearlas, es porqué falta mucha información y quiero poner mi granito de arena. Éstos temas no son tratados abiertamente y por eso, tenemos pocos recursos para hablar de ellos. Siempre se repite el consejo que no es aplicable: pasa página, relájate, no te hundas, tienes que superarlo… No se aborda el tema en su profundidad, muchas veces porque no se sabe como manejarlo, y las demás porque no queremos que nuestros allegados sufran, y les queremos dar ánimos. Pero es que, los duelos se transitan, no se superan, se convive con ello. Y no son finitos, no llega el día en que dices: ¡ya está!. Y día a día no hay un espacio para el proceso, para recordar, poner sobre la mesa e ir dándole forma a todo lo que sentimos. No hay un intercambio natural de información como lo hay en otros procesos de la vida. Se tiende a evitar temas dolorosos por no remover al que los vive, por no saber que decir, o porque a uno mismo le incomodan. Pero estaría bien poder hablar con naturalidad, y preguntar al doliente si le apetece, si lo necesita o está cómodo hablando de ello en ese momento. Necesitamos visibilizarlo, dar información, que haya cierta “cultura” emocional para poder abordarlo. Cuando alguien está en un proceso de éste tipo, se reciben muchas opinones y consejos, pero poca información relevante, por éso quiero tratar éstos temas. Además, nunca se sabe que puedes encontrarte en el camino, y creo que está bien tener conocimientos y saber de antemano ciertas cosas que nunca te habías planteado.
Memorial del niño no nacido, de Martin Hudáček

Memorial del niño no nacido, de Martin Hudáček

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Abrazos mamíferos ❤